«Alegría» y «prudencia» en la provincia con la fase 1

J.M.M.
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Los alcaldes de Piedrahíta, Navalperal de Pinares, Pajares de Adaja, Mijares y Maello indican que el avance ha generado un leve movimiento de gente de la capital, y ven con mayor preocupación la llegada de madrileños

«Alegría» y «prudencia» en la provincia con la fase 1 - Foto: Isabel García

Con alegría, pero también con mucha prudencia. Así se ha vivido en muchos pueblos de la provincia de Ávila la entrada en la fase 1, donde también han empezado a notar una mayor actividad por la presencia de personas procedentes de la capital, que han empezado a acudir a sus segundas residencias o a reencontrarse con sus familiares, a los que no veían desde antes de que se decretara el estado de alarma, allá por el 14 de marzo.
En Piedrahíta, su alcalde, Federico Martín Blanco, reconoce que ese paso se ha vivido «con un poquito de alegría. La gente ha empezado a moverse más y también es posible que algunos hayan pensado que el virus ya se ha marchado y no hay problemas de contagiarse, porque se han empezado a juntar más», por eso apela a la precaución para que no se produzcan rebrotes. 
En cuanto a la actividad hostelera precisa que «los bares no han empezado a abrir. Solo hay una terraza que ha abierto y el resto están realizando sus estudios de aforos para adaptarse a la normativa y para poder ir avanzando en las aperturas». En este sentido, recuerda que han flexibilizado la normativa para que dispongan de más espacio para sus terrazas y puedan cumplir con las distancias de separación que se exigen. De igual modo, señala que desde este lunes, y con la llegada de la fase 1 a toda la provincia, se ha notado «que la gente de la capital y de otras zonas de la provincia se ha movido, porque hemos visto a gente que normalmente no vive en la localidad», y que han acudido a sus segundas residencias y también a visitar a sus familiares a los que hace tiempo que no veían.
También ese movimiento se ha notado en una localidad más cercana a la capital, como Navalperal de Pinares, pero lo que realmente se está esperando, «y también temiendo un poco», es cuando se produzca la llegada de la gente de Madrid, que según reconoce su alcalde, José Luis Bartolomé, «es el motor de todos estos pueblos pequeños, cuyos bares, comercios, casas rurales sobreviven gracias a los madrileños». Bartolomé señala que el pase a la fase 1 «se ha celebrado como un acontecimiento y se ha agradecido», aunque relativamente la vida ha cambiado poco porque en pueblos como Navalperal de Pinares la gente ya podía moverse sin limitaciones horarias y podía disfrutar de sus paseos por el campo. También este lunes abrió ya un establecimiento de hostelería, «con su terraza al 50 por ciento y sin dejar entrar a nadie aún dentro del local», y la próxima semana  se prevé que abran otros dos. A su vez, apunta que durante estos dos meses, el pueblo ha tenido cierta vida y los negocios ha estado abiertos «desde el minuto 1» debido a que el fin de semana en el que se decretó el estado de alarma hubo muchos madrileños que acudieron a la localidad y han pasado en ella el confinamiento. 
Este lunes también se notó que muchos residentes en la capital con familiares viviendo en el pueblo acudieron a ver a sus padres después de un largo tiempo sin poder hacerlo, pero insistía en que «lo que se está esperando es a que venga la gente de Madrid» y ahí existe una doble sensación, por un lado  el anhelo de volver a encontrarse «y porque esa gente nos da vida a los pueblos», pero también hay una sensación de «miedo» por que puedan producirse rebrotes del virus.
No obstante, en el pueblo ya están preparándose para alcanzar la «normalidad» y están adecuando la piscina y el mercadillo para proceder a su apertura cuando llegue el momento, adaptándose a las normas fijadas por el Ministerio de Sanidad. Sobre estas aperturas, el alcalde afirma que «nosotros vamos a acondicionar la piscina y el mercadillo con las distancias de separación necesarias, pero es necesario que la gente, que yo creo que lo va a hacer, cumpla con sus obligaciones, porque aquí no tenemos una Policía Local para controlar, y debemos apelar a la responsabilidad de los ciudadanos».
