El dios centenario del humor gráfico

SPC
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El dios centenario del humor gráfico

Un siglo después del nacimiento de Antonio Mingote, considerado por muchos como el «Zeus» de los dibujantes, las miles de viñetas que firmó mantienen su frescura y vigencia

Isabel Vigiola, antes de irse a la cama cada noche, escucha este mensaje de contestador: «Si tiene usted algo que decirme, que no me extrañaría, hágalo después del pito que suena a continuación». Y lo hace porque quien lo locuta es su marido, el humorista gráfico Antonio Mingote, «un Picasso, un Ortega y Gasset», que hoy hubiera cumplido 100 años de brillantez.
Recordar al dibujante de la mano de su esposa en el centenario de su nacimiento es evocar toda una vida llena del «amor más puro», ese que la hace recitar con 89 años uno de los sonetos más famosos de Lope de Vega como si fuera esa joven que allá por 1947 lo conoció cuando trabajaba de secretaria para el escritor y cineasta Edgar Neville, gran amigo del barcelonés.
«Le echo de menos ahora más que antes, el tiempo no cura. Antonio y yo nos reíamos, jugábamos a diario, y es una suerte poder envejecer al lado de una persona a la que se le ha arrugado la mano, le ha salido una verruga y lo acaricias», contó ayer Vigiola desde su casa de Madrid, el hogar donde aún conserva intactos el despacho y el cuarto de pintura del genio.
Espacios donde el tiempo se ha parado porque así ella lo ha querido, ya que, «¿cómo vas a pasar página?», se cuestionó esta mujer que dejó su carrera para ocuparse de la agenda de su amor. Ahora, siete años después de su muerte, ha conseguido crear la Fundación Antonio Mingote (ya dada de alta, pero a la espera de encontrar ubicación).