La tos, amenaza terrorista

Helen Cook (EFE)
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Varios estadounidenses se enfrentan a penas que pueden alcanzar los siete años de prisión y los 26.000 dólares de multa por haber tosido adrede sobre la comida u otras personas

La tos, amenaza terrorista - Foto: MICHAEL REYNOLDS

Con la vertiginosa propagación del coronavirus en EEUU, el país, y sobre todo su costa este, está tomando serias medidas para intentar frenar el avance, entre las que se encuentra el haber acusado a varios ciudadanos de amenaza terrorista por toser intencionadamente sobre otras personas.
Uno de los casos más notorios fue el de una persona de Nueva Jersey, George Falcone, que se encontraba la pasada semana haciendo las compras en un supermercado cuando tosió, supuestamente adrede, cerca de una de las empleadas del establecimiento, tras lo que le informó de que tenía coronavirus.
El temerario acto se produjo después de que la empleada le solicitara a Falcone que se alejara tanto de la comida expuesta como de ella, porque estaba demasiado cerca, a lo que el cliente respondió acercándose aun más y tosiendo mientras reía, según explicaron las autoridades.
Como consecuencia, Falcone ha sido acusado de amenaza terrorista en tercer grado y de obstrucción de la ley, concretó el fiscal general del estado de Nueva Jersey, Gurbir Grewal, y se enfrenta a una pena de prisión de hasta siete años y una multa de 26.000 dólares.
El gobernador de la región, Phil Murphy, describió a este tipo de ciudadanos como «cabezas huecas», y quiso lanzar un aviso muy claro a la población para que no se vuelva a repetir una acción similar.
En Pensilvania, un estado vecino de Nueva Jersey, también tuvieron lugar casos similares, como el de Margaret Cirko, de 35 años, que decidió empezar a toser sobre alimentos que se hallaban en la sección de panadería y carnicería de un pequeño supermercado en Hanover, comida que, por precaución, acabó en el cubo de la basura.
Durante su acción, considerada como una «burla retorcida» por el propietario del supermercado, Cirko supuestamente gritó «tengo el virus, todos os vais a infectar».
Durante su comparecencia ante un juez, se le impuso el pago de una fianza de 50.000 dólares si quería permanecer en libertad, tras lo que fue trasladada a la cárcel del condado de Luzerne.