Un día de cafés y sexo

Ángel A. Giménez (EFE)
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La tensión en el Congreso sigue aumentando, aunque a veces no se sepa muy bien de qué hablan unos parlamentarios que ayer incluso se lanzaron invitaciones para tomar algo juntos

La popular Cayetana Álvarez de Toledo contempla la intervención de la ministra Irene Montero. - Foto: Fernando Alvarado

La vicepresidenta Carmen Calvo reprochó a la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, que fuese al pleno del Congreso de ayer queriendo hablar de amor y, al final, solo hablase de sexo. Pero, poco después le propuso quedar para tomar café. Así está la política ahora, que ya no se sabe de qué se habla. Pese a ello, la socialista y la popular protagonizaron un duelo que rayó a la altura de la crispación que sueñen alcanzar los enfrentamientos entre Pablo Iglesias y Teodoro García-Egea.
De Toledo apenas tardó un segundo en desplegar el ataque. Según sus palabras, el Gobierno ha vertido «tóxicas insinuaciones» acerca de la implicación del PP en una «presunta conspiración» o «golpe de Estado», lo que tildó de «bulo» lanzado desde Moncloa con la única intención de «tapar» la gestión de la pandemia. Realmente, la pregunta de la portavoz popular versaba sobre «el compromiso con la verdad», según rezaba el texto registrado con anterioridad, pero ya se sabe que en las sesiones de control una cosa es lo que se escribe y otra, lo que se habla. En opinión de Calvo, eso es justo lo que hace la popular. De ahí que le respondiese con el recuerdo de una película estrenada a principios de los 90: ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?. «Usted quiere venir a hablar de la verdad, pero solo manifiesta sus verdades». 
Cuando el ambiente parlamentario estaba abocado a la crispación total, la vicepresidenta, soltó la noticia de la mañana: propuso a la portavoz del PP tomar un café durante «un par de horas». Llega un momento en la política, cuando más arisca está, que las cosas mundanas suenan a gloria. Calvo tomando un café con Álvarez de Toledo. ¿Ocurrirá?
Es probable, lamentablemente, que la invitación se quede en un mero recurso dialéctico.
No fue el único café que se ofreció en el Pleno. También lanzó el guante el popular Teodoro García Egea para que el vicepresidente Pablo Iglesias lo recogiera. Fue el único momento de relax en un rifirrafe mantenido a tumba abierta. La gestión de las residencias de personas mayores y el 8-M suscitaron el aumento de la tensión entre ambos, en una batalla dialéctica en la que se escucharon palabras como «numerito», «vergüenza», «indecencia» o «deleznable».
El Día de la Mujer como contexto político en época de pandemia levantó polvareda cuando la diputada del PP Marga Prohens preguntó por ello a la ministra de Igualdad, Irene Montero. La intervención de la representante popular fue muy aplaudida por su bancada, pero para la número dos de Podemos estuvo llena de «mentiras». 
Todo esto ocurrió el día en que los periodistas, aunque en escasa representación (uno por medio), regresaron a la Cámara Baja. Pero queda mucho para que la normalidad vuelva, sea lo que sea la normalidad. Ver la cafetería a primera hora totalmente vacía cuando en un día habitual de Pleno, a esa hora, estaría llena, lo ilustraba perfectamente. Mientras tanto, sus señorías seguirán hablando de amor o de sexo. Lo de tomar café ya se verá.