Fiesta de la Toma de Hábito de la Santa, el 3 de noviembre

J.M.M.
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La comunidad de carmelitas descalzas del monasterio de La Encarnación reproduce el acontecimiento con los mismos detalles y ceremonias que se hicieran el 2 de noviembre de 1536

Fiesta de la Toma de Hábito de la Santa, el 3 de noviembre - Foto: Lola Ortiz

El monasterio de la Encarnación acogerá el próximo domingo, 3 de noviembre, una misa para conmemorar la Toma de Hábito de Teresa de Jesús, que será presidida por el prior del convento de La Santa, David Jiménez Herrero, a partir de las 18,00 horas.
Según se recoge en la ‘Historia del Monasterio de La Encarnación, de Nicolás González y González, «el origen de la tradicional fiesta de la Toma de Hábito de Santa Teresa, que cada año viene celebrando el monasterio de La Encarnación se debe a la insigne cronista del monasterio María Pinel, que detalla cómo después de la canonización de Santa Teresa, el 12 de marzo de 1622, «introdujeron la fiesta de su santo hábito, que fue el día 2 de noviembre, y por la conmemoración de los difuntos se celebra el 3». Fue una manera de presencializar en la casa los momentos culminantes de la vida de la Madre Teresa. En el aniversario de la fecha de la toma de hábito de Santa Teresa, la comunidad reproduce el acontecimiento con los mismos detalles y ceremonias con que se hicieran el 2 de noviembre de 1536. La misma procesión, las mismas rúbricas;misa;sermón;los mismos padrinos, todo exactamente igual, menos la novicia que es solo una imagen de madera. «Como si acabara de venir a casa se la recibe» escribía María Pinel a finales del siglo XVII».
Continúa explicando Nicolás González y González en su ‘Historia del Monasterio de La Encarnación’ que «esta fiesta del hábito debió comenzar entre 1622 y 1630. Gracias a una relación fidedigna de la época se puede reconstruir esta ceremonia. «La noche de las Ánimas, con cruz y ciriales, todas las religiosas con capas blancas y velas encendidas llevan una imagen la Santa entre las dos preladas, cantando lo mismo que cuando se recibe a una religiosa;y se lleva en procesión hasta ponerla en el altar entre sus dos patrinos, mi Señora de la Clemencia y mi Padre San José. Luengo entona la prelada el Te Deum laudamus en hacimiento de gracias, y, acabado, se canta la antífona de Veni Sponsa Christi con oración de la Santa. ANtes de empezar, propone la prelada la propina que se ha de pedir conforme ocurren las necesidades de la Iglesia y del Reino, y las que han encomendado los bienechores. Y cada religiosa guarda sus peticiones para aquel día. Y, en tanto se canta el Te Deum Laudamus, sube cada uno por su antigüedad a abrazarla y pedirla su propina, y despés de acabado el canto, se están tocando los instrumentos hasta que acaba la última de llegar. La ternura, el consuelo, las lágrimas de aquel acto no es fácil referirlo, porque llueve Dios consuelos en aquella hora y el corazón más frío se abrasa;los parabienes, los abrazos que las religiosas unas a otras se dan, celebrando su dicha, son innumerables. Hánse visto prodigios de la petición de aquel día, que, habiendo experimentado algunos el reverendísimo padre Fray Esteban de San José general dos veces, solía decir:Esta es la fe que muda los monte».


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