Formación, la otra pata de la cardioproteción

E.Carretero
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Formación, la otra pata de la cardioproteción - Foto: Ana I. RamÁ­rez

La instalación de desfibriladores en empresas, entidades y administraciones requiere también, y así lo establece la normativa, de personal formado específicamente en el manejo de estos equipos

Ayuntamientos, asociaciones e incluso empresas han incorporado en los últimos tiempos equipos de cardioprotección a sus instalaciones, especialmente en aquellas donde se registra una mayor afluencia de personas para poder hacer frente a una posible situación de parada cardiorespiratoria, que se produce cuando los estímulos eléctricos del corazón se vuelven de repente caóticos provocando que la sangre deje de bombear eficazmente.  Así, muchos de los polideportivos municipales de esta provincia cuentan ya con desfibriladores externos semiautomáticos (DESA), como así ocurre, por ejemplo, en el caso de Candeleda, Burgohondo, Arévalo, Arenas o Sotillo de la Adrada. También en la mayoría de las piscinas municipales se han apuntado a la cardioprotección, así como varias agrupaciones de Protección Civil cuentan ya con una dotación de este tipo de la que también disponen en el Ayuntamiento de Mijares desde hace algún tiempo y tras una iniciativa solidaria, consistente en la venta de pulseras, en la que se implicó a todos los vecinos.
Pero no solo las administraciones se están concienciando sobre este tema ya que también algunas empresas, sobre todo las de mayor tamaño, también se han dotado de equipos de este tipo  para hacer frente a una posible emergencia.

Otro de los espacios cardioprotegidos es el Palacio Los Serrano, donde hace tres años se instaló un  DESA. «Entendemos que es necesario tenerlo porque por aquí pasa mucha gente al ser un espacio cultural», explica Laura Marcos, la directora de la Fundación Ávila, los motivos que llevaron a esta decisión que conllevó también la formación de media docena de trabajadores. No en vano, el Decreto de la Junta regula que el personal no sanitario que haga uso de los DESA ha de contar con la formación adecuada, reglada también a través de este Decreto, y disponer de la pertinente autorización e inscripción en el registro regional, pudiendo asimismo el personal autorizado en otra comunidad autónoma usar estos aparatos tras su inscripción en el registro relativo al uso de desfibriladores semiautomáticos en Castilla y León.
Por ese motivo, una pata importante dentro de la cardioprotección es la formación ya que aunque los equipos DESA son intuitivos y fáciles de utilizar no cualquiera está capacitado para su uso y más teniendo en cuenta que «ante un paro cardiaco, cada minuto cuenta» por lo que saber utilizar un desfibrilador puede ser decisivo como defienden desde Cruz Roja, una de las entidades formadoras en el uso de desfibriladores que integran el registro regional y donde todos los voluntarios de Socorro y Emergencias cuentan con esta formación que también se ofrece a empresas y entidades externas, así como a particulares.
«Para manejar un DESA se necesita contar con una formación mínima de ocho horas, inscribirse en el registro de Castilla y León y cada dos años hacer un reciclaje de cuatro horas», explica Sara Escudero, coordinadora provincial de Cruz Roja, que insiste en la importancia de estar debidamente formado. «El manejo de un desfibrilador conlleva mucha responsabilidad, ya que si alguien lo utiliza sin la formación exigida y sin estar inscrito en el registro regional y las cosas salen mal no sabemos hasta qué punto puede tener efectos legales el uso sin estar capacitado para ello», reflexiona la responsable de Cruz Roja.
El curso de formación para el manejo de desfibriladores es «muy práctico» gracias a que se utiliza un  DESA de entrenamiento que reproduce muy fielmente la situación de parada cardiorespiratoria, explica Estefanía Garrido, responsable de Formación de Voluntariado de Cruz Roja, que apunta que en esta formación también se enseña a atender una parada sin equipo desfibrilador, lo que es muy importante teniendo en cuenta que la muerte súbita cardiaca es una de las causas más frecuentes de muerte en los países desarrollados y que la rapidez con la que se trata al paciente en estos casos es clave, pues por cada minuto que pasa sin que actuemos, se reduce un 10 por ciento la supervivencia.