Luces en la oscuridad

M.M.G.
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Muchas de las enfermeras y axiliares de enfermería del Hospital deNuestra Señora de Sonsoles se esfuerzan cada día por alegrar, con pequeños pero grandiosos detalles, la soledad de los ingresados

Luces en la oscuridad

Imagine encontrarse enfermo y hospitalizado. Piense (o recuerde, si ha vivido esa experiencia) cómo sería no poder recibir, además, la visita de sus seres queridos. Suponga como sería todo eso si, encima, no tuviera acceso a un teléfono para poder hablar con el exterior.
Pues así se encuentran, por ejemplo, algunos de los pacientes de la séptima planta del Hospital de Nuestra Señora de Sonsoles: personas mayores que afrontan casi en soledad una situación muy complicada.
Afortunadamente para ellos, su día a día cuenta con unos ángeles de la guarda muy especiales: las enfermeras y, sobre todo, las auxiliares de enfermería que han decidido que con pequeños (pero grandiosos, en toda la extensión de la palabra grandeza) gestos, pueden hacer que su hospitalización sea un poquito más llevadera.
Y aunque nos consta que en todo el hospital se multiplican esas especiales estrellas de luz, hoy nos quedamos en la séptima planta, desde donde Pilar, una decidida auxiliar de enfermería, nos cuenta algunas de las medidas que están haciendo para lograr sacar a los mayores alguna que otra sonrisa.
«La verdad es que en la séptima solemos tener abuelos que pasan los días solos, no es algo que pase solo ahora», comienza a explicar. Pero sí que es verdad que en esta situación son todos los pacientes los que no reciben visitas. Algunos de ellos, además, ni siquiera disponen de un teléfono con el que poderse comunicar al exterior. Y eso es duro. Muy duro.
«En la planta hay un teléfono y por la tarde, cuando estamos menos liadas, intentamos hacer una ronda para que todos puedan llamar a algún familiar», nos cuenta Pilar. «Lo agradecen ellos, pero también sus familias», sigue hablando de una tarea que realizan con todo el cariño del mundo y a la que se añaden también las video llamadas que ya ha empezado a hacer el equipo de Atención al Paciente.
Los altavoces de la planta también son una herramienta fundamental para luchar contra la soledad. «Les lanzamos mensajes, por ejemplo, cuando vamos a empezar el turno, para que sepan que ya estamos allí», explica Pilar. Y es que dada la situación pueden pasar hasta dos horas sin que los pacientes vean un rostro amigo en su habitación. «Con el cambio de turno, lo que tardamos en equiparnos...», explica Pilar lo que todos comprendemos pero que cuesta asimilar un poco más cuando se está postrado en una cama.
La idea es que sientan que no están solos. Que hay alguien cerca que les cuida. Y que les anima. «Una abuela me dijo esta semana que ese día era su cumple y me confesó que no iba a hablar con nadie. Entonces se nos ocurrió ponerle una canción por el altavoz y la llevamos el teléfono», pone como ejemplo Pilar, que también ha visto cómo se llevaba tarta y velas a otro cumpleañero, o cómo  una compañera ‘bailaba’ sevillanas con una paciente de Sevilla.
Carteles por la planta. Lo que sea, en definitiva, por hacer más llevadera su estancia. Como los cartelitos de ánimo que les colocan en las bandejas de comida. ‘No hay mejor medicina que tener pensamientos alegres. ¡Ánimo valientes!’, les dicen a través de esos mensajes alentadores.
Como esperanzadores son también los globos que decoran la planta o los carteles que ahora han colocado a la salida de la planta, para todos aquellos que se van con el alta en el bolsillo. ‘¡Lo has conseguido!’, leen antes de volver a casa.