La vida sigue (casi) igual

M.M.G.
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La tranquilidad domina en la mayoría de los 49 pueblos que hoy entran en fase 1. El día a día, nos dicen sus alcaldes,apenas va a cambiar para sus 8.500 vecinos. En Muñico también se ha vivido la primera semana sin grandes cambios

La vida sigue (casi) igual - Foto: David Castro

La vida sigue igual, decía Julio Iglesias en su famosa canción.  Y prácticamente igual va a seguir en los 49 pueblos de la provincia de Ávila que hoy lunes se suman a los 22 de la zona de salud de Muñico, en los que la Fase 1 entró en vigor el pasado lunes.
Hablamos de los pueblos correspondientes a las zonas de salud d Mombeltrán (cinco localidades), San Pedro del Arroyo (32 más) y Madrigal de las Altas Torres (con doce pueblos).
Entre esos 49 pueblos suman 8.500 vecinos (9.800 si sumanos los 1.300 de los 22 pueblos de la zona de Muñico) que, en general, poco va a ver cambiada su forma de vida respecto a la que han llevado las últimas semanas. Así, al menos, lo trasladan los alcaldes con los que este diario se ha puesto en contacto.
Es el caso de Almudena Drake, alcaldesa de San Esteban del Valle, que tiene claro que en su caso, el mayor cambio se produjo cuando se permitió a los vecinos salir de casa sin una franja horaria y acudir a sus huertos. «Porque por fin pudieron hacer lo que llevaban haciendo toda su vida», apunta Drake, para la estos fueron,  sin duda, los mayores cambios cualitativos vividos durante el tiempo que llevamos de confinamiento.
En lo que respecta a la apertura de bares y terrazas, la alcaldesa informa que en su localidad tanto los propietarios de estos establecimientos como los de turismo rural que hay en la zona (y que todos juntos son además, recalca, su motor económico), han decidido no abrir hasta julio.Por eso, hoy tampoco se notará más movimiento en el pueblo por este motivo. «Quieren esperar a que se estabilice la situación», adelanta.Sabe que esas aperturas sí que supondrán un gran cambio en el pueblo. Por eso, ahora, el salto a la fase 1 se afronta con mucha calma, sabedores de que poco cambiará a partir de hoy en las calles de San Esteban, donde, insiste Drake, se sigue preparando todo para poder acometer los grandes cambios con mayor seguridad.
Hablamos con ella también de la apertura de los templos. Y nos adelanta que en el caso de su localidad se ha decidido abrir únicamente la iglesia, manteniendo cerrada la capilla que está en el centro de la localidad, al no poder garantizar allí las distancias de seguridad. «En la iglesia habrá geles hidroalcohólicos y se organizará la distribución de los fieles», adelanta la alcaldesa.
Una medida, por cierto, que también se contempla en Horcajo de las Torres. Su alcalde, Gustavo Domínguez, nos explica que además de haberse puesto a disposición del párroco para trabajar en la desinfección del templo, también le han facilitado geles desinfectantes, al igual que se ha hecho con el consultorio médico y el Ayuntamiento. Y como se hizo también, en un primer momento, con todos los vecinos.
«Hombre, aquí hay una mezcla de ilusión y de incertidumbre», nos confiesa el primer edil, que explica también que pese a todo, la gente no tiene aún muy claro qué puede y qué no puede hacer. «Es que ha habido una cantidad ingente de información», plantea una realidad que afecta a todos los españoles. 
Aunque con independencia de esto, también tiene claro que el día a día poco va a cambiar en el pueblo.Los niños ya salen a la calle; la mayoría de la gente ha acudido a sus trabajos, al dedicarse la mayoría de los pueblos a la ganadería y la agricultura; los vecinos pasean con cierta normalidad... Quizá, eso sí, el gran cambio llegue con la reapertura de los tres bares que hay en la localidad, a los que el Ayuntamiento, apunta el alcalde, piensa ayudar en todo lo posible para que puedan comenzar a dar servicio a los vecinos. «Es que son el ocio del pueblo», defiende el alcalde.
No muy lejos de allí, en Aveinte, su alcalde Daniel Martín, tiene claro que la vida para los 45 vecinos que ahora viven en la localidad (son 86 los que están censados) la vida no va a cambiar hoy. «Ni siquiera al abrirse la iglesia, porque no suele ir mucha gente», dice en relación al hecho de tener que mantener la distancia en los bancos.«Y yo estoy a disposición del párroco para desinfectar», adelanta Martín, una localidad que no cuenta ni con bares y restaurantes, ni con comercios de alimentación.
Si viajamos a Riocabado la situación es parecida. Su alcalde, Juan Carlos Casillas, nos apunta que si bien sí que cuentan con un bar éste no piensa abrir con la llegada de la fase 1. «Es que somos muy poquitos», justifica así la decisión adoptada por el propietario. Y la mayoría de sus vecinos (el 90 por ciento, apunta Casillas) se dedica a la agricultura, por lo que durante estos dos primeros meses de estado de alarma han continuado saliendo al campo a trabajar. «Hoy poco cambia», resume en tres palabras el sentir general de las 121 personas que residen en un pueblo que cuenta con 156 empadronados.
Algo más pequeño es San Esteban de Zapardiel. Al frente de los 36 vecinos empadronados (de los que 24 residen habitualmente en le pueblo) se sitúa el alcalde, Roberto Rodríguez, que se aferra a la «alegría» que va a suponer el poder abrir el bar y la terraza de la localidad. Eso, y la posibilidad de poder viajar en coche las personas que vivan juntas a los pueblos de la zona, importante para ellos porque necesitan trasladarse a otras localidades para ir al médico o a la farmacia. «Y la gente ha echado de menos no poder celebrar al patrón y a San Isidro», dice, por lo que está seguro de que los vecinos agradecerán poder volver a misa. Siempre, eso sí, de manera segura.
Por último hablamos también con Inmaculada López, alcaldesa de Muñico, localidad que este lunes cumple una semana en la fase 1. «La vida ha cambiado poco», coincide con sus homólogos. «Quizá se ha notado el movimiento con otros pueblos, pero los bares aún no han abierto, ha hecho malo, quizá esperen a la fase 2», dice.