El azote de los depredadores poderosos

Jorge Fuentelsaz (EFE)
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Gloria Allred, abogada de 78 años que sufrió de joven una violación, se ha convertido en la tabla de salvación de las mujeres que denuncian agresiones de famosos

Allred, quien también sufrió una violación cuando era joven, recibe muchas críticas de los sectores más conservadores - Foto: Jorge Fuentelsaz

El productor de Hollywood Harvey Weinstein, el actor Bill Cosby, el magnate Jeffrey Epstein y el cantante R. Kelly tienen algo en común: Gloria Allred, la abogada de 78 años que defiende a las mujeres que alegan haber sido agredidas sexualmente por estas celebridades.
«Todos estos casos comparten que un depredador (sexual) ha abusado de su poder y quizás ha traicionado la confianza que se ha depositado en él, algo que ha ocurrido durante demasiado tiempo, y la única manera de cambiarlo es que las mujeres sean valientes», cuenta Allred.
Víctima de una violación en su juventud, responde enérgica -sin perder la calma y sin un resquicio de duda- cuando habla de la necesidad de pelear por los derechos de las afectadas: «He luchado durante 43 años, hemos sido una firma de abogados en EEUU líder en los derechos de las mujeres y hemos luchado contra la discriminación por embarazo, el acoso sexual en el trabajo o la violencia machista (...), y esta batalla continúa porque todavía hay mucha discriminación sexual», comenta.
Acaba de ser incluida en el Salón Nacional de la Fama de las Mujeres en la villa neoyorquina de Seneca Falls, y National Geographic le ha dedicado un espacio en su número Mujeres: un siglo de cambio como una de las 100 mujeres que más han contribuido al avance de los derechos del colectivo.
Aunque insiste en que la lucha contra la violencia machista comenzó mucho antes del #metoo, reconoce que gracias a que algunas famosas hablaron públicamente para denunciar a Weinstein y a otros supuestos acosadores, «ahora las mujeres están rompiendo su silencio». «Están emergiendo del miedo que las ha mantenido silenciosas, subordinadas, como ciudadanas de segunda clase, objeto de la victimización; pero ahora están hablando en público, levantándose, asegurándose de que sus voces se escuchan y de que se mueven hacia adelante para reivindicar sus derechos», asegura.
Sin embargo, deja claro lo duro que es dar el paso: «Entiendo, por ejemplo, cuando una mujer viene y me dice, fui violada y creo que nadie me va a creer y por eso no lo denuncié antes», porque, como relata, ella sufrió una agresión sexual a manos de un médico en México. Cuando aquello ocurrió no hizo nada porque pensó que nadie iba a creerle.
Además, Allred advierte de que cada persona es distinta. «Algunas veces la gente me dice qué haría en esa situación, pero no puedo responder, porque respeto que es su decisión. La vida es complicada y con muchos efectos multiplicadores sobre cómo puede afectar a la familia, la comunidad o en el trabajo», agrega antes de puntualizar que la mayoría de sus casos se han resuelto con un acuerdo confidencial antes de llegar a los tribunales.


Blanco de críticas 

Su vida pública, que incluye ruedas de prensa donde las víctimas cuentan cómo fueron asaltadas o su participación en programas de televisión la han convertido en diana de los dardos de los sectores más conservadores.
Pero Allred, no solo parece disfrutar con ese aspecto público de su trabajo, sino que lo considera necesario. «Tenemos que involucrarnos en el tribunal de la opinión pública, igual que en el tribunal de Justicia, porque en el primero nos convertimos en modelos a seguir para las mujeres, que pueden decir: ‘¡Guau!, si ella puede hacer eso sin miedo, yo puedo no tener miedo en mi vida’», comenta.
Además, sostiene que cuando una víctima habla en público se produce un «momento de enseñanza» que sirve para que las acosadas por el mismo hombre den un paso adelante o para que otras puedan pensar: «Si ella ha encontrado el coraje para hablar en público, lo ha hecho y ha ejercido su derecho, a lo mejor yo puedo hacer lo mismo».
Sobre los ataques sostiene que no le desaniman, porque son para descalificarla cuando «no tienen un buen argumento contra lo que estoy haciendo».
«La gente que no cree en el feminismo, esencialmente está diciendo que cree que las mujeres deben ser relegadas a ciudadanas de segunda clase, ser subordinadas y se les nieguen los derechos que de otra manera deberían disfrutar», dice antes de advertir que seguirá su lucha hasta donde pueda. «Como abogada continuaré peleando por los derechos de las mujeres mientras siga viva y si puedo continuar esa batalla desde el más allá, si es que existe, encontraré la manera de hacerlo», finaliza.