La crisis ahonda en la precariedad del empleo doméstico

M.E
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Dos empleadas domésticas que están internas en Ávila lamentan la falta de medidas económicas y de protección para un colectivo vulnerable que se encuentra «olvidado» e «indefenso»

La crisis ahonda en la precariedad del empleo doméstico

La crisis laboral derivada de la crisis sanitaria por la expansión del coronavirus y del estado de alarma afecta a muchos sectores de actividad, pero se ceba especialmente con los más vulnerables. Ahí, entre otros, se encuentra el colectivo del trabajo doméstico. Realizado en su mayoría por mujeres, muchas de ellas extranjeras, a la precariedad que muchas arrastran en su vida diaria, marcada por la economía sumergida o los bajos salarios, suman en estas semanas problemas adicionales relacionados con el Covid-19: despidos por WhatsApp, miedo al contagio propio o ajeno, falta de material, ausencia de cobertura por desempleo, jornadas interminables... Muchas de ellas trabajan, además, cuidando a personas mayores, las de más riesgo, con lo que la labor diaria se complica más en estas circunstancias.
Los sindicatos y asociaciones de empleadas domésticas a nivel nacional ya han denunciado estos días la situación y han pedido medidas de protección para un colectivo que normalmente ya viene acusando la elevada incidencia de la economía sumergida y la merma de derechos como la cobertura de prestaciones por desempleo, al no cotizar por ello y enmarcarse en el Régimen Especial para Trabajadoras del Hogar. En febrero había 1.028 afiliados en Ávila de este régimen, una tercera parte de ellos extranjeros, si bien se calcula que son muchos más los que trabajan al margen de la Seguridad Social. 
En este escenario, las empleadas del hogar se sienten como una de las grandes olvidadas de esta crisis. Indefensas, sin voz ni fuerza, lamentan no encajar en las medidas impulsadas desde el Gobierno ni como autónomas ni como trabajadoras por cuenta ajena. Nos lo cuentan Teresa y Sara, los nombres ficticios de dos trabajadoras del hogar en la capital abulense que desempeñan su labor de forma interna (viven en la casa donde trabajan) y que no han podido parar por el coronavirus. En ambos casos cuidan a personas mayores y lo siguen haciendo con mucha «angustia», señalan, mientras que a algunas compañeras que estaban sin contrato las han ido despidiendo estos días, a veces a través del teléfono.