Los protocolos en los tanatorios cambian radicalmente

D.C
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El velatorio en las salas queda reducido a la presencia máxima de cinco o seis personas, solamente familiares directos, y el traslado de los difuntos se hace directamente al cementerio o el crematorio sin pasar antes por la iglesia

Los protocolos en los tanatorios cambian radicalmente - Foto: Isabel García

Los radicales cambios que en las costumbres habituales de nuestra sociedad está provocando el estado de alarma por el coronavirus, al que nada se escapa, han llegado también al ámbito de lo que tiene que ver con el tratamiento de las personas que fallecen, desde el momento de la muerte al de su inhumación o incineración.

Tal y como explican desde los tanatorios Antonio Álvarez e Isabelo Álvarez, “nuestros protocolos han cambiado radicalmente para adaptarnos, buscando siempre garantizar las máximas medidas de seguridad posible para los familiares, para nosotros y para el conjunto de la sociedad, y en cumplimiento de las normas fijadas por el Gobierno, a una situación excepcional que no habíamos conocido nunca antes”.

El primer cambio significativo tiene lugar a la hora de velar a los difuntos en los tanatorios, un lugar en el que desde hace unos días no se permite que haya más de cinco personas al mismo tiempo en la sala, número muy bajo que además se restringe a los familiares más directos y con las recomendaciones de que mantengan la distancia de seguridad mínima de un metro, que no estén allí mucho tiempo y que mantengan todas las medidas de higiene hechas públicas en la medida de lo posible (mascarillas, guantes, líquido desinfectante para las manos…), a lo que se suma el consejo de que no acudan al velatorio personas mayores.

Esta nueva situación, comentan desde los tanatorios, es lógicamente dolorosa para los familiares, porque el apoyo que significa tener al lado en momentos tan difíciles a muchas personas queridas ha quedado reducido al mínimo, pero todos ellos están mostrando comprensión y colaboración en una situación de resignación que pesa bastante. “Las familias están demostrando estar muy concienciadas, les duelen esos cambios pero lo entienden por su seguridad y por la de los trabajadores de la funeraria; en general, a pesar de la situación tan difícil que atraviesan, tienen una conducta ejemplar”.

El siguiente cambio con respecto a lo habitual hasta hace una semana es que una vez que el cuerpo del difunto sale del tanatorio no puede ser llevado a una iglesia, tras la decisión del Obispado de suspender las misas, por lo que la despedida del ser querido antes de su entierro o incineración queda reducida a un responso en esos lugares, también con una presencia muy limitada de personas.

Y eso ocurre con esas restricciones si la persona fallecida no es sospechosa de haber tenido coronavirus, porque si existiese confirmación de ese extremo o alguna sospecha la situación es extrema. El cuerpo pasaría directamente a una cámara del tanatorio una vez recogido, siempre en un saco sellado y con el féretro sometido a las máximas medidas de desinfección, y no se daría a los familiares la posibilidad de velar el cadáver en la sala”.

También los trabajadores de las funerarias han visto como sus protocolos de actuación se revolucionaban, ya que desde el decreto del estado de alarma su actividad la llevan a cabo con medidas especiales de protección, extremas en caso de sospecha de muerte por coronavirus.



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