Dos ingenieros abulenses desarrollan un proyecto sobre energía eólica de menor coste

Eduardo Cantalapiedra
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Dos ingenieros abulenses desarrollan un proyecto sobre energía eólica de menor coste

Se trata de un aerogenerador sin aspas de forma cónica que oscila con el viento y coge la energía cinética del aire para convertirla en energía eléctrica

Dos ingenieros abulense, David Yáñez y Raúl Martín, están desarrollando junto al barcelonés David Suriol un proyecto que puede convertirse en una auténtica revolución en la tecnología empleada para la generación de energía eólica. Hablamos de una aerogenerador sin aspas que según explica Yáñez, «hace esencialmente lo mismo que uno convencional, coge la energía cinética del viento y la convierte en energía eléctrica». Eso sí, para realizar dicho proceso utiliza otra metodología, pues es «una estructura cónica que entra en resonancia con los remolinos que ella misma forma con el aire».
Pero quizás lo más importante son sus ventajas respecto a los aerogeneradores convencionales, pues aunque de momento se trata de prototipos en campo de seis metros, todo apunta a que el coste de fabricación del equipo sería menor porque «la cantidad de material que se necesita es también menor, aunque el tipo de material es el mismo, fibra de vidrio, fibra de carbono y piezas metálicas», señaló David Yáñez, que este jueves participó en las charlas organizadas dentro del programa ‘Iniciador Ávila’.
«Quizás lo más interesante de la idea es que no tiene engranajes que se puedan desgastar con el uso y eso hace que el mantenimiento del equipo sea mínimo y que su esperanza de vida sea bastante elevada, aunque todo eso hay que demostrarlo», afirmó el ingeniero abulense, quien también se refirió al rendimiento, para señalar que «en un principio creemos que en los primeros equipos vamos a poder convertir un 30 por ciento menos que un aerogenerador convencional, pero el coste del equipo y de explotación durante su vida operativa muy probablemente estará por debajo de la mitad y eso es muy importante, la relación entre los euros que cuesta su instalación y su mantenimiento y uso en relación a los vatios que genera».
Además, tal y como comenta Yáñez, tienen mucho margen de mejora y de hecho las modificaciones que han hecho respecto a los primeros equipos que probaron en su día en el túnel del viento están ofreciendo un mayor rendimiento. Pero para seguir progresando, como en casi todo, es necesario contar con presupuesto y ahí también han avanzado bastante, pues si bien en un primer momento se financió con recursos propios para «tratar de dar credibilidad al proyecto», afirma el ingeniero, en una segunda fase fue la Fundación Repsol la que les apoyó durante dos años e hizo posible que, gracias a la evolución experimentada en el proyecto, hoy hayan encontrado a doce inversores privados, dentro de una primera ronda de financiación, que «no será la última», asegura David Yáñez, porque «el camino que nos queda es muy largo».
De momento trabajan a caballo entre Ávila y Madrid. «En Ávila tenemos el túnel de viento y es donde construimos los prototipos, si bien también trabajamos en el Centro Tecnológico de Repsol en Móstoles y gracias al apoyo del alcalde de Gotarrendura, Fernando Martín, que es un entusiasta de las energías limpias, podemos realizar las pruebas de campo de los primeros equipos sobre una ladera de esta localidad», comenta Yáñez, quien recuerda que la idea de este proyecto surgió cuando estudiaba Ingeniería industrial en Valladolid.
Y aunque considera que el momento no es el mejor para las energías renovables en España, «no nos preocupa porque se ha demostrado la viabilidad del viento como fuente de energía. Ojalá nosotros podamos ayudar un poquito y conseguir que todavía se pueda hacer de una manera más económica», subraya.