El drama olvidado de los desaparecidos

DPA
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Casi el siete por ciento de los 14.000 casos de personas que se ausentan de sus hogares al año en España nunca se resuelve y dejan a sus familias sumidas en la incertidumbre

El drama olvidado de los desaparecidos

 
En la era de la comunicación, del ojo que todo lo ve y de la exposición pública de lo privado, el periodista y sociólogo español Roger Pascual se preguntó un día cómo es posible que alguien desaparezca de la faz de la tierra y nunca se llegue a saber lo que le sucedió.  Según datos que había recabado, eso es lo que sucede con el casi siete por ciento de las 14.000 personas que desaparecen al año en España. Sus familiares nunca llegarán a saber qué les pasó a los suyos, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los casos (93 por ciento), que se resuelven satisfactoriamente, y con una minoría (0,6 por ciento), que concluye en muerte. 
«Los desaparecidos son los grandes olvidados de nuestra sociedad», afirma Pascual, que recogió nueve de esos casos y las múltiples y no siempre satisfactorias respuestas a sus preguntas en Desaparecidos en España, un libro que aborda este asunto a través de los ojos de familiares, policías, psicólogos y periodistas.  
«Mantener la incertidumbre de por vida es muy duro, una bomba atómica para el entorno de aquellos que se esfumaron. Nunca llegan a sobreponerse del todo», afirma el catalán.
«Durante años, sentí envidia de los familiares de las víctimas de atentados terroristas, porque ellos sabían lo que había sucedido con los suyos y podían enterrarlos», constata, con crudeza, Salvador Domínguez. Su hijo, Alberto, desapareció en Cullera (Valencia) en septiembre de 1998. Y solo su persistencia se lo devolvió, sin vida, casi una década después, en junio de 2007, después de que su cadáver fuera localizado en una fosa común en Nueva York. «Como no había quien me ayudara decidí hacerlo por mi cuenta y tengo la satisfacción personal de haberlo conseguido yo. Lo logré a base de perseverancia», relata en el libro. 
Pascual destaca, no obstante, que la repercusión de algunos de los nueve casos que recoge y la incansable lucha de los allegados de los desaparecidos han contribuido a una mayor sensibilización de la sociedad y de los cuerpos de seguridad.
«En 1997, la búsqueda de Cristina Bergua en un vertedero de Cornellà (Barcelona) con ocho efectivos se paralizó porque alguien filtró que su coste ascendía a 50 millones de pesetas», expone. Precisamente, el padre de Cristina  tuvo mucho que ver en la creciente sensibilización de la sociedad española. Sin apenas recursos, este hombre fundó Inter-SOS, una asociación que no ha dejado de presionar a las autoridades para que no abandonen este tipo de casos.
«Gracias a su presión se estableció un protocolo de actuación y los diferentes cuerpos policiales empezaron a compartir sus bases de datos», explica Pascual. Hasta entonces, cada uno mantenía sus registros, que eran desconocidos para los restantes. Y el protocolo de actuación dependía del lugar de la desaparición y, sobre todo, de la sensibilidad del policía que recibía la denuncia.
Hoy, existe incluso un Sistema de Alerta por Desaparición de Alto Riesgo (Sadar), que se activa en caso de desapariciones «muy inquietantes de menores» y que permite enviar «unos 7.000 correos para que se puedan colgar carteles con la foto y los datos en todo el territorio». Este sistema se sirve de internet, un elemento fundamental en la positiva evolución de esta problemática: las redes sociales son un fabuloso vehículo para difundir el mensaje de la desaparición, aunque no exento de riesgos.
 
Marta del Castillo. La obra surgió inspirada por el caso de Marta del Castillo, ocurrido en 2009: la sevillana tenía 17 años, iba a reunirse con su exnovio y nunca más volvió. El joven confesó haberla matado y haber tirado su cuerpo al río. Luego, cambió su versión en varias ocasiones y el cadáver de la joven nunca apareció. Las circunstancias del crimen conmocionaron a la sociedad española, que rememoró otro suceso fatal: el de las niñas de Alcàsser en 1992. Entonces, tres adolescentes de entre 14 y 15 años de este pueblo valenciano fueron secuestradas, violadas, torturadas y asesinadas. Sus cuerpos tardaron 75 días en ser hallados.