Viñas de raíz

Ical
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Variedades y sinonimias con nombres tan sonoros como Bruñal, Estaladiña, Mandón, Negro Saurí o Tinto Jeromo renacen de sus cenizas en zonas vinícolas de Castilla y León, tierra a la que siempre estuvieron enlazadas

Racimo de la variedad Bruñal. - Foto: Ical

“En viticultura hay muchos dogmas populares que no siempre son exactos. Tratando siempre de favorecer a nuestra región, Castilla y León, he visto que en la Historia los productores fueron eligiendo las variedades que les interesaba por cantidad de kilos, por calidad o por otros detalles, como por ejemplo que no se helasen en primavera o que acabaran bien la maduración. En algunos casos se trataba de las variedades que allí se habían plantado siempre, pero ahora se han introducido otras más comerciales, sobre todo francesas”. José Antonio Rubio, jefe de la Unidad de Cultivos Leñosos e investigador del Itacyl, trabaja desde hace años en la recuperación de variedades minoritarias y la adaptación a la Comunidad de otras de territorios vecinos que podrían aclimatarse, como las procedentes de Portugal o Galicia.

Sinonimias con nombres tan bonitos como Bruñal, Estaladiña, Mandón, Negro Saurí o Tinto Jeromo renacen de sus cenizas en zonas vinícolas de Castilla y León, tierra a la que siempre estuvieron enlazadas de una manera u otra. Algunas blancas, otras tintas. Otras con denominaciones tan clarificadoras como Gajo Arroba.

La mayor parte de ellas ya se replantan, o podría hacerse, en el oeste de la Comunidad, principalmente en Arribes del Duero, en Bierzo e incluso en Toro, donde existe interés en la Touriga Nacional, con un peso muy importante en el centro de Portugal, “donde se hacen muy buenos vinos con ella”. “Tienen bastante color y estructura. Entre comillas, es algo similar a lo que ocurre con la Tempranillo aquí”, relata Rubio, quien matiza que al ser originaria de una zona limítrofe se ha incorporado a la lista de Variedades Autorizadas de Vid, cuya modificación se publicó recientemente en el BOE. “Pero no es autóctona, aunque creemos que se podría aclimatar muy bien en algunas zonas de nuestra región”, resume.

También han entrado Alarije y Rabigato, que son blancas. La segunda es ciertamente minoritaria en Castilla y León, pero Alarije, explica Rubio, “lleva bastante tiempo en la lista, aunque con otras sinonimias”, pues una de ellas es Malvasía Riojana, aunque la sinonimia oficial más utilizada es Rojal, que es como se llama en la Comunidad, nomenclatura bajo la que se cultiva desde hace tiempo en esta tierra, sin ser minoritaria.

El mundo de la viticultura siempre ha estado muy enraizado al vocabulario del medio rural de Castilla y León. De hecho, se trata de una de las razones que ha llevado a Rubio y su equipo del Itacyl a desarrollar este proyecto desde 2002, con variedades minoritarias, “que estaban a punto de perderse y ahora se han caracterizado para enviarlas a la Oficina Española de Variedades Vegetales (OEVV), para que sean evaluadas, y si es posible, reconocidas oficialmente”. “Nuestra idea es que los viticultores tengan posibilidades y puedan utilizar nombres singulares y recuperar nombres. Lo hacemos porque hay bodegueros en cada zona que muestran interés por ellas”, sostiene.

Siempre estuvieron aquí

De entre todas las estudiadas, Rubio destaca la variedad Bruñal, tinta, con baya pequeña, hollejo fuerte y mucho color, de la que se envió la información en 2006 pero no se reconoció oficialmente como variedad hasta 2011. Se localiza en Arribes, que la ha incorporado ya a su DO. “Históricamente siempre se ha utilizado, pero hasta ese año no la tenían reconocida, que es algo que ha pasado con muchas variedades en los últimos 40 años en la Comunidad”, subraya.

Como Bruñal, existen unas cuantas que se encontraban en el campo, “pero en teoría no se podía hacer vino con ellas”. Estaban mezcladas con cepas dispersas en viñas con otras variedades, y en la vendimia se mezclaban con lo que allí había y se metían juntas. Ahora se ha observado, en los diferentes análisis, que “tienen bastante interés como variedad”.

En 2015 la OEVV dio luz verde a Estalariña, autóctona del Bierzo. “No está en ningún otro sitio”, asevera Rubio, quien remarca que el Consejo Regulador está muy interesado en esta variedad tinta, a la que vaticinó un gran futuro. También Mandón, aceptado como sinonimia oficial, que se cultiva con ese nombre principalmente en Arribes, donde ya tiene presencia, y en otros lugares como Garro.

