El Barraco revivió 'su pasión'

P.R.
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Más de setenta actores volvieron a representar los últimos momentos de la vida de Cristo, bajo una interesante oferta musical

El Barraco revivió ‘su pasión’

La s ‘Escenas de la Pasión’, la representación teatralizada que se viene poniendo en escena en los últimos nueve años en la localidad de El Barraco se pudo volver a ver ayer. La lluvia respetó y toda la escenografía preparada se pudo mostrar. No así el pasado jueves en Ávila, cuando la lluvia impidió que esta obra se representara en la capital. Esta obra pone sobre los distintos escenarios,  con ocho números musicales en directo, sobre las últimas las últimas horas de la vida de Jesús y su muerte en la cruz. La Pasión se cuenta y se canta en El Barraco, convertida por momentos en Jerusalén, y de ello se encargaron los más de setenta actores aficionados que volvieron a ponerse en la piel de Jesús, María Magdalena, Pedro, Judas, Juan o Barrabás, personaje que este año se estrenaba en la obra. Como todos los años se ofreció un espectáculo que sigue gustando a propios y extraños, a juzgar por la cantidad de público que volvió a concentrarse en los alrededores de la iglesia de la localidad para presenciarlo e inmortalizarlo con sus cámaras.
Bajo la dirección de Piedad Arias, otras 30 personas colaboraron para que la propuesta saliera redonda, en aspectos como el sonido, la vestimenta y la cuidada decoración para las distintas escenas que se fueron sucediendo, desde la Entrada de Jesús en Jerusalén, en la que no faltó la popular borriquilla, a la Crucifixión y el Descendimiento, pasando por la Última Cena, la Oración en el Huerto, el Prendimiento, los Juicios a Jesús y el Camino al Calvario. La representación está basada en el libro de Diego Martín Peñas. Este año como novedad  figuraba la presentación de un nuevo personaje Barrabás y la nueva escenografía y ambientación que se realizó en todo el recorrido, que completaron una puesta en escena muy cuidada –distintos emplazamientos– y a la siempre agradecida compañía de la música –la seña de identidad de esta Pasión–, la voz, los gestos y el sentimiento de los protagonistas hicieron todo lo demás. 
Aquí, en el  Barraco, la Pasión Viviente se materializó al atardecer, algo que  le confirió  un carácter más íntimo y dramático a medida que avanzaba la acción, acorde con la historia que se estaba relatando.