Brexit, todo sigue en el aire

M.R.Y. (SPC)
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La falta de acuerdo entre los negociadores británicos y comunitarios podría desembocar finalmente en el temido divorcio 'a las bravas' que se trató de evitar el pasado año

Brexit, todo sigue en el aire - Foto: Jaime Estévez (Unsplash)

A punto de cumplirse cuatro años del referéndum que decidió que el Reino Unido debía abandonar la Unión Europea, todavía todo está en el aire. El pasado 31 de enero se materializó el Brexit -casi un año después de lo previsto y con un agitado escenario político en la nación británica, con hasta dos cambios al frente del Gobierno-, pero solo fue el primer paso para la ruptura definitiva, que aún tiene que ser consensuada y podría derivar en el tan temido divorcio a las bravas que se intentó evitar a toda costa en 2019 y que podría llegar si las partes no llegan a un acuerdo.
Desde el pasado 1 de febrero, el país ya no forma parte de una UEque ha quedado reducida a 27 socios. Pero sí sigue integrado en las estructuras comunitarias hasta finales de año y a la espera de que se consiga cerrar un pacto que permita una salida suave y sin grandes perjuicios para ambos bandos.
La negociación debe concluir antes de que acabe 2020. El llamado período de transición acaba el 31 de diciembre y desde Londres ya han asegurado que no pedirán una prórroga -tienen hasta finales de este mes para poder solicitarla-. Pero el Gobierno de Boris Johnson no quiere perder ni un minuto más. Ya hubo demora con este primer paso -debía haberse llevado a cabo el 29 de febrero de 2019- y ahora el Ejecutivo conservador pretende que todo acabe cuanto antes, casi sin importar cómo.
Es desde la UE donde se están esforzando por llegar a un entendimiento y cerrar esta nueva relación bilateral que evite una ruptura abrupta en 2021, cuando el Reino Unido abandone definitivamente el mercado único y la unión aduanera. Las negociaciones se paralizaron durante algo más de un mes por culpa de la crisis sanitaria y en Bruselas insisten en que «no va a dar tiempo». Y menos, según denuncian, con las «trabas» que se encuentran desde la parte británica.
Se antoja esencial llegar a acuerdos sobre la relación futura. Algunos aspectos ya están ratificados en el Tratado de Retirada y no cambiarán -la frontera irlandesa o el pago de la factura del divorcio-, pero otros puntos todavía están en el aire y su negociación se prevé complicada. Precisamente, ante el ajustado calendario, los Veintisiete y el Rieno Unido están intensificando las reuniones y esperan que, a partir del 29 de junio, se puedan reanudar los encuentros presenciales con rondas más completas, con el objetivo -de Bruselas- de que para el 31 de octubre como máximo se pueda hablar ya de un principio de acuerdo que se ratifique durante los meses siguientes.
Las posiciones siguen muy alejadas en asuntos fundamentales como las garantías para mantener una competencia justa o las cuotas pesqueras y el negociador comunitario, Michel Barnier, ya ha mostrado signos de agotamiento: «No se puede seguir eternamente así», apuntó, en referencia a que Londres está «dando marcha atrás» en los compromisos que ya había asumido en la declaración política sobre la futura relación, un documento que acompaña al Tratado de Retirada y fija las líneas generales sobre los nuevos vínculos entre las partes que deben concretarse en las conversaciones actuales.
La falta de acercamiento llevó a los líderes de ambas partes a mantener un encuentro esta semana que, lejos de mejorar la relación, ha elevado la tensión.
Johnson reiteró su firme compromiso a no pedir una prórroga y llegó a plantear que, sino hay avances, se podría levantar de la mesa en julio, es decir, en apenas seis semanas. «Los británicos están hartos de oír hablar del Brexit y lo que quieren es que se haga», subrayó. El chantaje no fue bien recibido en Bruselas y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, replicó al premier que la UE «nunca aceptará un acuerdo a cualquier precio». «Estamos dispuestos a inyectar energía en las negociaciones, pero no a aceptar gato por liebre», zanjó.
Los ánimos están por los suelos y el tiempo sigue corriendo en contra. Y, después de tanto esfuerzo, todo podría acabar como empezó: con un Reino Unido convertido en un adversario de la Unión Europea.