Ha ocurrido lo mismo con Tinto Jeromo y Gajo Arroba, que junto a Mandón tienen la peculiaridad de ser “bastante productivas”. “Aguantan mucho la acidez, brotan y maduran tarde. Ahora que vamos hacia campañas más cálidas, esto puede ser un beneficio para hacer vinos con ellas mismas o mezclar con otras, como Juan García o Tempranillo, para que mantengan la acidez”, recomienda el investigador. Por el momento, se han realizado catas con ellas solas y a la gente “le ha sorprendido porque son más rústicas y aportan aromas más agrestes que la propia Tempranillo o las francesas”. “Ahí están para que puedan ser utilizadas”, invita.

El año pasado se admitió Puesta en Cruz, precisamente una sinonimia en Arribes de Rabigato, variedad incluida ahora en la lista. Es una uva blanca que se introducirá próximamente en el reglamento de la Denominación de Origen, dado el interés del Consejo. “Tiene bastante personalidad, características de aromas y sabor muy interesante. En Arribes hay varias bodegas que han preguntado”, comenta Rubio, que explica que el Ministerio de Agricultura permite utilizar cualquiera de los dos nombres en las etiquetas d ellos vinos, “porque ambas son sinonimias oficiales”.

Aclimatadas

Hay algunos casos que el Itacyl reconoce tenerlas cierto cariño. Así, en abril de 2019 se aprobaron como sinonimias dos poblaciones en Arribes y la DO Tierra de León de una variedad llamada Merenzao, autorizada hasta ese momento en algunas DO de Galicia, como Ribeira Sacra. “Pero con nombres muy bonitos”, defiende. En León se llama Negro Saurí, que es una sinonimia, pero “aclimatada a este terreno por llevar plantadas aquí mucho tiempo”. En los Arribes la llaman Bastardillo Chico. “Son matices que se notan en el vino. No se engaña a nadie, porque en la etiqueta se puede explicar todo. Aunque son la misma variedad, pero con tonalidades, aromas y sabores diferente”, especifica.

Se trata de una variedad “a la que cuesta cogerle el punto, pero cuando lo logras pasa como con Pinot Noir, que es muy fina, con aromas muy especiales, pero es complicada”. “Nuestra idea es que los viticultores tengan muchas posibilidades y los que se decidan a plantarla puedan utilizar nombres más singulares”. En las DO León y Arribes a estas variedades ya las llamaban así de tiempos pretéritos, pero no podían comercializarlo. “Ahora podrían ponerlo en la etiqueta, cuando sean incluidas, aunque también añadan que es una sinonimia de Merenzao”, ensalza.

Importante trasiego

Rubio rememora que la historia de la viticultura está muy vinculada al importante trasiego de las variedades, porque aquellas que “no funcionaban bien en un sitio o no se adaptaban se quitaban y se ponían otras y viceversa”. Así sucedió hasta hace 40 años, cuando no existía regulación y nacieron la mayoría de las denominaciones de origen. “Ello provocaba gran mezcla de variedades, en vinos a granel, pero con las DO se empezaron a valorar las variedades de cada zona, que habían estado ahí muchos años por algo, porque era las que mejor adaptadas estaban a ese lugar. Estaban por algo”, desliza, y pone como ejemplo la Verdejo en Rueda.

En relación a las zonas que han apostado por importar variedades francesas con “muy buena fama”, Rubio apela a la “distinción de territorios con las suyas autóctonas”, como puede ser Bruñal. “Yo me plantearía utilizar las variedades más propias de Castilla y León, más rústicas, antes que Sirah o Petit Verdot, que se han ido acogiendo en varias DO, donde lo han hecho seguramente por tratar de ampliar mercado”. “Aportarían más a mi parecer, pero el tiempo irá ajustando o aclarando, porque la gente es libre de elegir”, opina.

Dentro de las inquietudes o las necesidades del sector que se tratan de solventar con datos y con investigaciones en el Itacyl, existía en la viticultura de la Comunidad un interés sobre la naturaleza de la variedad Tinta de Toro, “que es una población de Tempranillo que lleva varios siglos en Toro, donde madura un poco antes que en otras zonas, alcanzan más grado y es más cálida”. A lo largo del tiempo, incluso de siglos, los productores eligieron “lo que les interesaba para poder seguir con un cultivo rentable”. “Realmente es una población de Tempranillo que ha evolucionado en ese zona, y se ha reconocido como una de las sinonimias oficiales, por lo tanto se puede llamar Tinta de Toro, pero no se puede decir que es una variedad distinta a Tempranillo, y vegeta y produce en un lugar con climas y suelos diferentes. “Tinta de Toro tiene potencial de sobra para diferenciar sus vinos”, exclama.

En todo caso, “si bien es cierto que cada uno hace bandera de lo suyo”, Rubio recuerda que las variedades de vid que están en la lista de variedades autorizadas en Castilla y León, “podrían plantarse en cualquier zona de calidad ó lugar de la región, no solo en la Denominación de Origen de donde proceden ”.