Juicio a una montería

P.R.
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El juicio en el Juzgado de lo Penal de Ávila arrancó con el testimonio de los dos acusados, siete guardias civiles, los organizadores de la cacería y de uno de los testigos

Juicio a una montería

El juicio por la muerte de un lobo en una montería, celebrada el 29 de noviembre de 2015, en una finca del término municipal de Tornadizos se ha iniciado esta mañana en el Juzgado de lo Penal de Ávila y se va prolongar durante la jornada de mañana debido a la gran cantidad de testigo llamados a declarar en la causa. Se trata del primer juicio que se celebra en España por abatir un lobo en una zona en la que estos cánidos están altamente protegidos. Ayer se tomó declaración a siete guardia civiles que participaron en la inspección ocular del terreno, donde encontraron restos biológicos presumiblemente del cánido abatido y también el orificio de bala que apareció en una de las ramas de un arbusto que se encontraba junto al lugar donde fueron localizados estos restos, además de los tres casquillos que aparecieron en el puesto que utilizaron los acusados, que coinciden con las medidas dos de las armas propiedad de uno de los acusados, según dijo uno de los agentes.

En el transcurso de la sesión, el testimonio de algún testigo directo, que recogía testimonio de otros participantes se puso de manifiesto que al parecer no solo sería uno el lobo abatido, sino que serían dos. En concreto este testimonio fue presentado por uno de los organizadores, que indicó que se lo había comentado uno de los participantes que estuvo presente en otro puesto y que correspondería a otro lobo abatido, como también declaró a la Guardia Civil. Pero en este caso no aparecieron casquillos en su puesto.

La acusación particular está ejercida por la Junta de Castilla y León, Ecologistas en Acción y Lobo Marley. La Fiscalía no ha ejercido la acusación, aunque está presente “en defensa de los intereses legítimos de la legalidad”.

Los dos acusados, J.M.R. y J.L.G., que se encontraban ambos en el puesto de la montería número 15, indicaron que ni habían disparado a ningún lobo, ni siquiera habían visto cánido alguno, pero sí jabalíes. El primero de los acusados reconoció haber disparado contra un jabalí de gran tamaño, que vieron desde el puesto en el que se encontraban. Dijo que lo alcanzó con el disparo, pero no lo pudo capturar. Reconoció que había llegado tarde a la montería y se marchó nada más acabar porque la tarde anterior habían tenido a que ingresar a su padre en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

El segundo acusado, J.L.G. indicó en su declaración que ni había disparado ni había portado armas y que había acudido a esta montería de acompañante. Según dijo, en el año 2013 no le renovaron la licencia de armas, por lo que vendió los rifles que tenía.

Hasta un total de siete guardias civiles, que participaron en la inspección ocular del lugar en el que ocurrieron los hechos y en la posterior elaboración del atestado, fueron llamados a declarar en la sala en la mañana de ayer. Ya los primeros agentes en llegar y realizar la inspección ocular sobre el terreno indicaron que la Patrulla del Lobo de la Junta les había comunicado que era uno el lobo abatido, pero que podían ser hasta dos. En la inspección ocular la Guardia Civil localizaron restos biológicos (pelos y sangre) que mandaron a la Unidad de Criminalística de la Guardia Civil. Los primeros resultados pusieron de manifiesto que podía tratarse de un lobo ibérico, como manifestó el instructor del atestado. Investigaciones posteriores llevaron a la confirmación de que se trataba de un lobo, hermano del lobo que murió atropellado en la N-403. El cuerpo de este animal estaba en poder de la Junta de Castilla y León y el adn del mismo se pudo cotejar con los restos encontrados en Tornadizos por la unidad de Criminalística, que confirmó el parentesco de los dos cánidos.

También relató el instructor la aparición de tres casquillos correspondientes a dos armas diferentes y que coinciden con las medidas de dos de las armas, propiedad de uno de los acusados. También valoró la aparición de un orificio de bala en la rama de un arbusto que se encontraba junto al lugar donde aparecieron los restos del lobo.

Igualmente se refirió a otra de las pruebas, una fotografía en la que aparecía el lobo abatido y que fue entregada por uno de los encargados de la reala de perros que participaron en la montería. El instructor defendió que habían cotejado la zona en la que aparecía este lobo en la foto con la que aparecieron los restos biológicos y era coincidente. Este mismo agente señaló que la línea de disparo en la que se encontraban los restos biológicos y el orificio de la retama los disparos solo se podían haber realizado desde los puestos 14 o 15. Insistió que en el puesto 14 no habían aparecido casquillos, como sí ocurrió en la 15.

El testimonio del participante que ocupaba el puesto número 14, que lo hizo por videoconferencia, no fue muy clarificador, pues se contradijo con la declaración que había realizado a la Guardia Civil, que comentó que era una la persona la que apuntaba con el rifle en el momento en el que vio pasar a un lobo. Mientras que el la videoconferencia declaró que fueron dos los rifles que estaban apuntando, pero desconocía si era una o dos personas la que en ese momento manipulaba el arma, porque en ese momento estaba atento a la caza. También indicó que momentos antes de ocurrir este episodio del lobo había denunciado a la organización la presencia de dos personas que se bajaron de un todo terreno, rifles en mano y que habían parado a coger algo en la zona de tiro.

Posteriormente testificaron los organizadores de la montería, padre e hijo. El primero indicó que en la montería se habían abatido 24 jabalíes y un zorro, que se presentaron en la llamada junta de carnes o lugar de la recogida, pero dijo desconocer que se hubiera abatido algún lobo, porque no lo vió.

El otro organizador manifestó, como antes lo había hecho a la Guardia Civil, en su declaración que uno de los participantes le había comentado que había disparado a otro lobo y que también vio a dos personas bajar de un coche y recoger algo y subirlo al coche. “El lobo físico yo no lo ví. Vimos coger algo, pero no sabemos el qué”, señaló.

Hoy continua la vista con la declaración de otros testigos y de los peritos.