En Pajares de Adaja, su alcalde, Jesús Caro, asegura que «mantenemos la fase 0, cuando más prudentes seamos, mejor, porque hay mucha población de gente mayor y no queremos correr ningún riesgo. No nos urge». De esta forma, el bar continúa cerrado y no será hasta la fase 2 cuando retorne a la actividad. Y añadía que «preferimos ir un paso por detrás» y mantener ese nivel de cero contagios que hasta la fecha han tenido. En este sentido, quería lanzar un mensaje de agradecimiento especial al médico de la localidad, Mariano, que ha atendido perfectamente a todos los vecinos. En cuanto a la repercusion de la llegada de la fase 1 a la capital, Caro precisó que «donde más se ha notado ha sido en la fábrica de embutidos. Había mucha gente de la capital que tenía ganas de moverse y de acudir a comprar», y aunque ha permanecido abierta durante todo este tiempo con entregas por servicio de paquetería, este lunes se notó una mayor presencia de clientes en el establecimiento. Caro destaca que durante todo este tiempo han llevado a cabo unas escrupulosas medidas de desinfección de todas las calles (dos veces por semana), contenedores (a diario), los entornos de la fábrica, del consultorio médico… «Y vamos a seguir desinfectado al menos una vez a la semana todas las calle», apuntó Caro.
En Mijares, el pase a la fase 1 se vivió «con alegría, pero con precaución», según reconoció su alcaldesa, Soraya Blázquez, y si bien precisó que «en el pueblo se vive de una forma más tranquila que en grandes ciudades o en municipios más grandes, y se ha podido salir a pasear y a estar en contacto con la vegetación, y más en una primavera como la que estamos viviendo, es cierto que la gente se ha podido reunir un poco más y eso ha generado alegría». Soraya Blázquez reconoce que, desgraciadamente, la entrada en la fase 1 en Ávila capital «apenas ha repercutido» en la localidad, «ya que en nuestro caso más que mirar hacia Ávila, la salida de la mayoría es hacia Madrid», y por lo tanto se está esperando a ese momento para que se note una mayor reactivación de la vida. Eso se ha notado también en la reapertura de la hostelería y, según explica Soraya Blázquez, «Mijares es un municipio de mucha terraza y mucho bar, pero de momento los bares están reacios a la apertura. Están con mucho recelo y hasta ahora sólo ha abierto un establecimiento», que es donde se sellan las loterías. No obstante, la localidad ha soportado bien la pandemia «y sólo hemos tenido un caso de una persona que tuvo que ser hospitalizada y que tuvo un final feliz, ya que se ha recuperado», pero quieren ser muy prudentes «porque hay mucha población envejecida y a los mayores hay que cuidarles de una manera especial».
Por lo que se refiere a Maello, según reconoce su alcalde, Javier García, «la gente sigue estando como en la fase 0. Apenas sale un poco de paseo, y sigue teniendo mucho miedo». De momento sólo ha abierto uno de los dos bares que existen en la localidad con su terraza, «pero los parques siguen cerrados y estamos intentando que no haya sitios en los que se pueda juntar la gente». Javier García sí que reconoce que desde que se entró en la fase 1 en Ávila capital se ha notado más presencia de visitantes, y alguna familia se ha venido al pueblo, «pero aquí la mayor parte de los que vienen a visitarnos llegan de Madrid». A su vez, insiste en que «los vecinos están siendo muy prudentes, no quieren que venga gente de otros sitios porque temen que pueda haber rebrotes. Incluso están pidiendo que no se abra la piscina. Mantienen las normas de distanciamiento y aquel que le ven que incumplen no dudan en decírselo. Los vecinos están muy concienciados».
También apunta que han tenido que llevar a cabo un gran trabajo para controlar los accesos a la población de las siete urbanizaciones con las que cuenta la localidad, en su mayoría con residentes procedentes de Madrid. «Mucha gente se vino el fin de semana del 13 y el 14 de marzo y ahí ya empezamos a controlar para que no entrasen y saliesen a su antojo. Muchos han pasado allí todo el confinamiento y siguen estando», señala Javier García, que destaca la labor que ha realizado el concejal de urbanizaciones y agradece la colaboración con la que han contado de Protección Civil  y la Guardia Civil, que especialmente en fechas puntuales (puentes y festivos) les han prestado un apoyo fundamental. Finalmente, apunta que «lo que están temiendo los vecinos es cuando venga la gente de Madrid, pero no solo de Madrid, también de Barcelona o Valladolid, ya que aquí estamos en un lugar con buenas comunicaciones y la llegada de gente, más que de Ávila capital, viene de estos lugares».



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