Sufrimiento en el tiempo de ajustes

Diego Izco
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Cómo el Madrid puede pasar de bordar el fútbol a verse dominado en casa, del 3-0 al 3-2 con Courtois salvando al equipo, o el Barça encajar goles con tanta facilidad habla de una segunda 'pretemporada'

Sufrimiento en el tiempo de ajustes - Foto: Rodrigo Jiménez

Si algo describe los inicios de los grandes es el desajuste como patrón de juego. Idas y venidas, como quien se ha dado un golpe en la cabeza y a veces está contigo y a veces se evade. No hay otra forma de explicar los vaivenes del Barça y el Madrid (por qué no, también los del Atlético) en lo que llevamos de campaña más allá de una enorme señal amarilla:«Equipo en construcción, disculpe las molestias». 
Cronológicamente, en jornada de sábado ante el regreso de la música de la Champions, primero fue el Real Madrid el que estuvo a punto de echar por tierra un partido que olía a magia a la hora del vermú y terminó oliendo a rancio. Un 3-0 cuajado en oleadas de buen juego, entre fogonazos del renacido James y acierto de Benzema, el que casi nunca falla;eso es lo que tenía el Real Madrid entre las manos cuando aparecieron todos los fantasmas del pasado:otra vez encajando goles sencillos, otra vez Ramos cuestionado, otra vez Courtois retratado (la cantinela de que no ha mejorado a Keylor está ya muy extendida en Concha Espina), otra vez un ex, Mayoral, goleando... Hasta un 3-2 y manopla salvadora del belga a última hora. ¿Cómo justificarlo? En tiempo de ajustes, si es que es eso, puede pasar cualquier cosa. 
Por ejemplo, el Barça lleva dos partidos en el Camp Nou finiquitados con idéntico resultado:5-2. Primero al Betis y después al Valencia. Y es probable que la capacidad realizadora del equipo y la irrupción arrolladora de Ansu Fati tape un dato atroz para un equipo que Valverde quiere construir desde la seguridad defensiva:solo el Villarreal ha encajado más goles que el Barça (ocho los castellonenses, siete los catalanes). Algunos lo justificarán en las fechas tempranas que vivimos y otros en la idea-milagro de que Valverde ha apostado definitivamente por llevar los partidos a la locura ofensiva sabiendo que nadie ataca como ellos, aún sin Messi. Y así como lo segundo no tiene justificación en el ideario semiconservador del técnico vasco, lo primero lo explicaría absolutamente todo:los equipos están sin hacer. 


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