Arroyo Cabrera, punto para prevenir riadas

Beatriz Mas
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Imagen de la riada de Navaluenga del 17 de diciembre de 1997. - Foto: Andrés Díaz

Investigadores del Instituto Geológico y Minero de España participan en la creación de un nuevo sistema que permite prevenir inundaciones y avenidas a partir de datos obtenidos en Navaluenga

En la mente de todos quedan las aterradoras imágenes de la tragedia de Biescas, la riada que destruyó el camping de Las Nieves el 7 de agosto de 1996 y que tuvo como consecuencia la muerte de 87 personas. Fue un momento duro pero también sirvió como punto de inflexión para que la comunidad científica se lanzase a investigar cómo se podía ayudar a los planificadores para prevenir o evitar este tipo de desastres.
Aunque pueda parecer extraño un punto de partida para conseguir resultados en esta investigación llega desde una localidad de Ávila, Navaluenga, donde el 17 de diciembre de 1997 también hubo una inundación que estuvo a punto de afectar a la colonia infantil de Venero Claro. Precisamente un estudio de la situación de esta zona, en arroyo Cabrera, ha hecho posible que durante los últimos 15 años se realizaran investigaciones que han permitido elaborar un método con el que se pueden reconstruir las avenidas del pasado y también ayudar a prevenir inundaciones y riadas que pueda haber en el futuro.
Uno de los problemas principales en las investigaciones es que no suelen estar instalados los aparatos necesarios para hacer cálculos cuando sucede un evento tal como una riada. Precisamente por este motivo es tan importante conocer esos otros eventos que han sucedido con anterioridad.
A esto hay que unir que la reconstrucción de las riadas y avenidas se solía hacer con documentación histórica que no era tan exacta como debería o con criterios morfológicos de las formas del relieve y depósitos que provocaron estas avenidas. Sin embargo este modelo no era lo suficientemente preciso.
No obstante, la situación de falta de aparatos de medida cambia en Navaluenga, ya que desde el Instituto Geológico y Minero de España, Andrés Díez, director del proyecto para el estudio de avenidas, explica que la cuenca de Arroyo Cabrera es una de las mejor estudiadas de España, a través de unos equipos instalados que han permitido, por ejemplo, averiguar cuál fue el caudal del río en el momento de la inundación de 1997.
En realidad lo que se ha hecho es una formulación a través de las marcas que dejó el agua en las orillas donde hubo cascadas, dibujos en las márgenes por el paso del agua a los que aplicando una serie de fórmulas ha permitido extraer el método para calcular el caudal.
Conocer esta formulación puede parecer que en realidad no tiene un componente práctico, pero esto no es así. Como bien explica Andrés Díez «calcular el caudal del pasado puede influir en lo que sucede en el futuro, puesto que se pueden hacer predicciones de que va a haber una inundación y, por tanto, mejorar los mapas de riesgo», como de hecho ya se ha realizado en la zona montañosa del sur de la provincia de Ávila.
Los estudios realizados en Navaluenga han servido para presentar una mejora en el modelo que aunque parte de uno clásico (’calado crítico’) para hacer cálculos donde se produjeron cascadas en el torrente debido a saltos del lecho o bien a estrechamientos bruscos, ahora se innova perfeccionando la estimación de los caudales gracias a cálculos matemáticos repetitivos hasta que se localiza el punto exacto donde se produjo el calado crítico, lo que permite tener resultados exactos del caudal de esa avenida, así como su profundidad o velocidad. Además permite considerar en el cálculo la presencia de bloques, cantos y arenas que el agua suele arrastrar en este tipo de eventos torrenciales, y que son muchas veces los que producen los daños materiales y las pérdidas de vidas humanas.
Sin duda un gran avance en la prevención ha sido posible gracias al trabajo realizado en los últimos años en Navaluenga, que se estableció como zona piloto. Allí se han hecho varios estudios desde el 2002 como por ejemplo de incorporación de métodos geológicos de análisis de la peligrosidad por avenidas catastróficas, aunque el que se ejecuta actualmente es el de ‘Métodos avanzados para el estudio dendrogeomorfológico de avenidas torrenciales y sus riesgos asociados’. Es el proyecto donde Andrés Díez es el investigador principal, aunque cuenta con un equipo de 12 investigadores, además del IGME y el CEDEX, de diversas universidades nacionales (UCLM, UPV, UPM) y extranjeras (Texas A&M, Universidad de Berna) y una dotación económica de 169.000 euros para tres años de ejecución.
Es este estudio el que está permitiendo que actualmente allí también se ensaye de forma novedosa en España las marcas que dejan las riadas en los árboles de las orillas de los ríos así como las piedras arrastradas por la riada. y, por tanto, la velocidad a la que se llega en un evento de ese tipo. Un elemento también importante en el comportamiento futuro de una riada.
Para conseguir estos resultados se cuenta con una amplia red instrumental que se comenzó a instalar en la cuenca de Venero Claro para estudiar los puntos de vista geomorfológico, hidrológico, hidráulico o sedimentológico, como una forma de comprobar la singularidad de esta cuenca y a la vez su representatividad de muchas otras cuencas similares de la Sierra del Valle y de la Sierra de Gredos y el Sistema Central.
Fue en 2003 cuando se comenzó a diseñar una instrumentación para implantar en esta cuenca, comenzando con tres pluviómetros y un limnímetro, que entraron en funcionamiento desde mediados del 2004. Posteriormente se fue completando la red instrumental, incluyendo la incorporación de un dispositivo TDR para la medida de la humedad del suelo, con tres sensores a diferentes profundidades. Además se han realizado diversas topografías y estudios geofísicos, todo para conocer la zona en profundidad y conseguir los parámetros que ahora utilizan científicos de todo el mundo para hacer sus predicciones.
Sólo queda una pregunta por responder: ¿por qué se ha elegido Ávila? La respuesta es sencilla. Fue aquí donde Andrés Díaz realizó su tesis doctoral, siendo la cuenca del río Alberche una zona de frecuentes avenidas, como ocurre en el caso de Navaluenga. Es decir una buena zona para establecer unos parámetros básicos con los que otros científicos puedan trabajar.

Imagen de la riada de Navaluenga del 17 de diciembre de 1997. Archivo
Imagen de la riada de Navaluenga del 17 de diciembre de 1997. - Foto: Archivo