Tres meses de pesadilla

D.C
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La sociedad abulense ha vivido desde la declaración del estado de alarma el 14 de marzo catorce largas y duras semanas de confinamiento que se fueron relajando a partir del 26 de abril, cuando los niños pudieron volver a pisar la calle

Tres meses de pesadilla - Foto: David Castro

Hasta hace unos meses casi nadie sabíamos situar en el mapa la ciudad china de Wuhan, pero a comienzos de este año comenzó a tomar tanta presencia que se convirtió en epicentro universal. Allí  se identificó por primera vez a finales del pasado año una neumonía hasta entonces desconocida, de una enorme agresividad y brutal capacidad de contagio, tanto que se extendió rápidamente por todo el planeta y el día 11 de marzo la OMS la reconoció como una pandemia global. En España el coronavirus comenzó a convertirse en un problema público a finales de febrero, cuando dos focos centrados en Torrejón y Vitoria comenzaron a plantear la conveniencia de reducir los contactos personales en el trabajo, el colegio y la vida normal.  
El 5 de marzo las consecuencias comenzaban a notarse en Ávila con la aprobación de controles laborales de los funcionarios municipales (fichar con firma en vez de con huella) y la recomendación por parte del Obispado de eliminar besapiés y besamanos, que al día siguiente añadía el vaciado de las pilas de agua bendita de los templos y aconsejaba eliminar el contacto físico al darse la paz… Madrid, donde la pandemia crecía mucho, ordenaba el cierre de 213 centros de mayores.
El 9 de marzo la dimensión del problema llegaba al extremo nunca visto –a partir de ese momento veríamos otras muchas cosas que no habíamos visto antes, ni siquiera habíamos pensado que pudiesen ocurrir– de cerrar centros escolares en Madrid y Vitoria para luchar con la propagación de la pandemia. El día 10 se habían registrado ya 36 fallecidos en España, y  Castilla y León preparaba un plan que evitase que la epidemia derive en una recesión.
El día 11 la pandemia se hacía presente en primera persona en Ávila, con la detección del primer caso por coronavirus en la provincia, y en el inicio de una situación de «alarmismo» creciente empezaba una cascada de aplazamientos y suspensiones de actividades, mientras; en el ámbito docente, se mantenían abiertos los centros formativos, pero se suspendían excursiones y actividades fuera de los edificios ; al día siguiente se incrementaba la ‘escalada’ con el cierre de bibliotecas, piscina municipal y centro de mayores, además de que se procedía a suspender las clases en el campus de la USAL y en la Escuela de Policía.
La situación explotaba el sábado cuando se hacía efectivo el cierre casi generalizado de cualquier actividad pública, en una provincia en la que aún no había más que tres casos confirmados, y se daba a conocer que el Gobierno iba a decretar el estado de alarma para un periodo que iba a ser de quince días.
El domingo, oficializado ese estado de excepcionalidad, Ávila, igual que el resto de España, se convertía en un territorio ‘fantasma’, de calles deshabitadas, en el comenzaba una durísima travesía, mucho más de lo que podían haber previsto los más pesimistas, que cambió la sociedad por completo en todos los aspectos, no solo en el sanitario, y que nos obligó a reinventarnos porque estábamos sumidos en una situación impensable unas semanas antes.
Llegaron días muy duros para todos y en todos los sentidos, especialmente porque las muertes aumentaron de forma dramática, el aislamiento fue la norma y el miedo lo llenó casi todo. El domingo 15 Ávila era la cuarta provincia de la región con menos positivos; el 18 de marzo se registraba el primer fallecido en nuestra provincia, y ese mes se cerraba con 46 muertes.
El día 26 de abril comenzaba a salir el sol con la posibilidad de que los niños pudiesen salir a la calle acompañados por un adulto, poco después pudieron empezar a hacerlo el resto de los abulenses, siguiendo unos tramos horarios que en general fueron muy respetados.