Un trágico liderazgo

Javier M. Faya (SPC)
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España tiene el triste honor de encabezar, tras Bélgica, la tasa de mortalidad por Covid-19 por cada millón de habitantes, muy por delante de Estados como Francia, el Reino Unido o EEUU

Un trágico liderazgo - Foto: RAÁšL SANCHIDRIÁN

Las perspectivas no son nada halagüeñas en la guerra contra el coronavirus. Los presuntos progresos de China quedan en entredicho pues parece que, como se temía, no ha habido transparencia por parte del Gobierno de Pekín desde antes del inicio de la crisis sanitaria. De hecho, el pasado 16 de abril reconoció 1.290 fallecidos más en Wuhan de lo que se había dicho. A esto hay que añadir que en España, pese a los esfuerzos del confinamiento, la terrible curva de muertes y contagios baja lentamente. Por si fuera poco, en el Reino Unido parece que no hay recuentos fuera de los centros sanitarios, y todo esto con EEUU viviendo un infierno que Trump, a duras penas, minimiza, pues otea en el horizonte las elecciones ante un Joe Biden cada vez más crecido. Pero nada o casi nada se habla de Bélgica, y eso que desde hace una semana tiene un triste honor: ser el país con una mayor tasa de mortalidad por cada millón de habitantes, 576, seguida de España (482) e Italia (429). 
¿Por qué? Sophie Wilmes, primera ministra belga, asegura que tiene la respuesta: «El Gobierno eligió la total y absoluta transparencia al comunicar las muertes relacionadas con la Covid-19». Así, hay registradas 7.094 en un Estado con 11 millones de habitantes.
¿Y qué se entiende por transparencia? En España, que se ha pasado de 409 a 482 en solo una semana en esa tasa, se contabilizan aquellos decesos que estén confirmados mediante prueba diagnóstica. Eso no sucede en el país flamenco. Sus cifras incluyen muertes que se consideran relacionadas con el patógeno, aunque no se hayan realizados las pruebas. «Tenemos el método más detallado», indicó recientemente Maggie De Block, ministra de Salud. Así, no es de extrañar que el crecimiento haya sido espectacular en siete días: de 419 a 576.
Eso sí, varios profesionales sanitarios se quejan de que fallecimientos causados por otras patologías como la hipertensión, la diabetes o problemas de corazón se han agrupado como muertes por Covid-19. En este punto, países como el nuestro tienen bajo sospecha decesos en los que no se hicieron pruebas a posteriori. 
También hay que tener en cuenta que muchas naciones en vías de desarrollo, ya sea en América Latina o África, no tienen capacidad para contabilizar las pérdidas de seres humanos a consecuencia de la pandemia por sus precarios recursos y, a menudo, por el miedo de sus gobernantes a crear alarma, se ocultan deliberadamente datos. 
Independientemente de la falta de transparencia informativa en algunos países, o el exceso de celo en los recuentos como parece ser el caso de Bélgica, lo que resulta evidente es que el virus se ha ensañado con los ancianos. Y en este punto el país centroeuropeo, Italia y España tienen mucho en común: una esperanza de vida muy alta (entre los 81,4 de los flamencos y los 83,33 de nuestros nacionales), lo que eleva el número de personas mayores.  
octogenarios. El perfil de los fallecidos en el tétrico podio es de una persona de 80 años que haya tenido patologías previas. Hay que tener muy en cuenta que uno de cada 10 muertos no llegaba a los 60. Es una enfermedad letal para los ancianos.
Quizás esto sirva para explicar en parte cómo es posible que la tasa de mortalidad por cada millón de habitantes en Portugal (84, con 903 finados) sea muchísimo más pequeña que en España (482, con 23.190). Yes que la edad media de los lusos es de 39,7 años y la de los nacionales 44,3. No obstante, por esa regla de tres, los italianos, que son más jóvenes que los peninsulares (38,5) deberían tener mejores números, pero no es así. ¿La razón? Las políticas que se han llevado a cabo en estos países y la rapidez con la que se actuó conforme se iba expandiendo la enfermedad de este a oeste.  
La edad media tampoco juega en favor de Bélgica (50,9). Y habrá que seguir con especial atención a lo que vaya sucediendo en el Reino Unido, que puede desbancar a belgas, españoles e italianos de la cabeza de esta trágica lista -se acerca a Francia, cuarta-, ya que a la falta de transparencia de Boris Johnson se suma una media de 830 decesos diarios desde hace una semana y una edad media de 53,5 años; los abuelos del Viejo Continente, justo detrás de los suizos (54,9).
Por último, en esta búsqueda de causas para explicar la triste cifra de España hay que analizar las estrategias llevadas a cabo. Recientemente, un estudio del centro de investigación internacional Deep Knowledge Group analizó la respuesta de 150 países frente al coronavirus y las conclusiones para el Gobierno son demoledoras: España es el peor país de Europa en el ranking de seguridad frente a la pandemia. En segundo lugar por la cola está Italia y cuarto, el Reino Unido. Son 24 criterios agrupados en cuatro bloques:la eficacia de la cuarentena, la eficiencia de la gestión del Gobierno, la monitorización y detección del virus y la disponibilidad de medios sanitarios para hacer frente a la pandemia. Este punto negro es especialmente dramático: somos el país con más contagios entre los profesionales de la Sanidad, con un 20 por ciento, 10 puntos más que Italia.