Una mujer de altos vuelos

M.M.G.
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Una mujer de altos vuelos

La abulense Beatriz González trabaja como controladora aérea en el aeropuerto de Ibiza.Desde allí se encarga de que cada día tomen tierra sin problema decenas de aviones

CUANDO hablas con ella por teléfono su voz te puede llevar a engaño. Suena casi como la de una niña pequeña, sin cargas ni preocupaciones. Pero detrás de ese tono tan dulce se esconde una mujer que (eso sí, con sólo 25 años) se enfrenta cada día a una profesión de máxima responsabilidad.
Beatriz González, natural de Navaluenga, es controladora aérea en el aeropuerto de Sant Antoni, en Ibiza. Ella se encarga a diario junto con sus compañeros (ninguna mujer más en la actualidad, por cierto) de que cada día tomen tierra sanos y salvos cientos de aviones en un aeropuerto con muchísimo movimiento, sobre todo en temporada estival. «Es una torre muy estacional», comienza a descubrirnos cómo es su particular día a día. «En verano llegamos a tener 500 vuelos diarios y un controlador puede llevar hasta 14 vuelos instrumentales a la vez, además de algún vuelo visual», prosigue hablando con naturalidad, como si no tuviera importancia.
Pero para el resto de mortales asombra (y mucho) la capacidad de concentración, de temple y de capacidad de reacción que manejan estos profesionales. Incluso los más jóvenes, como Beatriz. «Es verdad que es muchísima responsabilidad y que hay picos de tráfico en los que el nivel de estrés y de carga de trabajo son muy altos», reconoce Beatriz, «pero siempre tenemos conciencia de todo lo que está pasando y si te ves superado siempre puedes pedir ayuda». Y es que, como ella misma explica, «cada día se dan situaciones complicadas que hay que intentar resolver y lo primordial es la seguridad».
Afortunadamente, Beatriz aún no ha vivido una situación de alto riesgo. Aunque está perfectamente preparada para solventarla.
Le preguntamos por la parte más práctica de su trabajo: sobre cómo se organizan los turnos y descansos de una profesión que conlleva una carga mental tan importante. «En verano, que es cuando más carga de tráfico hay hacemos un máximo de dos horas y descansamos un mínimo de media hora y un máximo de una hora».
Sus turnos, nos explica, son de ocho o diez horas. Y suelen trabajar seis días seguidos y descansar tres. «O cinco días de trabajo y tres de descanso», apunta.
Porque «es muy importante ir descansando», nos dice. Y nosotros lo entendemos, sobre todo cuando se es consciente de que en sus manos está la seguridad de miles de personas que vuelan despreocupados porque se saben en buenas manos.
¿Y cómo llegó a ser controladora aérea una chica de Navaluenga?, le preguntamos. «Pues la verdad es que desde pequeña me llamó mucho la atención el tema de la aviación y el espacio. De hecho quería ser astronauta», se ríe al recordar aquel deseo infantil que cambió de camino cuando le explicaron lo que se hacía en una torre de control.
«Al acabar el Bachillerato en el Valle del Alberche», se refiere al instituto navalongueño, «tenía la idea de estudiar Ingeniería Aeroespacial, para después opositar. Pero vi que había una carrera llamada Gestión y Operaciones del Transporte Aéreo en la Politécnica de Madrid».
La suya iba a ser la primera promoción «y era arriesgado», reconoce. Pero Beatriz no se caracteriza precisamente por ser miedosa y se lanzó a esa primera aventura. «Daba la opción de hacer la carrera universitaria y en tercero y cuarto optar por ser piloto o controlador». La opción de Beatriz ya la sabemos todos. «Es que además podías obtener la licencia de controlador de torre, de ruta y de aproximación», cuenta Beatriz que se especializó en torre y en torre de control y que después de un periodo de prácticas en una empresa de simulación de vuelo en Madrid encontró su primer destino en Ibiza.
«Llevo dos años y es un muy buen destino para empezar, porque es una torre estacional», abunda en la idea. «Además empecé en febrero y fui a más, se aprende mucho»,  cuenta Beatriz, que si tuviera que elegir un aeropuerto para trabajar se decantaría por el de Madrid. Sobre todo por su cercanía con Navaluenga, adonde vuelve siempre que tiene ocasión. «La verdad es que todos los aeropuertos tienen su encanto, por su configuración, por el tipo de tráfico...», considera Beatriz, a la que tampoco le importaría trabajar en el aeropuerto de Barcelona o en el de Palma de Mallorca. Si no nos equivocamos, le decimos, son los que más movimiento tienen en España. ¿Le va la marcha?, le preguntamos.«Sí, sí», se despide de nosotros con una carcajada.