Las farmacias rurales afirman que se sienten «desbordadas»

D.C
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La suspensión de consultas médicas en muchos pueblos multiplica el trabajo de unos profesionales que afirman no sentirse suficientemente valorados por las administraciones

Las farmacias rurales afirman que se sienten «desbordadas»

En el casi siempre olvidado mundo rural, más ignorado cuanto más pequeños son los pueblos, la crisis sanitaria y social que está provocando la declaración de alarma por el coronavirus alcanza unas dimensiones paralelas a las que conoce en las ciudades pero con unas peculiaridades, nacidas sobre todo del aislamiento ahora sobredimensionado, que hacen que quienes siguen trabajando allí para dar cualquier servicio público tengan un plus de mérito.
Uno de los colectivos que está sufriendo de manera especial estos largos momentos, por lo que supone de riesgo de contagio y exceso de trabajo, es el de las farmacias rurales, que desde hace más de una semana se han convertido en lugares de referencia para una población bastante envejecida, y por eso con unas necesidades de atención sanitaria mayores y especiales, que se ha visto sensiblemente aumentada por la llegada de residentes de la comunidad de Madrid que han ‘huido’ de allí.
Inmaculada del Pozo, responsable de la farmacia de Muñogalindo (que atiende además a otros tres pueblos cercanos), reconocía ayer que desde que se declaró el estado de alerta «estamos desbordados, trabajando el triple que antes, debido en parte a que como se han suspendido consultas médicas la gente viene mucho a nosotros a preguntarnos las dudas que tiene y a contarnos sus preocupaciones».
Esa situación, añade Inmaculada del Pozo, hace necesario «un contacto mayor entre nosotros y el médico para hacer posible que la gente pueda seguir tomándose su medicación», tarea de ‘intendencia’ que no acaba ahí sino que continúa en algunos casos con «el reparto casa por casa de esos medicamentos, porque no olvidemos que hablamos de una población con mucha gente mayor».
En parecidos términos se manifestaba Encarna Pérez, responsable de la farmacia de Navalacruz, que comentaba que «estamos desbordados de trabajo porque ahora, al no haber consulta médica, tenemos que hacer un poco de todo en ese sentido».
Además, añadió, existe el problema de que ante la receta para medicamentos o productos que requieren un especial control para evitar riesgos o abusos (plavix, pañales, medicina para tratar desequilibrios emocionales…) la administración aún no ha solucionado el tema de los visados de control médico, un paso que sí se ha dado en otras comunidades autónomas y que en muchas ocasiones, ante la necesidad de receta en papel y la falta de un médico para hacerla, no deja más recurso al paciente que «la actuación de buena fe por parte del profesional farmacéutico».
Así las cosas, con mucha población mayor en los pueblos, falta de información para luchar eficazmente contra el miedo y un censo crecido por la llegada de bastante gente de Madrid y los servicios que eso requeriría, los farmacéuticos del mundo rural advierten «que nuestra situación está un poco en el aire, y hay que tener en cuenta que ahora mismo somos en parte el último recurso para mucha gente».
De cara al futuro inmediato, añadió, «no sabemos si vamos a poder salir de este atolladero, porque atravesamos una situación incierta que se va a prolongar en una primavera en la que los pueblos no van a revivir como en años anteriores, y eso va a reducir mucho nuestra actividad».