Los hoyancos no fallan a su Señora

M.M.G.
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los hoyancos no fallan a su Señora

Los vecinos de El Hoyo de Pinares acompañaron bajo el sol a la Virgen de Navaserrada en su tradicional romería al Fresne

Con algo de viento pero con mucho sol. Así celebraron este sábado los vecinos de El Hoyo de Pinares la tradicional romería en honor a la Virgen de Navaserrada, a la que veneran desde hace siglos en la localidad abulense.
Con algo menos de asistentes que en años anteriores (el alcalde lo achacaba a la ausencia de algunos vecinos madrileños) pero aún así muy bien acompañada por la inmensa mayoría de los vecinos de El Hoyo de Pinares, la Virgen de Navaserrada salía de la iglesia parroquial hacia el Fresne.
Allí se asentó hace muchos siglos la primera población hoyanca. Y allí se encuentra la necrópolis visigoda de El Hoyo de Pinares, una de las joyas de la localidad. Así que la el pasado y el presente de ElHoyo de Pinares se dieron la mano en una celebración en la que se hizo patente la mucha devoción que los hoyancos sienten por su Virgen de Navaserrada.
Muchos de ellos, por ejemplo, realizaron la romería descalzos, como agradecimiento a la ayuda concedida por la Virgen en sus peticiones. Una romería que como suele ser habitual estuvo marcada por los sones de las jotas hoyancas.
La eucaristía, celebrada al aire libre, se celebró, como manda la tradición, ante los restos medievales de la antigua ermita de Navaserrada trasladados allí por los vecinos, como presumió para Diario de Ávila el alcalde de la localidad, David Beltrán.
«Los restos se subieron en 1976» apuntó Beltrán, que se refería al altar, a la pila bautismal o al pórtico, entre otros restos. «Y todo ello decorado con primor por los hoyancos», continuó hablando Beltrán.
Tras la eucaristía y el baile de más jotas, la jornada continuó con juegos infantiles y con la comida en el campo. Tortillas, hornazos, empanadas... nada faltó en las mesas camperas de los hoyancos, que participaron también en la tradicional cucaña y que, por supuesto, volvieron a acompañar a la Virgen en su regreso vespertino a la iglesia parroquial.