Aquellas ligas que nadie quería

Diego Izco
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El equilibrio general (solo uno de los ocho primeros ganó) y el bajo rendimiento de los dos gigantes llevan el torneo a los tiempos en que un equipo podía ser campeón con apenas el 65-70% de los puntos

Aquellas ligas que nadie quería - Foto: X. REY

El 6 de mayo del año 2000, el Barcelona se despedía casi definitivamente de la Liga. Aquel equipo holandés (Van Gaal en el banco, Hesp, De Boer, Cocu, Zenden, Kluivert...) perdía en casa con el Rayo Vallecano de Juande Ramos (doblete de Bolo) y se alejaba en tres puntos, más golaverage, del Deportivo, a la postre campeón de aquel año. Podría ser este un párrafo sin sentido, un mero recordatorio estilo qué fue de..., de no ser porque esa Liga 99/00 se conquistó con apenas 69 puntos (el 60% de los disputados), porque la diferencia entre el campeón y el Numancia, el primer equipo que se salvó del descenso (puesto 17º), fue de apenas 14 puntos, y porque los dos gigantes, Barça (2º) y Madrid (5º) terminaron con 12 y ocho derrotas, respectivamente (siete y 14 empates). 
Fiasco tras fiasco, también unos cuantos de aquel Dépor de Javier Irureta (campeón con seis empates y 11 derrotas), aquella Liga y otras muchas parecidas se disputaban por desgaste, como si nadie quisiera ganarlas: cualquiera podía vencer a cualquiera. El Rayo en el Camp Nou, el Valladolid en el Bernabéu (0-1, gol de Víctor) o el Numancia (0-2, Popescu y Morales) en Riazor. 
Merece la pena rescatar esta pequeña píldora histórica, porque tampoco ha llovido mucho entre aquel fútbol y el actual... y por todas las similitudes que, de momento, se acumulan entre ambos campeonatos dos décadas después. 
La Liga ha perdido su mando. Ocho cambios de líder en 12 jornadas, 14 goles encajados del Barça, cuatro empates (uno de cada tres partidos jugados) del Madrid o seis (la mitad) del Atlético, y una diferencia de apenas 11 puntos (ni cuatro partidos) entre el trío de líderes y el Mallorca, el equipo que marca la salvación. Otra vez se recupera la sensación de que cualquiera puede ganar a cualquiera, sí, y de que los gigantes ya no son esas bestias intocables que vencían por inercia y rozaban o directamente cruzaban la barrera de los 100 puntos. 
Esas Ligas que nadie quería ganar solían tener, en efecto, ganadores a los que nadie esperaba.