Una llamada a la Esperanza

P.R.
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Una llamada a la esperanza - Foto: David Castro

La Virgen bajo palio salió en la tarde-noche del Lunes Santo, bajo amenaza de lluvia, camino del encuentro con su hijo, un momento que se produciría después, en la Plaza de la Catedral

A las 19,00 horas se abrían las puertas de la iglesia de San Juan para dar paso a los primeros cofrades de la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, que cuenta con 670 cofrades y toda la tradición que le da su existencia desde 1954.
Como suele ocurrir, no fue una salida fácil la del primer paso, el grupo escultórico Nuestro Padre Jesús de la Salud en su Prendimiento.  A pulso llevaron el paso, que tiene una importante altura con el olivo que acompaña a las dos imágenes, la de Jesús y la de Judas. Consiguieron sacar a las imágenes, animados por los aplausos de los asistentes, que pudieron escuchar el Himno de España y la ‘levantá’ ya en el exterior. Un nuevo «¡Al cielo con él, señores!»  sirvió para que el paso se elevara y pudiera comenzar su recorrido, primero por la calle Blasco Jimeno. El Cristo este año  estrenaba gemelos verdes de cristal de Swarowky y una joya que llevó en el cinturón como broche de metal en la que ponen las iniciales J.C.S. y un ancla realizada bajo diseño exclusivo para esta hermandad, que ha sido regalado por dos hermanos anónimos. La gran dimensión de este grupo escultórico hace difícil su maniobrabilidad. Esta dificultad se aprecia al pasar de la calle Blasco Jimeno a la de  Jimena Blázquez, cuando los cofrades tienen que medir los pasos para realizar un giro de unos 90 grados, sorteando también el numerosos público que estaba esperando el paso de esta estación de penitencia. El paso, portado por 37 braceros fue acompañado por la Agrupación Musical Cristo Yacente de Salamanca. Tras él llegaba uno de los momentos más esperados, el de la salida de Nuestra Señora de la Esperanza, que este año ha estrenado una cinturilla bordada en oro; cuatro flores tembladeras enjoyadas que llevaba en el tocado, que era de tul del siglo XIX; un rosario de nácar y filigrana, también bañado en oro, y un pañuelo realizado en ganchillo por una devota, que al igual que ocurre con los elementos novedosos del Cristo, han sido donados por hermanos anónimos.
 Pero hubo que esperar cerca de una hora para que el paso se adentrara en la calle Blasco Jimeno, con el reconocimiento y la admiración de los vecinos de la barriada y del resto de la ciudad, que en un buen número se habían situado en los aledaños de esta calle para contemplar estos momentos especiales de la procesión. Acompañaba a la virgen la Banda de Música de Azuaga (Badajoz). Este paso bajo palio, llevado por 32 cofrades, se vio sorprendido por una ligera lluvia que comenzó a caer inmediatamente de que se produjera la petalada. Pero en pocos minutos la lluvia desapareció y la tarde se despejó. Unos minutos antes la Virgen había salido de la iglesia de San Juan. Siempre es espectacular su  salida. Los cofrades que portan la imagen se colocaron sobre mesas en los laterales para recibir a la imagen de la Virgen, primero cogiendo el palio y después esperando que se sacara, también a pulso, la imagen de Nuestra Señora. Más aplausos a la salida de esta imagen, con evidente emoción en algunos de los cofrades y con una primera ‘levantá’, realizada este año por el representante de la Asociación de Down. Así,  poco después de las ocho y cinco de la tarde salía la Esperanza de su iglesia al encuentro de su hijo. Con el palio ya preparado, la Virgen de la Esperanza, salió de la iglesia. La petalada inundó por unos momentos de coloridos el tramo de la calle Blasco Jimeno. Se escuchó nada más finalizar este homenaje de algunas familias de la barriada  una saeta. La misma cantaora había hecho otro tanto en el mismo punto con la imagen de Nuestro Padre Jesús de la                Salud.
Después llegaría otro de los momentos más esperados de esta solemne procesión, la entrada en la plaza del Mercado Chico por el arco que lleva el nombre de Nuestra Señora de la Esperanza. Allí volvieron a darse cita desde más de media hora antes cientos de personas que no quisieron perderse ese paso de las imágenes con los braceros arrodillados debido a la altura del arco, haciendo un año más un verdadero ejercicio de precisión casi milimétrica. Pero el momento más esperado llegó momentos después, en la plaza de Catedral, donde se produce el ‘Encuentro’ con su hijo, el Cristo de la Ilusión. Después, cada uno sigue su camino: la Esperanza hacia la iglesia de San Juan y el Cristo de la Ilusión hacia su ermita de las Vacas.