Vivir en el asfalto

Agencias
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Leo, Agustín y José María siguen transportando ganado en tiempos de coronavirus, uno de los sectores que no se detiene para que el producto llegue a toda la población

La carga de trabajo de los camioneros aumenta en el ámbito nacional, mientras cae en el internacional.

Leo, Agustín y José María son sólo tres de los miles de transportistas de ganado que estos días de pandemia no paran de trabajar porque la suya es una actividad esencial: viven pegados al asfalto y ninguna crisis sanitaria (ya sea humana o animal) ha podido hasta ahora con este resiliente sector.
Son una parte más de la importante cadena alimentaria porque, sin ellos, no habría compra-venta de ganado o transporte de animales para el sacrificio y nada les para a pesar de haber vivido momentos difíciles como la expansión de la Peste Porcina Africana (PPA) en la ganadería española en la década de los años 90, el conocido como mal de las vacas locas, también a finales del pasado siglo, o ahora esta crisis del coronavirus.
Esta actitud no indica que estos contratiempos no les afecte porque en épocas de crisis sanitarias saben que el movimiento de ganado se ve alterado de una u otra manera y las medidas higiénico-sanitarias de los transportistas y de sus camiones se refuerzan de una forma muy evidente.
Leo Bellelli lleva normalmente vacuno y porcino y cuenta cómo la incertidumbre se ha apoderado de muchos comerciantes que no saben si comprar ganado, por lo que toman las decisiones a última hora y eso impide a los transportistas programarse la semana como normalmente hacían.
Aunque la actividad de su empresa no ha parado, sí señala que un camión que antes hacía dos viajes por semana ahora hace solo uno, lo que se acabará notando en la facturación de la compañía a final de año.
Leo está, no obstante, «tranquilo» porque entiende que «esto se va a arreglar»: «Hay un poco de incertidumbre y preocupación pero con el ganado hemos superado ya muchos contratiempos en otros momentos» por lo que «estamos acostumbrados a estos períodos con ciertas dificultades».
Agustín Tomás es gerente en la empresa Ganados Agustín y Josan y la propagación del coronavirus en su caso ha traído una mayor carga de trabajo en los transportes nacionales durante las primeras semanas debido a que muchos ganaderos prefirieron adelantar salidas de animales hacia el matadero para «cobrarlas cuanto antes» ante los acontecimientos que se avecinaban.

 

Más controles

Por el momento, tanto Leo como Agustín están confiados desde el punto de vista sanitario de las explotaciones y los transportes que se realizan a los animales. Destacan el importante refuerzo de las medidas en estos días: «Hay infinidad de controles» en granjas grandes y mataderos y «hacen hasta distintos test a los trabajadores preguntándoles dónde has estado».
No hay problema tampoco, señala Agustín, en cuanto al suministro de guantes o mascarillas. «Cuando llegan a estas instalaciones se las proporcionamos a los trabajadores, además las labores de desinfección son «muy completas», remarca.
También José María Vivar, que gestiona junto a su hermano una flota de 25 camiones, subraya que esas medidas de seguridad sanitaria se están cumpliendo en los puntos de carga y descarga de ganado.
Al ser una actividad «esencial» su trabajo se mantiene pero en un nivel ligeramente inferior al normal, «al 80 por ciento de actividad», apunta.
Fundamentalmente, ese descenso se debe al menor número de viajes que están haciendo al resto de Europa donde los operadores han relajado sus demandas por la incertidumbre.
La crisis de la pandemia del COVID-19 pasará y este gremio continuará con su labor, muchas veces invisible, pero esencial para que el consumidor final pueda degustar la carne que prefiera en el momento que le apetezca.