De ricos, países y equipos

Diego Izco
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«Nuestro dueño no es ni un país ni un oligarca», dijo Klopp. ¿En qué se ha convertido el fútbol?

El Chelsea cerró el fichaje de Kai Havertz, procedente del Bayer Leverkusen, por 80 millones - Foto: Reuters

A comienzos de semana, en ese paraíso futbolístico-empresarial llamado Premier League, el hacedor del mejor Liverpool en años, Jurgen Klopp, dejó caer que las reglas del juego estaban adulteradas en este mercado de fichajes. Mientras reina la austeridad, lógica a tenor de la pandemia,  el Chelsea tira la casa por la ventana con una inversión de 230 millones de euros: 80 en Havertz, 56 en Childwell, 55 en Werner, 40 en Ziyech… «No podemos fichar como el Chelsea -dijo Klopp- porque nuestro dueño no es un país o un oligarca». 
Lampard, técnico del Chelsea, se revolvió y le contestó enseguida («La historia del Liverpool es una gran historia… con mucho dinero gastado»), pero más allá de la discusión dialéctica subyace un gran tema: la brutal mutación del fútbol y sus nuevos dueños.  


Producto universal

La Premier League: un paraíso para las grandes fortunas. Un mercado muy apetecible con los mayores ingresos por televisión del planeta, las mayores inversiones en marketing, inmensas operaciones inmobiliarias en lujosos estadios, repercusión y notoriedad casi inmediatas. Con esta receta, la competición inglesa lleva lustros de ventaja a sus inmediatas perseguidoras. 
Organizadores y promotores de la Premier (una asociación de clubes al estilo LFP) no han perdido en tiempo en el debate sobre lo local y lo internacional: el producto debe ser universal. De hecho, solo cinco de los 20 clubes que disputan la 2020-21 están en manos inglesas y no, el Liverpool no es uno de ellos. Figuran el Brighton, el Burnley, el Newcastle, el Crystal Palace y el Tottenham, el único club de alta alcurnia con capital mayoritariamente británico a sus espaldas (el 85,5 por ciento pertenece al grupo de inversión ENIC). Nota: el dato tiene trampa, pues ENIC es una subsidiaria registrada en Bahamas, un denominado paraíso fiscal. 
A partir de este punto, otros cinco clubes salen de esa denominación de «países y oligarcas» que dio Jurgen Klopp… y su equipo sí está en este cajón: el club de Anfield está desde 2010 en manos del Fenway Sports Group estadounidense, que también controla los Boston Red Sox de la Liga de béisbol. Nota: el dato tiene trampa, pues Fenway tiene su sede en Delaware, paraíso fiscal. 
En este subgrupo también están el West Ham (capital estadounidense al 51 por ciento), el United (los hermanos Glazer, también nativos de los USA, poseen el 98 por ciento), el Leeds (en manos de dos grupos empresariales: uno italiano y el otro, sí, estadounidense) y el Arsenal, en manos del grupo (¡también estadounidense!) KSE. Nota: el dato tiene trampa, pues sí estaría en manos de un magnate (Stan Kroenke) y la influencia de Dubai (Emirates Stadium) es enorme. 


La mitad

De trampa en trampa, llegamos a los 10 equipos que sí entran en la denominación-denuncia de Jurgen Klopp. Alfabéticamente: el Aston Villa pertenece al egipcio Nassef Sawiris, la cuarta mayor fortuna africana; el Chelsea, al oligarca ruso Roman Abramovich (con una fortuna estimada de 12.000 millones de dólares); el Everton, al iraní Farhad Moshiri (2.000 millones con la siderurgia y las energéticas); el Fulham, al paquistaní Shahid Khan (su fortuna, según Forbes, están en el ‘top-150’ del planeta); el Leicester, al grupo tailandés King Power, empresa de duty-free que factura más de 2.000 millones anuales; el Manchester City es prácticamente una ‘sucursal’ de Abu Dabi en las islas británicas (controlan el 78 por ciento de las acciones); el Sheffield está en manos del hijo del príncipe de Arabia Saudí (Abdullah bin Musa’ed bin Abdulaziz Al Saud, por si se lo preguntaban); mientras que el Southampton, el West Bromwich Albion y los Wolves pertenecen a magnates o grupos chinos.