Ponte en mi lugar

M.M.G.
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Mar Palacios, propietaria de la Librería Senén, ha convertido el establecimiento en un punto solidario desde el que hace llegar a familias necesitadas alimentos y ayuda a los niños a imprimir sus deberes, entre otras medidas

Ponte en mi lugar

La crisis del coronavirus ha vuelto a poner de relieve, una vez más, que la de Ávila es una sociedad solidaria. Instituciones públicas, privadas y particulares están moviendo hilos para hacer más llevadera (dentro de lo posible) esta difícil situación. Hoy les hablamos de uno de esos casos individuales que suma su pequeño pero gran grano de arena a una montaña de gestos altruistas de la que todos estamos orgullosos.
Es la historia de Mar Palacios, propietaria de la librería Senén, que en estos complicados momentos ha convertido su establecimiento en un oasis de ayuda y generosidad en el que ella, quiere dejar claro desde el principio, es sólo la cara más visible.
Porque detrás de ella hay muchos abulenses que de manera anónima y desinteresada están colaborando allá donde les es posible. Lo están haciendo, por ejemplo, colaborando con la iniciativa ‘Ponte en mi lugar’, a través de la cual aportan alimentos para familias con dificultades.
«Son familias con niños», comienza a explicar Mar sobre los destinatarios de esta preciosa iniciativa. Cada semana se destina lo recogido a una (o dos) familias seleccionadas. Y es la propia Mar la que les lleva a sus domicilios la ‘compra’. En las bolsas hay pescado, yogures, leche, verdura... Pero también chucherías y otros caprichos que Mar espera puedan sacar una sonrisa a los más pequeños.
«Ya hemos ayudado a cinco familias», habla Mar de los frutos de un trabajo colectivo del que se siente especialmente orgullosa. «Lo mejor es que yo conozco a las familias, conozco sus caras, sabemos a quién estamos ayudando», continúa reflexionando Mar.
Y ésta no es la única manera en la que esta quiosquera ayuda a las familias. Su librería se ha convertido también en un punto de ‘impresión’ de los deberes, trabajos y tareas escolares de muchos niños de Ávila.
«Es que no todo el mundo puede hacerlo en casa, no todo el mundo tiene ordenador e impresora», lamenta Mar, que empezó echando una mano a unos cuantos niños y que ahora se vuelve loca (en el mejor sentido de la palabra) para poder atender todas las demandas. «Me lo mandan por el Whatsapp, por correo electrónico...», cuenta su experiencia como ‘auxiliar de coles’, una ocupación que le lleva buena parte del día pero que atiende con ilusión y ganas.
Pero es que más allá de la recogida de alimentos y de imprimir deberes, Mar ha decidido ayudar también a otro colectivo: al de los mayores.En este caso, Mar ha decidido acercar el periódico a aquellos clientes que, lógicamente, no pueden salir de casa pero que no desean faltar a su cita con la prensa diaria. Mar no les cobra nada por el servicio. No gana dinero. Pero sí sonrisas. Y eso, no tiene precio.
Sonrisas que, eso sí, ahora se esconden detrás de una mascarilla, como las que ella misma también vende en Senén. Son mascarillas hechas por gente como Julia, Fernanda o Sebas, y con las que tampoco busca lucrarse. «Sólo cobramos un donativo y para poder seguir comprando telas, que es lo más difícil de encontrar», matiza.
Sí que tienen un precio tasado las mascarillas infantiles. Pero esos, recalca, lo tienen por una buena causa: todo lo recaudado con su venta se destina a la compra de material para confeccionar batas y mascarillas que, posteriormente, envían al Hospital de Nuestra Señora de Sonsoles.
Bien por Mar y compañía.