Óscar Llorens convierte Navadijos en un sueño particular

A.S.G.
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El reconocido ilustrador madrileño aprovecha su confinamiento en la localidad abulense para dejar volar su imaginación. Tropas imperiales, Gizmo, El Hombre Malvavisco o los trípodes de La Guerra de Los Mundos, la otra realidad de Gredos

Óscar Llorens convierte Navadijos en un sueño particular

Quién no ha dejado volar su imaginación mirado hacia la Sierra de Gredos como si en la lejanía se reflejara el brillo metálico de los gigantescos trípodes alienígenas que un día nos presentó Herbert George Wells en ‘La guerra de los mundos’, quién no ha jugado a la Guerra de las Galaxias pensando que las tropas imperiales y sus imponentes AT-AT dominaban la ciudad, cómo hubieran sido los pasos del enorme ‘Hombre de Malvavisco’ si hubiera saltado de la gran pantalla a nuestras calles o cómo luciría la icónica moto roja de Shotaro Kaneda sobre una fachada de granito en lugar de la futurista Neo-Tokio… Posiblemente con el paso de los años son muchos los que lo han dejado de hacer, de soñar e imaginar, pero hay quien aún se resiste a ello, quien es capaz de plasmar en un mismo boceto aquello con lo que muchas veces soñamos, aquello que imaginamos. Y lo ha plasmado en Navadijos, un pequeño pueblo de la Sierra de Gredos estos días tomado, desde la imaginación, por aquellos personajes de las series y películas de los 70 y 80 que se mezclan entre lo real y lo ilusorio. Porque desde que comenzó la pandemia Óscar Llorens le ha puesto color a una localidad que estos días se conoce a través de las redes sociales gracias a uno de los ilustradores españoles más reconocidos. Capaz de pintar para The Washington Post al Vanity Fair, de trabajar en campañas Coca-Cola o el Circo del Sol. Ahora no es trabajo. Estos días pinta por placer y lo hace para sus ‘nuevos’ vecinos, la gente de Navadijos.
Descubrió esta pequeña localidad hace apenas «unos 8 o 9 años» mientras buscaba «un lugar donde equilibrar la vida, donde compensar el bullicio» y Navadijos le gustó. Fue un poco el azar lo que le llevó hasta sus puertas. Desde entonces comenzó a ser su lugar de destino para convertirse estos días en su lugar de residencia. «A medida que la cosa empezó a ponerse seria, que se barajaba el cierre de los colegios, decidimos venirnos aquí». Y en Navadijos se ‘encerró’. Y del encierro, la libertad de ideas, de conceptos, de propuestas. «Soy un ilustrador al que le gusta mezclar. Me gusta dibujar imposibles. Para eso sirve la ilustración, entre otras cosas». Influenciado, como reconoce, por las series y películas de su juventud, no duda en dejarlo patente cuando la libertad maneja su pluma. «Es un recurso que suelo emplear en mis proyectos personales, y en este caso, como era una situación al inicio un tanto inquietante, dantesco, dramática, me vino a la cabeza esa invasión de tropas imperiales, de alienígenas… Era una situación tan inquietante que parecía que en cualquier momento se podía montar alguna». Una vía de escape a sus pensamientos que ha gustado, y mucho, entre el público.
El confinamiento le privó de muchas cosas, pero le ofreció el tiempo que antes no tenía. «Ahora que ha bajado la intensidad del trabajo, por qué no» se planteó a la hora de pintar. Con la pausa, el tiempo para la creación. Empezó con Star Wars. Siguieron personajes de ‘La guerra de los mundos’, Akira, Ghostbusters, Regreso al futuro, Los Gremlins... «Un proyecto para pasar el rato» que gracias al uso de elementos del imaginario colectivo «ha tenido repercusión». Ha puesto Navadijos en el mapa.
Una serie de dibujos estéticamente potentes «en los que se juega con la nostalgia» pero que arrancaron de una idea mucho más simple, más sencilla. Por «pasar el rato» Óscar Llorens inicio el confinamiento realizando ilustraciones del pueblo que se planteó ofrecer al alcalde de la localidad para el uso desde el Ayuntamiento por si eran de utilidad para la promoción del pueblo. «Me apetecía hacer algo por el pueblo». Pero los bocetos iniciales no le gustaron. «Me parecían muy sosos». Al fin y al cabo su idea de la ilustración es otra. «A mi me gusta la ilustración no sólo para reflejar lo que estoy viendo, sino para algo más». Y así nació todo.
Hasta dónde lleguen estos dibujos no lo sabe. «Se puede estirar todo lo que se quiera, pero yo soy de cansarme rápido» reconoce mientras un nuevo dibujo –un tie fighter derribado– engorda el listado. Lo que tiene claro es que «aunque no sea de aquí le tengo mucho cariño al pueblo». Una localidad que le apetece ayudar. «Son localidades preciosas, donde la vida es maravillosa, pero son esas zonas de la España vaciada que con el paso de los años parecen destinadas a desaparecer. Me apetecía hacer cosas con el pueblo». Con su serie de dibujos lo ha conseguido.