El pulso de la ciudad, 'al ralentí'

I.Camarero Jiménez
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Salvo las multitudinarias compras en las grandes superficies, la capital abulense bajó ayer el ritmo y eso se notó especialmente en el centro de la ciudad, en parques y jardines o en comercios y establecimientos hosteleros, muchos cerrados

El pulso de la ciudad, 'al ralentí' - Foto: Isabel García

El ritmo de la ciudad se ralentiza (casi al mismo paso que se acelera el de los corazones por el virus y la avalancha de noticias y datos al respecto). Se nota la preocupación en el ambiente y aún debe notarse más, por decreto y por el estado de alarma que ya sí se ha declarado. 
Sin ir más lejos, uno de los termómetros de la ciudad, la estación de trenes ayer iba más que al ralentí, sin apenas viajeros: ni que salieran ni que llegaran. 
Nos lo confirmaba el amable propietario del kiosco, Manolo: «Lo llevamos notando sobre todo desde el martes. Yo creo que se habrá reducido a la décima parte, poco más». Lo dice él, pero no sólo puesto que a la puerta de esa estación los aparcamientos de la parada de taxis estaban llenos, señal clara de que no hay apenas servicios. En este caso quien nos lo confirma es el presidente de los taxistas, Raúl Escorial. Efectivamente «nuestros servicios se han reducido en un 70%». 
Este fin de semana trabajan en torno a la veintena de taxis cada día y en principio van a ser más que suficientes «además nos ha pedido el alcalde que estemos al completo». 
Algo normal teniendo en cuenta que ayer a las 16 horas el servicio de transporte de autobús interurbano quedó clausurado también.
De momento no parecen necesarios, pero ahí estarán por lo que pueda venir (además de por la incertidumbre del coronavirus porque se prevén nevadas para el lunes). 
Relata Escorial que en un día normal, en un sábado como lo era ayer  «a la hora rondamos los 30 servicios y este sábado de media no estamos llegando ni a los seis», hay coches en diferentes paradas de taxis «que llevan parados en algunos casos dos horas; otros, una hora; y en cualquier caso, muchos minutos». El presidente está más que concienciado y sus compañeros, también y estarán para lo que se les necesite.
Esto en la estación de trenes, pero la situación no difería mucho en la  de autobuses. Dos lugares de actividad, este sábado muy parados.
Todo lo contrario que lo que ocurría en las grandes superficies comerciales -algunas de ellas muy cerca de esos centros de transporte de viajeros -en los supermercados de la ciudad (ya saben, Mercadona, Lidl, Carrefour...) Allí la situación era bien distinta pues la tónica es la de estos días de atrás, enormes colas y acopios para muchos, muchos días ante lo que pueda venir y desde primera hora de la mañana. 
aglomeraciones. Mal hecho en cualquier caso porque el abastecimiento está garantizado y  no se cansan de repetirlo las autoridades y sobre todo mal hecho porque hay que Evitar aglomeraciones. Es importante, nos jugamos la salud y en algunos casos, la vida.
El pequeño comercio es totalmente distinto, tanteamos opiniones y vemos que como las grandes superficies su trabajo ha aumentado en muchos casos de manera muy significativa. «De hecho estamos viendo y atendiendo a gente que no había estado aquí en la vida», nos lo cuenta Teresa, una de las dependientas de un supermercado ubicado en la zona norte. 
Uno de los carniceros de la ciudad, de esa misma zona también nos informa de su situación: «El martes y el miércoles han sido especialmente concurridos, probablemente el triple de un día normal». Quien lo cuenta es José San Segundo. Ha tenido que pedir a sus proveedores con mayor asiduidad porque mucha gente ha acudido a su establecimiento ha hacer acopio para varios días. «Son mis clientes de siempre, y alguno más, pero sí es verdad que algunos que suelen hacer compras grandes, se llevan más». Los proveedores le sirven constantemente, no hay problema y si por lo que sea no pueden completarle el pedido -porque como él hay más carniceros en su situación- vuelven más tarde. Lo dicho, el suministro está garantizado y además continuarán abriendo. Son las excepciones, al igual que las farmacias, las gasolineras, los medios de comunicación que también estaremos aquí y por supuesto la sanidad y los Fuerzos y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Hablábamos de los comercios de barrio, que mantienen el pulso quizá con más carga de lo habitual. En esos barrios llevan instalados hace tiempo comercios chinos, algunos han cerrado haciéndose eco de las peticiones sanitarias, otros, de ‘motu propio’, no en vano saben por desgracia antes que nosotros de qué va la enfermedad y toda vez que lo están superando en su país es lógico que quieran protegerse. También hay comercios orientales abiertos y muchos atienden al público con mascarilla o protegidos por barreras de plástico y con mascarillas a mayores, es lo lógico y así lo anuncian a sus clientes. 
Para tantear el ambiente antes de que entre en vigor el estado de alarma, visitábamos el centro de la ciudad y comprobamos que dar un paseo por el casco histórico este sábado 14 de marzo resultó distinto. La temperatura aún es agradable y no sopla el viento pero se nota el ambiente enrarecido, como es lógico. Sin apenas turistas es notorio que los escasos vecinos del centro no van a llenar esas preciosas calles que tenemos. Algunos hay, muchos son mayores y salen a por el pan, el periódico o alguna compra de última hora. 
Nada es lo mismo. En una de las panaderías un cartel luce en la puerta en el que se informa que a los clientes se les atenderá de uno en uno (y con mascarilla). Así que hay cola en la calle pero no muy extensa. El Mercado de Abastos mantiene abierto y público, tiene, aunque no en exceso. 
Lugares tan míticos como La Blanquita también han decidido aplicar sus propias medidas para evitar el contagio: no más de tres personas y la mayor parte de los trabajadores usan mascarilla y guantes para despachar a la clientela. Así que allí el público espera en la calle y guardando distancias. 
No lejos de allí el vendedor de cupones de la ONCE también trabaja con mascarilla, es el que trabaja junto a la plaza de la Catedral, pero de la misma guisa ejerce su trabajo el vendedor de El Grande. 
Sabemos que hay que protegernos del virus, pero todavía hacen falta más medidas para confinarnos. Cierto es que muchos comercios lucen el cartel de cerrado, la gran mayoría, pero otros aún no habían dado el paso en los primeros compases del día. Ahora bien por la tarde y como fichas de dominó fueron cayendo muchos más (y eso que todavía no era oficial el estado de alerta). 
Para anunciar ese cierre, un poco de todo, desde el cerrado por vacaciones, hasta el cerrado hasta que pase el temporal o el que anima a quedarse en casa y ser feliz. También los que brindarán a la vuelta o los que transmiten el mensaje de «juntos lo superaremos». Aglomeraciones claramente no hubo, basta un paseo por el Mercado Grande, por el Mercado Chico o por el paseo del Rastro para comprobar que las pulsaciones se han ralentizado. El ritmo baja y mucho porque esto es sólo el inicio.
Esa disminución del pulso se notó también en los parques y jardines, en los espacios verdes en general. 
Las zonas infantiles se han cerrado y claramente se respeta, ni zona de juegos, ni espacios destinados a calva o a petanca o el parque infantil de tráfico. Sin clientes. Ahora bien la presencia de perros y sus dueños... Estaba clara. Es una necesidad. Aunque también es verdad que la afluencia se notaba menor que cualquier día normal y los corrillos, si los había, marcando distancias. Y es que lógicamente el de ayer no era un día normal y los que vengan, lo serán menos. Es así, tiene que ser así.