«La sociedad moderna ha desarrollado una intolerancia a la frustracción»

Ana Agustín
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Pedro Domínguez, jefe de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Ávila. - Foto: Antonio Bartolomé

Según algunos estudios realizados recientemente, el consumo de fármacos hipnóticos ha crecido un 21 por ciento desde 2007, en coincidencia con el comienzo y posterior desarrollo de la crisis en la que aún nos encontramos sumergidos. Una crisis que destruye empleo, recorta ayudas sociales, educativas, sanitarias... y que, tal y como parecen apuntas estos trabajos, no nos deja conciliar el sueño.
Para abundar en cual es la repercusión que la crisis puede tener en nuestra psique, Diario de Ávila ha mantenido una conversación con el doctor Pedro Domínguez, jefe del área de Psiquiatría del Compleo Asistencial de Ávila.
¿Cree usted que la crisis está repercutiendo en el incremento de consultas en Psiquiatría?
No se puede responder a esa pregunta sin haber hecho un estudio riguroso y serio previamente pero sí es cierto que se ha producido un incremento, en general, en las consultas que tienen que ver con temas de ansiedad, depresión y  lo que nosotros llamamos problemas de la vida diaria.
¿A qué se considera en el ámbito de la psiquiatría problemas de la vida diaria?
Quiero decir que está aumentando el número de consultas por problemas que antes la gente no consultaba. Por ejemplo, estamos viendo muchas consultas por problemas de pareja, problemas laborales, familiares, de duelos simples, no complicados.
¿Eso que quiere decir doctor? ¿Nos estamos haciendo débiles emocionalmente?
Eso quiere decir que se buscan en la medicina soluciones a problemas que no tienen la solución en la medicina. La medicina no puede erradicar el dolor o el sufrimiento, las dificultades de la propia vida y la adaptación. Se está desarrollando una intolerancia a la frustración y eso supone un aumento de consultas tratando de buscar soluciones que, muchas veces, nosotros no podemos dar.
¿Desde cuando viene apreciando este incremento de intolerancia a la frustración?
Es un proceso que se inició antes de la crisis pero que, quizás, se ha incrementado con ella. También vemos que nos vienen a pedir soluciones que evidentemente, el profesional, sea psiquiatra o psicólogo, no puede aportar.
¿Soluciones a qué tipo de problemas?
Por ejemplo a problemas económicos, muchas veces forzando los límites de nuestra actuación. Algunas veces vienen personas que nos piden un informe para poder acceder a una pensión y el problema que tienen no justifica el cobro de esa pensión.
Realmente, vemos que la gente está buscando soluciones médicas a problemas sociales, laborales, familiares, de convivencia, económicos... Y no está en nuestra mano el poder resolverlo. A veces puedes ayudar un poco pero no siempre.
¿Podríamos decir que la intolerancia a la frustración es una patología de la sociedad moderna?
Yo creo que es cierto que tenemos una patología cultural que tiene mucho que ver con las condiciones de vida de la sociedad actual en la que hay una dificultad de adaptación al sufrimiento y al esfuerzo. Hay motivos de consulta  que realmente antes no se producían nunca. Hay gente que viene preguntando si creemos que debe tener un hijo, por ejemplo. Y eso es una cosa que tiene que decidir la mujer con su pareja, me parece, ¿no?
Ahora, la psiquiatría actual está volviendo a conceptos anteriores que están cobrando mucha importancia, como por ejemplo, el concepto de resiliencia.
¿Qué es la resiliencia?
Es la capacidad que tienen los materiales para, después de sufrir un estrés, volver a situación original. Así que, en un futuro próximo, la psiquiatría y la psicología van a tener que centrarse en reforzar estas capacidades de afrontar los problemas de las personas porque  estamos viendo que hay una dificultad creciente en adaptarse al sufrimiento, al dolor, al fracaso o las frustraciones que son vicisitudes habituales en la vida. Hace años era impensable que la gente acudiera a un psiquiatra o psicólogo porque se le ha muerto el abuelo de muerte natural y ahora sí lo hacen. Este tipo de demandas obedecen a una serie de trastornos adaptativos y estamos convirtiendo en patologías cosas que son situaciones adaptativas normales.
¿Pónganos otro ejemplo de estos trastornos adaptativos?
Por ejemplo, el llamado síndrome postvacacional. Cuando uno está habituado a tratar patología graves, que nos digan que hay un síndrome depresivo por volver de vacaciones, nos produce cierta perplejidad. Lo que hay es un pequeño desajuste que se soluciona con un esfuerzo adaptativo. Estamos psicologizando y spsiquiatrizando aspectos de la vida que deberían resolverse de otra manera.
¿Cree usted que la crisis puede propiciar una vuelta a la ‘cordura’?
Puede ser. Tal y como ocurre en cualquier crisis, si se aprovecha la situación, que en principio es negativa, puede haber un crecimiento en todos los sentidos. Yo creo que hay una percepción generalizada de que teníamos unas facilidades en algunos aspectos, quizás,  excesivas y la crisis puede conseguir que optimicemos más los recursos.
¿Se ha incrementado el número de consultas en Psiquiatría en los últimos años?
Si analizamos los datos de 2011 hemos percibido un incremento muy considerable del número de ellos con respecto al año anterior, 2010. En 2010, contabilizamos 14.000 consultas en números redondos mientras que en 2011 fueron 16.000 los pacientes que acudieron a esta unidad del Complejo Asistencial. Son 2.000 consultas más, un incremento muy considerable. Sin embargo, en 2012, los datos han vuelto a revelarnos una bajada, no sabemos muy bien por qué y se han atendido casi 14.000 consultas, situándonos en cifras similares a 2010.
Y, ¿cuales son las patologías más frecuentes que se han tratado?
El 20,8 por ciento de las patologías atenidas en 2011, último periodo del que hemos extraído estos datos, fueron reacciones a estrés y trastornos de adaptación, los trastornos del humor supusieron un 16 por ciento y los de ansiedad, un 12 por ciento; mientras que el 17 por ciento fueron trastornos afectivos.
Lo que está claro es que en los dos últimos años se han incrementado los casos de depresión y ansiedad.