El Cristo del Caño vuelve a congregar a cientos de barcenses

M.J. Carrera
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El primer domingo de septiembre estuvo marcado de nuevo como la fecha más destacada en el calendario festivo de la localidad, una jornada de plena devoción a su patrón

El Cristo del Caño vuelve a congregar a cientos de barcenses

El primer domingo de septiembre está marcado para todos los barcenses con letra indeleble en el calendario de sus fechas señaladas. Este día, desde tiempo inmemorial está dedicado en la Villa del Tormes a festejar  al  Cristo del Caño. Tras la emocionante procesión de la noche del viernes, en la que la venerada imagen del Cristo era trasladada desde su ermita en la orilla del Tormes hasta la iglesia Parroquial, en  un acto multitudinario que ningún barcense quiere perderse nunca,  los actos religiosos han vuelto el domingo a protagonizar estas fiestas. Un poco antes de las doce del mediodía, las autoridades locales salían desde la Plaza Mayor, acompañadas de la Banda Municipal de música hasta el templo  donde seguidamente daría comienzo la Santa Misa en honor al Santísimo Cristo del Caño. 
La monumental iglesia  casi se ha quedado pequeña para acoger a tantos fieles que han querido acompañar a su Cristo. La misa ha sido cantada, como en la fiesta de San Pedro del Barco por el magnífico Coro de Béjar  dirigido de nuevo por Samuel Pedro Mahíllo. Sus estupendas voces y el vibrante sonido del órgano han puesto la nota musical en esta celebración. Seguida de la misa ha tenido lugar la procesión con  la venerada imagen por las calles principales de la villa acompañada por multitud de barcenses, sus autoridades y la Banda municipal de música. Abría la procesión el grupo local de jotas y dulzainas, que ha protagonizado un bonito momento al llegar a la plaza en la que tuvo su asiento la casa palacio del ilustre barcense  Pedro de Lagasca, donde se  ha detenido la comitiva para que el grupo local bailara unas piezas delante del Cristo. Al término de la procesión, ha tenido lugar, ya en la iglesia, la tradicional ofrenda de flores con la que terminan los actos religiosos.