Cartas boca arriba en Cataluña

Antonio Pérez Henares
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La 'hoja de ruta' separatista del Gobierno regional ha quedado al descubierto y deja al Estado ante una compleja situación en la que el Ejecutivo estará obligado a aportar más que palabras

El presidente Artur Mas anuncia la fecha y preguntas de la consulta - Foto: EUROPA PRESS

Se acabó el juego. El órdago separatista está echado. Ilegal, inconstitucional, un descarado intento de expropiación de su soberanía al conjunto del pueblo español, una violación de su propio voto y compromiso, una traición sin paliativo alguno. Pero ahí está y ahí están dispuestos a ejecutarlo. No valen paños calientes ni el seguir suponiendo, no hay más ciego que quien no quiere ver, que en realidad no quieren ir tan lejos. Los untosos portavoces que circulan por Madrid y sus tertulias pretendiendo con doblez de palabras y contumacia en hechos han quedado al descubierto. Las cartas están sobre la mesa.
Queda al descubierto al fin la vieja hoja de ruta separatista. Queda en absoluta agua de borrajas toda la milonga aquella de lo que se buscaba era un mejor encaje en España y queda tristemente desacredita aquella política sistemática de cesión y apaciguamiento que todos los gobiernos, sin distinción de siglas, practicaron. Queda también expuesta en toda su insensatez y miseria aquella irresponsabilidad zapataril de aliento, amparo y barra libre contra su propia Nación, en sus propias palabras, «discutida y discutible». Queda claro y diáfano el reiterado papel de tonto útil de una izquierda desnortada en principios que por convencimiento, Maragall, o ansia de poder y onnubilación, Montilla le ha puesto alfombra roja y patina progresista a la más reaccionaria ideología, haciéndole el inmenso favor encima de pasar a su ribera unas bases electorales que en absoluto compartían tales posiciones. Destruyendo, de paso, a su propio partido y pasándolo de hegemónico a residual.
Todo eso, lo de los unos y lo de los otros, queda ahora en el pasado. Al menos ya nos dejamos de engaños. El último, ese de que Mas se ve empujado, está también derruido. Artur Mas, como los Pujol, están perpetrando lo que siempre han querido hacer. Lo que tenían previsto realizar. Todo lo anterior han sido caretas y medidos pasos hacia la meta final. Pero lo dicho. Todo ello es ya pasado.
Ahora llega una hora donde ya cada cual ha de retratarse en negro sobre blanco y sin disfraces. Y en ello, al igual que ha de ser clara la memoria sobre las posiciones y derivas del PSC, hay que congratularse hoy de la recuperación de la cordura y de su propia identidad por parte del PSOE y del PSC. En medio de la niebla, con el agua al cuello y sin orilla, forzados quizás por el instinto de supervivencia, pero también por la comprensión, aunque no se confiese, del disparate cometido, los dirigentes socialistas han optado, tras mil balbuceos y dudas, por el único sitio en que como socialistas y partido que aspira a dirigir a todos los españoles pueden estar.
Esta es sin duda una buena noticia en medio de la tribulación. Porque el asunto es de una gravedad extrema, el peor desfiladero con final en abismo por el que España va a transitar en todo su periplo democrático.
La noticia del Gobierno era la esperada y ha sido la precisa. Nunca he suscrito los exabruptos de ciertos sectores exigiendo al presidente proclamas y voces. Lo que hay que demandarle es que cumpla con su obligación. Con templanza y con firmeza. Que diga cuando tiene que decir, como ayer y haga, cuando toque, lo que está obligado a hacer: «Esa consulta no se va a celebrar» porque ni quiere, pero es que tampoco puede, pues no está en sus atribuciones negocia, ni trocear la soberanía nacional que corresponde a todo el pueblo español. Eso sería algo más que dejación, sería traición a lo que ha jurado respetar y defender, la Constitución y las leyes.
Ayer Rajoy lo dijo. Pero sabe que le van a obligar a algo más que palabras. Que tendrá que afrontar hechos y a ellos con hechos habrá de responder. Ese será el día, la hora y el momento. Y es importante que, al menos en algo tan trascendental, el primer partido de la oposición este al lado, al margen de siglas, de lo que nos une y nos trasciende: una misma patria de ciudadanos que alguien pretende unilateralmente trocear.
Y en estos días que vienen, de definitiva caída de disfraces, ya no quedará antifaz que ponerse a tantos que han jugado a la ambigüedad. A lo mejor porque no tenían otra que ponerse de perfil. El empresariado catalán vive en la zozobra, pero no puede pretender seguir detrás del burladero. Va a tener que salir al redondel.

Fin de la partida. Al que han salido ya los sindicatos. Comisiones y UGT en Cataluña apoyando la consulta, y déjense de gaitas, que ya no hay aire, eso es apoyar la secesión. Y habrá que estar atento a la decisión de sus direcciones nacionales. Otro tanto pasa con IU. En Cataluña son los abajo firmantes con la triada separatista, CIU, ERC y CUP. En el resto de España ¿Qué posición van a adoptar?
Lo veremos en el voto en el Congreso. Porque el siguiente paso ha sido pedir al Parlamento la preceptiva autorización para realizar el referéndum. Ahí es donde el órdago separatista encontrará la primera respuesta. Ahí es donde la soberanía nacional emitirá un mandato. Ahí es donde habría de concluir la partida. Pero tengo claro, absolutamente, que para nada va a terminar. Porque esa decisión es la que los secesionistas no van a acatar. Como tampoco respetaran, si les es contraria, la del Tribunal Constitucional. Y será entonces, cuando contra la ley, contra la constitución, contra la soberanía del pueblo español, pretendan por la vía de los hechos consumados imponer su voluntad cuando llegara para todos el instante decisivo que hoy da vértigo y que provoca el más razonable de los temores. Porque a lo que nos están abocando los separatistas catalanes da miedo.