Virtuosismo celta

M.L.
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El gaitero Carlos Núñez regresa, un año más, al Auditorio de San Francisco para ofrecer un concierto plagado de sorpresas y de canciones magníficamente interpretadas por la banda al completo

Virtuosismo celta - Foto: Isabel García

Un periodista a veces se ve en tesituras complicadas. ¿Qué decir de un músico con más de 25 años de carrera a sus espaldas, casi una treintena de discos entre propios y colaboraciones y que ha sido calificado como «el Jimi Hendrix de la gaita»? Ante una figura así, uno solo puede callarse y escuchar.

Sin embargo, los dos conciertos que el gaitero vigués Carlos Núñez dio en la jornada del sábado, uno a las 19,00 y otro a las 21,00 en el Auditorio de San Francisco, deben ser narrados, aunque solo sea para que aquellos que no pudieron escucharlo les llegue una nota mínima del espectáculo que el músico gallego y su banda ofrecieron a los abulenses.

Con lleno total en ambas actuaciones y gente esperando en la puerta a ver si había suerte y podían suplir alguna baja, Carlos Núñez regresó a Ávila para obsequiar a los abulenses con una pequeña muestra de lo que ha sido su carrera y de lo que va a ser en 2020.

Ya desde la entrada al auditorio se oía la gran ovación con que el público recibió a los músicos. Apoyado por una magnífica banda –compuesta por el guitarrista Pancho Álvarez, el percusionista Suso Núñez, la acordeonista Itsaso Elizagoien y el violinista componente de los Chieftains John Pilatzke–, Núñez tocó jotas, muñeiras y todo tipo de temas populares pasados por su erudito filtro de música celta. Era emocionante ver la agilidad con la que se movía a la vez que tocaba con maestría la gaita, la flauta o la ocarina.

Como siempre que se ofrecen conciertos en este Auditorio, la acústica era magnífica y permitía disfrutar de las virguerías de los músicos a la par que de sus animados bailes con los que exhortaban al público a dar palmas y seguir el ritmo de los temas.

Uno de los puntos álgidos de la actuación fue el homenaje a Beethoven. Como buen melómano que es, Núñez es consciente de que 2020 es el año de Beethoven, pues se cumplen 250 años del nacimiento del genio alemán. Por ello, dedicará buena parte de esta temporada a versionar las canciones en las que Beethoven se aproximó a la música celta –sí, este hombre hizo, hace dos siglos, todo lo que se podía hacer en música–. Fueron varias las melodías que tocaron en homenaje a Beethoven. Comenzaron con el Lamento para Ron O’ Neal, en la que Pancho Álvarez se lució tanto en su interpretación que hace pensar que aprendió a tocar en un cruce de caminos.

Y es que los músicos que acompañaban a Núñez eran todo un primor. Pilatzke puso la nota humorística con sus gestos y sus bailes, pero donde realmente destacó fue en su interpretación al violín y en sus partes vocales en alguna de las canciones. Elizagoien aportó un acordeón sólido y Suso Núñez los ritmos que toda canción necesita.

Además, hubo sorpresas. Los niños del coro local ‘Amicus Meus’ participaron en el concierto con la interpretación de dos canciones, el clásico de la música británica Amazing Grace y la emocionante cantiga recogida por Alfonso X Rosa das rosas.

Finalmente, por los laterales del auditorio entró la Banda de Dulzainas de Ávila, que interpretó tres canciones de cosecha propia: la Runa de Noah, la entradilla Celtíbera y una Filigrana Medieval.

Tras el concierto, Núñez firmó discos y se hizo fotos –ante la impaciencia de los asistentes al segundo pase– con el público. ¿Qué decir sobre Carlos Núñez? Fácil. Que es una suerte poder escuchar a un músico de tal calibre.