Una posibilidad para la paz

Agencias-SPC
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La expansión del coronavirus por todo el planeta ha supuesto que los contendientes de decenas de guerras que se suceden desde hace años hayan acordado una tregua temporal para tratar de frenar la pandemia

Una posibilidad para la paz - Foto: UMIT BEKTAS

La crisis sanitaria que tiene al planeta en vilo puede agravar la ya complicada situación humanitaria en varias naciones en guerra. Es por eso que el secretario general de la ONU, António Guterres, no ha dudado en pedir un «alto el fuego mundial» para que los esfuerzos se centren en luchar contra el coronavirus.
El llamamiento, realizado a finales del pasado mes y que fue secundado por el Papa, fue acogido por distintos grupos armados, pero, en muchos casos, su declaración de intenciones no se ha materializado en una tregua verdadera.
Desde Colombia a Yemen, pasando por Siria o Libia, los bandos implicados en esos conflictos se han mostrado receptivos al grito desesperado de Guterres: «Cesen las hostilidades. Dejen de lado la desconfianza y la animosidad. Silencien las armas, detengan la artillería, pongan fin a los ataques aéreos. Es crucial que lo hagan». 
Una posibilidad para la pazUna posibilidad para la paz - Foto: MOHAMMAD ISMAILY es que el coronavirus, que ha paralizado a casi todo el mundo, podría tener una consecuencia positiva: que también sea capaz de detener el sinsentido de la guerra. 

 

Colombia
 El Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció un cese el fuego unilateral durante todo el mes de abril como «gesto humanitario con el pueblo colombiano, que padece la devastación del coronavirus».
La iniciativa del principal grupo guerrillero del país tras la disolución de las FARC incluye una propuesta de diálogo -roto desde hace meses-, algo que el Gobierno de Iván Duque ha considerado «insuficiente» para reanudar las negociaciones de paz.
En cualquier caso, se trata de un paso hacia delante que podría llevar un halo de esperanza a un país que no conoce la paz desde hace más de medio siglo y donde algunas voces de la propia milicia abogan por una tregua indefinida.

 

Filipinas
Jose Maria Sison, líder del ilegalizado Partido Comunista de Filipinas y de su brazo armado, el Nuevo Ejército del Pueblo (NEP), anunció a finales de marzo que había recomendado un alto el fuego unilateral a sus tropas. El llamamiento de Guterres llevó a Sison a cambiar de opinión, ya que una semana antes había rechazado una propuesta del Gobierno de Manila de sumarse a un alto el fuego para centrarse en la respuesta a la pandemia. 

 

Siria
 Las Fuerzas Democráticas Sirias (FSD), una coalición liderada por las fuerzas kurdas que fue clave en la caída del autoproclamado califato del Estado Islámico (EI), respondieron a las palabras de Guterres con una «tregua humanitaria» ante «el colapso del sector de la salud».
«Cualquier nueva hostilidad causará olas de desplazamiento que afectarán la infraestructura de salud restante, acelerando así la propagación del virus y aumentando su letalidad», aseguró el Comando Central de la alianza, dando así respuesta a la solicitud de la ONU.
Sin embargo, el país continúa en guerra y los ataques sobre Idlib, donde hay en vigor desde hace más de un mes una tregua humanitaria, son constantes y diarios.

 

Libia
 El Gobierno de Trípoli -reconocido por Naciones Unidas- y las tropas insurgentes comandadas por el mariscal Jalifa Haftar se mostraron dispuestos a aceptar un «alto el fuego humanitario» al llegar a Libia el coronavirus. El cese de hostilidades fue aceptado de inmediato por el Ejecutivo, que pidió además a los ciudadanos que se quedaran en casa en medio de intensos bombardeos, y por Haftar, que decretó un toque de queda y anunció que respetaría la «tregua humanitaria» si su rival también lo hacía.
Parecía un adecuado paréntesis a un conflicto que ya se ha cobrado más de 8.000 vidas, pero los bombardeos sobre Trípoli continúan estos días por parte de los rebeldes, que pretenden asaltar la capital a pesar de la propagación de la pandemia. 


Yemen
 Los rebeldes hutíes, el Gobierno  y la coalición internacional encabezada por Arabia Saudí llevan ya más de cinco años en guerra y han convertido al país en el escenario de la mayor crisis humanitaria mundial.
Todas las partes se mostraron dispuestas a cesar las hostilidades ante la llegada de la pandemia, que pondría a la nación árabe en una situación aún más crítica. Sin embargo, y a pesar de que tanto los insurgentes como la alianza como el propio Ejecutivo aceptaron frenar la escalada de violencia militar, las buenas intenciones no han impedido que el lanzamiento de misiles y los bombardeos sigan sucediéndose, dejando en saco roto cualquier esperanza de que acabe el hostigamiento.

 

Sudán
En Darfur, la facción del Movimiento de Liberación Popular de Sudán-Norte dirigida por Abdelaziz El Hilu (SPLM-N) también se hizo eco del llamamiento de Guterres, aunque no fue hasta esta semana cuando anunció que el alto el fuego temporal que puso en marcha a finales de marzo -y que previsiblemente caducaba a mediados de abril- se extenderá hasta el 30 de mayo.
Se trata, según explicó su líder, de un gesto de buena voluntad con la intención de dar a las conversaciones de paz en curso en Yuba la oportunidad de «tener éxito».
La noticia fue muy bien recibida por el Gobierno: su delegación negociadora lo consideró «un paso importante que demuestra voluntad política y un fuerte deseo de lograr la paz integral y sostenible que el pueblo sudanés merece».

 

Camerún
 El grupo separatista Fuerzas de Defensa de Camerún del Sur (Socadef) se tomó su tiempo para contestar a la llamada de Naciones Unidas, pero la semana pasada anunció un alto el fuego -que finaliza el próximodía 21- para facilitar la adopción de medidas sanitarias contra el coronavirus.
Se trata, según sus dirigentes, de un «gesto de buena voluntad» en respuesta a la solicitud de Guterres, que dio la bienvenida a la decisión y llamó a otros grupos armados, como las Fuerzas de Defensa de Ambazonia, como se denomina a la región del sur de Sudán de mayoría anglófona, a «hacer lo mismo».
De momento, Socadef es la única milicia que ha seguido la petición de la ONU en una región en la que la guerra se ha intensificado en los últimos años.

 

Afganistán 
Una guerra de 18 años podría ver su final próximamente. No por la tregua reclamada por la ONU, sino porque el Gobierno y los talibanes se encuentran inmersos en iniciar un diálogo de paz.
Son muchas las trabas, pero, al menos de manera oficial, los insurgentes han frenado sus ataques en los últimos días, aunque desde el Ejecutivo han continuado con su ofensiva. Sin embargo, la amenaza yihadista no permite descansar a una nación que semanalmente se enfrenta a un nuevo atentado -como mínimo- del Estado Islámico, que no entiende de treguas.