El resurgimiento de la ultraderecha

P.R.
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El resurgimiento de la ultraderecha - Foto: David Castro

El economista Bruno Estrada presentó en Ávila su libro 'La revolución tranquila', habló del afloramiento de estos partidos en Europa y fue critico el papel de los partidos de izquierda

El afloramiento de los partidos de extrema derecha suponen un peligro para la sociedad actual, según sostiene el economista Bruno Estrada, autor del libro ‘La revolución tranquila’ , que ayer fue presentado en el Salón de Actos de CCOO. Para Estrada esta situación se ha generado como consecuencia de la crisis económica,  que «ha dejado muchos perdedores en el camino y la izquierda no ha sido capaz de dar soluciones a esa situaciones de mucha gente, que ha perdido sus condiciones de vida y tiene unas expectativas muy bajas de cara al futuro». Sostiene que al no dar la izquierda respuesta y alternativas reales, «mucha gente se ha refugiado en propuestas demagógicas de la extrema derecha”» Para Bruno Estrada, una diferencia interesante entre Suecia y España es que «a pesar del incremento del partido ultraderechista en Suecia, en este país ha habido un acuerdo de todos los partidos, incluso los de derecha de que ese partido no llegue al gobierno. En España no hemos tenido esa situación en Andalucía. La democracia está más consolidada en los genes de los suecos, porque llevan por delante cien años de prácticas democráticas». 
También se refirió al peligro de restringir libertad para alcanzar una mayor igualdad. Recordó en este sentido que  «hubo un momento –dijo el economista–  que parecía que una parte de la izquierda planteó que se podían sacrificar espacios de libertad para conseguir mayor igualdad. Eso al final se ha demostrado que no lleva a resultados positivos porque, en el fondo, libertad es tener capacidad  de intervención sobre decisiones colectivas». Habló igualmente de los procesos de transformación social, aquellos  que calan en la sociedad. «En el fondo son procesos lentos, no violentos, y tienen llevar un cambio de valores del individuo». Planteo la necesidad de que debemos utilizar instrumentos democráticos para cambiar la sociedad, «pero en un plano no tan abrupto como en el pasado», porque, dijo,  se identifica la revolución con procesos violentos y ahora tenemos  más mecanismos que antes». También se refirió a la necesidad de democratizar la economía.  Puso como ejemplo un caso que se produjo en los años ochenta en Suecia, que es poco conocido. «El gobierno de Suecia, un gobierno de izquierdas, a propuesta de los sindicatos, planteó que las empresas estaban obligadas a pagar parte del salario de los trabajadores en forma de acciones de la empresa, que se gestionaban mancomunadamente. De forma que en un plazo de tiempo de 20-30 años estas empresas serían propiedad mayoritaria de los trabajadores. Esto estuvo en vigor siete años en Suecia y durante esos siete años  el Producto Interior Bruto creció de forma exponencial, pasó de ser el 76 por ciento del PIB americano al 128 por cien y el desempleo bajó al 1,9 por ciento. Cuando los trabajadores intervenimos en las decisiones del destino del beneficio de las empresas, se opta por revertir en la empresa y no al bolsillo de los accionistas. Así se reinvierte en más capacidad de empleo, en  formación de los trabajadores, mayor cualificación, etc».