Hechas de tela y corazón

Mayte Rodríguez
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La abulense Eva Martín ha confeccionado ya 750 mascarillas, repartidas sobre todo entre personas que trabajan en residencias, en el servicio de ayuda a domicilio o en establecimientos cara al público

Hechas de tela y corazón


Dicen que la escasez agudiza el ingenio. Así que en estos tiempos en los que el miedo a contagiarse convive con la enorme velocidad de propagación del coronavirus y, a su vez, con una dramática falta de mascarillas, hay quien ha decidido poner su habilidad con la aguja y el hilo al servicio de una buena causa: taparnos la boca con mascarillas de tela hechas por ella misma. Hablamos de Eva Martín Vega, que este martes llevaba ya 750 mascarillas. «Las he repartido casi todas, me quedan unas treinta, pero esta tarde voy a hacer más», nos cuenta desde su tienda en la zona sur de Ávila, Frutos Secos El Recreo, donde vende «pan y un poco de todo». 
A raíz del estado del alarma, cierra la tienda a las cuatro de la tarde, así que tiene «muchas horas para hacer mascarillas», aunque desde que la demanda aumentó cuenta con la ayuda de otra persona. Todo empezó hace algo más de una semana, cuando una amiga que trabaja en una residencia de la tercera edad le preguntó si se «atrevería» a hacerle una mascarilla de tela porque «en su trabajo no había» y ella prefería llevar algo de protección. «Ella sabe que a mí me gustan las manualidades, así que me puse manos a la obra y me salieron 60 mascarillas, pero enseguida me quedé sin ellas porque la gente no tenía en casa», apunta.
Hechas de tela y corazónHechas de tela y corazónPoco a poco empezó a correrse la voz, también a través de las redes sociales, y la demanda de mascarillas se disparó hasta el punto de que Eva empezó a ver cómo escaseaban los materiales. «Yo las había estado haciendo con telas y gomas que tenía en casa, pero llegó un punto en que me quedé sin goma elástica, así que hice un llamamiento para ver si alguien podía facilitarme goma y la respuesta que he recibido ha sido increíble, la gente se ha volcado, me han traído goma que tenían en casa hasta en trozos por si me podía apañar», confiesa, agradecida. 
Sus mascarillas artesanas han ido a parar principalmente a manos de personas que «trabajan en residencias, pero también en el servicio de ayuda a domicilio o gente que tiene tiendas y trabaja de cara al público», explica. Desde que escasea la goma elástica que sujeta las mascarillas a las orejas, quienes se acercan a su tienda a buscar las mascarillas le dan la voluntad. «Mientras tuve material suficiente las regalé porque me parecía que era lo mínimo que podía hacer, pero ahora mismo tengo dificultad para abastecerme de goma y donde puedo comprarla me piden precios bastante más elevados de los que pagaríamos en una mercería si pudieran estar abiertas, así que quien viene a buscar mis mascarillas me paga lo que quiere, ese dinero lo invierto en comprar material y si cuando acabe todo ésto sobra algo, lo donaré al Chaparrín Andarín de Padiernos», nos adelanta Eva Martín.