El mensaje de S.O.S del cóndor

Agencias
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Su historia se ha convertido en tragedia por la acción del hombre, que ha provocado que la población del ave más grande del mundo se encuentre en peligro de extinción

El mensaje de S.O.S del cóndor - Foto: Jose Jacome

Es un ser mágico para la cosmovisión indígena de Sudamérica. El cóndor andino, el ave voladora no marina más grande del mundo, se encuentra en peligro de extinción. Su relación con el hombre y los Andes se ha tornado frágil, a punto de resquebrajarse por completo. Los incas lo consideraban inmortal y amo de los cielos por su grandeza, ya que llegaba a alcanzar los 3,3 metros de envergadura entre sus alas en edad adulta, y su marcial mirada que apunta siempre al futuro.
Quedó como emblema patrio de casi todos los países que atraviesa la cordillera y en Ecuador es la figura central de su escudo de armas, al igual que en Bolivia, Colombia, Chile y Perú. Sin embargo, su historia se ha vuelto trágica por la acción del hombre, que ha provocado que su población merme a niveles críticos en Colombia y Ecuador, mientras que en Venezuela su presencia es casi nula.
Aunque es difícil conocer su población total, algunos estudios estiman que hay entre 5.000 y 6.500 individuos, siendo Argentina y Chile los países con mayor número y algo menor en Bolivia y Perú.
El mensaje de S.O.S del cóndorEl mensaje de S.O.S del cóndor - Foto: Jose JacomeAnte la crítica situación, toda la región ha salido al rescate y se han implementado los programas para su salvación y protección.
En Quito, en el marco de una de estas campañas de conservación de la fauna, se declaró el 7 de julio como el Día Nacional de esta ave emblemática (vultur gryphus), cuya población se calcula en 150 ejemplares.
Efraín Cepeda, de la Fundación Jocotoco, que dirige la reserva Antisanilla, donde se concentra un tercio de la población silvestre estimada de estos pájaros, no duda en animar a la población para que proteja y admire a esta «extraordinaria ave», que supone un lazo entre la ciudad y el campo.
«Las ciudades deberían crear un lazo muy importante» con esta especie, porque es uno de los elementos que permite el equilibrio ecológico de los páramos, de donde surge el agua que consumen los ciudadanos, explica.
Este experto opina que es un catalizador de la vida en las montañas pues, al tratarse de un carroñero, elimina el riesgo de propagación de enfermedades a otros animales.
En la reserva, situada a unos 60 kilómetros al noreste de la capital ecuatoriana, las escarpadas laderas de algunas montañas sirven de vivienda a estos animales que recorren toda una gran planicie para rastrear cadáveres en descomposición.
Su labor ha permitido también el desarrollo de otras especies como águilas, quilicos (pequeños halcones), osos de anteojos, venados de cola blanca, llamas y lobos, entre otros, también importantes para el equilibrio del ecosistema.
Cepeda manifiesta sentirse orgulloso de que en la reserva que dirige, de casi 2.000 hectáreas situadas a entre 3.500 y 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar, están las dos parejas de cóndores más fértiles del país  gracias a que los programas de conservación también han contribuido a que la gigante ave voladora tenga un hábitat propicio para surcar el cielo sin casi amenazas.
Y eso lo pueden constatar los ciudadanos, a quienes invita a visitar los páramos de Antisanilla para observar el majestuoso vuelo de estas aves, pero también la mágica fauna de las montañas.
amenazas. Incluso la fundación Jocotoco ha emprendido programas de protección de los humedales de la zona, el origen de un gran volumen del agua que nutre al país.
El cóndor andino, cuyo nombre quichua es kuntur, según Cepeda, representa esa frágil relación de la ciudad y la montaña y por ello explica estar preocupado por la escasa población en Ecuador.
«Sabemos que hay unos 150 individuos y son muy pocos. Nos preocupa mucho», se lamenta e identifica como una de las causas que amenazan al cóndor la presencia de perros ferales, jaurías de canes que son abandonados en las fueras de la ciudad por sus amos que ya no desean mantenerlos.
Estos animales, que se han vuelto depredadores y salvajes, «provocan muchos problemas para la fauna silvestre, como el cóndor» al que le desafían por el alimento, pero también persiguen venados y otro tipo de aves silvestres, agrega el regidor de la reserva. «Buscamos que la gente tenga conciencia ambiental y llegue a apreciar y proteger a esta emblemática ave», añade Cepeda, que invita a los ciudadanos a visitar el Peñón del Isco y el del Cóndor, en la meseta de Antisanilla, uno de los «pocos lugares donde se puede ver algo así», al ave voladora más grande de la tierra en su hábitat natural. El auténtico amo del cielo.