Cuando la naturaleza se apoderó de la ciudad

VICENTE GARCÍA
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Muchos animales, especialmente aves, han modificado temporalmente su comportamiento ante la ausencia de gente por las calles durante el confinamiento

Colirrojo tizón en un jardín abulense - Foto: Vicente García

EL confinamiento al que hemos estado sometidos durante más de un mes ha supuesto un alivio para la naturaleza; en la capital abulense también se ha notado el incremento de algunas especies que han irrumpido en el casco urbano pero, sobre todo se ha percibido la modificación del comportamiento habitual en otras.
VÍDEOS VIRALES. Como las redes e internet han sido protagonistas necesarias durante todos estos días, nos han sorprendido también algunos vídeos que circulan sobre irrupciones de jabalíes en núcleos urbanos de la provincia e incluso en la periferia de la capital abulense. Otros como ciervos o cabras paseando por las calles de pueblos gredenses también han llamado la atención.
Pero hay algunos animales, y plantas menos ‘visibles’ porque conviven con nosotros en parques, jardines e incluso plazas, que se han visto beneficiados durante estas fechas. No sólo ha bajado la contaminación a nivel mundial, sino que la naturaleza se ha apoderado, aunque momentáneamente, de la ciudad.
Paloma torcaz en un nido en el casco urbano abulensePaloma torcaz en un nido en el casco urbano abulense - Foto: VICENTE_GARCIAA los que viven en zonas poco céntricas les habrá sorprendido la incidencia de conejos que antes sólo se les veía al atardecer o durante la noche, y ahora a cualquier hora del día se cruzan por la calle volviendo locos a los perros, si tienes la suerte de tener uno y le sacas a pasear. Parecen haber olvidado en tan poco tiempo, que el hombre es generalmente su peor enemigo, porque han disminuido mucho su distancia de seguridad y no huyen hasta que están a cinco o seis metros de ti. En otros lugares de Ávila se ha comprobado también la mayor presencia de unas aves gorditas y voluminosas: son las palomas torcaces, que pastan los brotes tiernos en los parques y jardines, ante la falta de mantenimiento de estos durante  muchas semanas, propiciándose también la aparición de especies vegetales que siempre están allí, pero que con la corta de césped no se hacen casi nunca visibles. Hemos podido comprobar en un metro cuadrado de uno de estos jardines cómo florecían en un mismo espacio margaritas, fumarias, diente de león, bolsa de pastor y varias leguminosas, dando un tono aparentemente descuidado a la zona, pero dotándola de vida y de una interesante policromía y variedad, pocas veces contemplada en plena capital. Hay que tener en cuenta que varias de estas plantas son consideradas medicinales, otras malas hierbas, y algunas las dos cosas; curiosidades de la Naturaleza.
Otras aves que se han aventurado también a bajar al suelo de las copas donde normalmente se posan son las tórtolas turcas, que poco a poco van colonizando las zonas urbanas. Se distinguen por la franja más oscura que llevan en la parte trasera del cuello. Aprovechando las semillas del diente de león, que puede presentar a la vez flores y ‘frutos’ ? pequeños pájaros eminentemente granívoros como son jilgueros y pardillos se han podido contemplar devorando su manjar sin que nadie les haya molestado. Mirlos y estorninos pasean entre el césped; el primero mucho más atrevido al que distinguiremos por su arillo anaranjado en el ojo y porque corre y da saltos de forma constante picoteando entre la hierba en busca de lombrices y cualquier tipo de gusano que se le ponga cerca del pico, incluso bajo tierra.
El estornino es mucho más esquivo aunque se trata de un gran imitador capaz de reproducir el canto de todas las aves que se encuentren cerca de él.
Bolsa de pastor, una planta que podemos encontrar en los jardines y campos abulensesBolsa de pastor, una planta que podemos encontrar en los jardines y campos abulenses - Foto: Vicente GarcíaTanto trajín atrae a los gatos caseros y callejeros que creen ver un buen festín entre las voluminosas palomas, los oscuros mirlos y estorninos y los menudos pero variados cantores. Los ‘mininos’ siempre al acecho son capaces de estar muchos minutos parados, acercándose poco a poco a los volanderos, pero su presa no se va a dejar coger tan fácilmente y el 99 por ciento de los ataques resultan infructuosos.
Los gorriones también se dejan ver entre nosotros y se les echas unas migas de pan cogerán algo de confianza, aunque siempre dentro de unos límites. A pesar de su relativa abundancia, están en claro retroceso. Tal vez esta temporada de calma les haya dado un ligero respiro...
Son visibles también en algunas aceras y bordes de jardines, los efectos del material desinfectante sobre los vegetales, que en algunos lugares acusan una fuerte clorosis secándose sus hojas o volviéndose casi amarillas.
Tórtola turca en un jardín de ÁvilaTórtola turca en un jardín de Ávila - Foto: Vicente GarcíaAjeno a todo este desastre vírico para el hombre, algunos colirrojos se adentran en los jardines urbanos  levantando incesantemente su ‘cola’ a la que debe su nombre común, y emitiendo chasquidos de forma constante. El pico mucho más fino que el de los gorriones, jilgueros y pardillos, les delata como insectívoros.
La reclusión se ha aliviado; hemos retomado los paseos de forma ordenada y limitada y ya podemos interactuar y buscar la naturaleza que tanto echamos de menos, pero que tan poco cuidamos. A los animales se les terminó la paz. Ojalá sea esto un signo de que todo va bien y volveremos a la  discutible ‘normalidad’.