Miles de peces agonizan por la falta de oxígeno en Fuentes Claras

M.M.G.
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Los animales, barbos en su mayoría, boquean en la superficie en inmensos bancos en las zonas del embalse reservadas a la pesca deportiva, donde desemboca un pequeño arroyuelo y adonde se han dirigido en busca de algo de oxígeno.

Miles de peces agonizan por la falta de oxígeno en Fuentes Claras

Descorazonadora. Así puede describirse la triste escena que este viernes se vivía en el embalse de Fuentes Claras, donde miles de peces agonizaban en las orillas cercanas al área reservada a la pesca deportiva.
Los animales, barbos en su inmensa mayoría, boqueaban en busca del oxígeno que no encontraban en el agua ante la mirada impotente de pescadores habituales de la zona como Álvaro, Víctor y Juan, desesperanzados ante la certeza del futuro que les esperaba a unos animales que ellos, asegura, cuidan y respetan.
«Llevábamos una semana sin picada», explicaban a Diario de Ávila, «y ayer (por el jueves) ya nos encontramos esto». Y con esto se referían a los inmensos bancos de peces agonizantes y arremolinados en la zona del embalse en la que desagua un pequeño arroyo, en busca de agua fresca.
«Son barbos, porque las carpas, que también hay, son más resistentes», explicaban los tres jóvenes pescadores, que sospechaban que algún vertido podría estar detrás de la situación.
Pero puestos al agua con el jefe de servicio de Aqualia, José Gabriel Lumbreras, éste desmentía esa posibilidad, señalando, en cambio, la normal falta de oxígeno en épocas de sequía y ausencias de lluvias, como la que estamos atravesando.
«El embalse tiene ciclos», comenzaba a explicar a este diario Lumbreras, «y al no tener aportes en época de estiaje, el oxígeno se va consumiendo».
Así pues, desde Aqualia se recalca la (triste) normalidad de la situación de la fauna de Fuentes Claras, donde ya se vivió un episodio de estas características hace tres años, también en una época seca. «Es que al no haber además aporte de agua del Adaja o del arroyo del Obispo se va agotando el oxígeno», insistía Lumbreras, que hablaba del «control» que al respecto se realiza desde Aqualia pero que resulta insuficiente cuando la situación se agrava por las circunstancias climatológicas.

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