Solos y aislados

M. Sequeiros (EFE)
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Unos 4,7 millones de españoles viven sin compartir techo con nadie, lo que conlleva ventajas ante el confinamiento, como la reducción del riesgo de contagio, pero también inconvenientes

Solos y aislados - Foto: Javier Etxezarreta

En España hay unos 4,7 millones de personas que viven solas; más del 10 por ciento del total de la población, a las que hay que sumar otras que, por distintas circunstancias, se han quedado sin compañía y aisladas en sus hogares por la pandemia.
Son unos particulares «náufragos», como Robinson Crusoe, que pasan la cuarentena encerrados en «islas» de cuatro paredes, y que no tienen que preocuparse por guardar con nadie la preceptiva distancia de seguridad de un metro.
Tampoco tendrán que lavarse las manos continuamente porque es menos probable que haya en sus viviendas materiales contaminados. Pero también tiene sus riesgos.
Para combatir esta soledad, en las ciudades y los pueblos con buena cobertura, los chats de amigos y familiares se han convertido en la mejor compañía. Así que, la estadística personal de uso diario del móvil puede arrojar una balance de 12 horas al acabar la jornada.
Y es que las personas que viven solas no han acumulado rollos y rollos de papel higiénico para superar esta cuarentena, sino que han optado por ampliar el espacio virtual de su vida, el que no ocupa lugar.
Así, Anna, una funcionaria de 32 años que vive sola, casi quema el whatsapp, no solo en el ámbito personal sino sobre todo laboral, ya que teletrabaja por las mañanas. Este encierro lo vive en un apartamento de unos 30 metros cuadrados, pero la compensa con la cercanía de los vecinos, con los que hablar «manteniendo las distancias». Por ahora, lleva bien esta soledad porque está «acostumbrada», aunque ya nota que busca más interacción por este aislamiento. Además, venía ya de un período de encierro, tras haberse presentado a unas oposiciones en enero.
Un caso parecido le ha ocurrido a David, un empresario de 47 años, que se está recuperando de una lesión y que llevaba un tiempo «atrapado» en casa. Ahora que empezaba a «ver la luz» ha tenido que adaptarse porque «no queda otra» y realiza la fisioterapia por su cuenta dos veces el día. Su receta para soportar esta soledad se basa en «mantener las rutinas» y «ralentizarlas».
La mayoría de los más de 4,7 millones de personas que vivían solas en 2018, según la última encuesta  de hogares el Instituto Nacional de Estadística, tenían menos de 65 años, es decir, constituían el 57 por ciento de los núcleos unipersonales. En este tramo de edad, viven solos más hombres que mujeres, el 59 por ciento frente al 41. Un reparto que se invierte al superar los 65 años (el 72 por ciento mujeres).
La soledad es dura al recordar a los que ya no están. Eso le pasa a Carmen, una jubilada de 81 años que se quedó viuda hace tres, e intenta no dejar del todo aparcada su rutina diaria. Pasa las tardes practicando «un poco de inglés y francés». Por la mañana, ve «un poco la tele», cuando habitualmente dedicaba esta parte del día a sus actividades fuera de casa, y también destaca que al menos «no se discute con nadie», como puede pasar con algunas familias que se ven obligadas a convivir a todas horas.
trucos. Cada uno tiene sus remedios para afrontar el aislamiento en soledad, hay quien ha optado por llevar un diario y quien tacha días en el calendario como un preso que marca muescas dentro de su celda, y quien ya ha empezado a limpiar a fondo los armarios y los pomos de las puertas, los cristales, todo lo que encuentra a su paso.