El camino hacia la inclusión escolar

P. Velasco
-
Alumnos del CEIP Juan del Enzina participan en una charla organizada por la Fundación Secretariado Gitano.

El CEIP Juan del Enzina de Salamanca es uno de los 25 centros que este curso ha implantado el Programa 2030 en sus aulas para romper barreras y luchar por una educación de calidad para todos

Respeto, disciplina positiva, reconocimiento, reconciliación y convivencia. Palabras que se repiten día a día en los pasillos y aulas del colegio público de Educación Infantil yPrimaria Juan del Enzina de Salamanca, uno de los que lucha por la eliminación de la segregación escolar con una nueva propuesta pedagógica enfocada a que los alumnos se conviertan «en protagonistas de su propio aprendizaje».
Una forma de romper barreras y caminar hacia una educación inclusiva, donde se evite la marginación y la exclusión social en todos estos centros ‘gueto’ que existen en los municipios de la Comunidad y de los que pocas veces se habla. Castilla y León es la primera Comunidad que ha dado la cara y desde este curso promueve el Programa 2030 con medidas específicas destinadas a estos espacios que cuentan con un elevado número de alumnos de minorías étnicas, culturales o que se encuentran en cualquier otra situación que incide en la igualdad de oportunidades.
Medidas excepcionales plasmadas en un proyecto que este curso ya está en marcha en 25 centros educativos -entre ellos tres institutos de Secundaria- y que está previsto ampliar durante 2019-2020 a otros cuatro: Juan Luis Vives en la localidad abulense de Sotillo de la Adrada, el Gumersindo Azcárate en el municipio leonés de la Armunia, el centro concertado San Viator en Valladolid y el colegio La Hispanidad en Zamora.
Juan del Enzina, ubicado en el barrio San José de la capital salmantina, es uno de estos espacios con un alto número de alumnado en situación de vulnerabilidad socioeducativa. En concreto, un 96,5 por ciento de sus estudiantes es de etnia gitana o inmigrante. Ante esta situación, como explica la directora del colegio, María Ángeles Díaz Martín, se optó por una modificación de la estructura y el funcionamiento para que los niños desarrollen otras habilidades como la creatividad o el espíritu emprendedor.
Unos cambios apoyados desde la Consejería de Educación, desde donde el consejero Fernando Rey recuerda que uno de los problemas con los que se encuentran es que estas minorías «tampoco valoran especialmente la educación». Ante esta situación no solo se trabaja con un equipo de profesorado sino que también se flexibiliza el criterio educativo, «porque aquí la clave es motivar a estos estudiantes, se dota a estos centros de tecnologías por su capacidad atractiva y se fomentan actividades extraescolares», detalla.
El objetivo principal de este cambio de metodología es lograr «ese ansiado salto de calidad» para que el rendimiento escolar del centro se sitúe dentro de unos parámetros similares a los de otros de la Comunidad, aunque de momento es pronto para conocer los resultados de su implantación, como indica la directora del Juan del Enzina, ya que todas las iniciativas son a largo plazo. «El proyecto tiene una duración de cuatro años porque todo cambio necesita un proceso de asimilación y asentamiento», tal y como dice Díaz Martín, que puntualiza que «debido al tipo de alumnado de nuestro centro, cualquier paso hacia adelante es un logro».
¿Pero cómo conseguir estos objetivos en centros con familias con muchas dificultades sociales? El CEIP Juan del Enzina ha puesto en marcha una gran número de actividades, algunas de ellas basadas en la flexibilización, «entendiendo la EducaciónPrimaria como un todo global» en el caso de áreas como lengua y matemáticas, donde se permite el cambio a otro nivel si se alcanzan los logros marcados.
A esto se suma la implantación de métodos nuevos como ‘Jump Math’ con el que fomenta el aprendizaje de las matemáticas o un taller de plástica que se celebra todos los viernes después del recreo para fomentar la asistencia a clase. La directora señala que se detectó que el absentismo era superior este día de la semana.
Alumno ayudante.

El «sistema de ayuda entre iguales» es otra de las herramientas con la que se pretende dar respuesta a las necesidades que aparecen en la práctica diaria, como la gestión de conflictos, la mejora del clima de convivencia del centro o la educación en valores. Los alumnos de quinto y sexto de Primaria son los «ayudantes», que cuentan con la formación de la Asociación Belarofonte y la Fundación Salamanca Ciudad de Saberes, y que ayudan a sus compañeros a organizar los grupos de juego del recreo, acogen a los recién llegados y median en los conflictos.
Una figura que ayuda en el trabajo de disciplina positiva que desde la dirección del colegio intentan que «impregne la convivencia». «El lema elegido este curso es ‘100% Respeto’. Además de las normas de clase, pasillo y colegio expresadas siempre de forma positiva, utilizamos la ‘Regla de las 4R’ para resolver conflictos (reconocer, responsabilizarse, reconciliarse y resolver)», detalla la máxima responsable del Juan del Enzina, que ve en los errores «una oportunidad para crecer y aprender».
Pero el Programa 2030 va más allá del ámbito escolar y desde el centro se intentan fomentar hábitos saludables, ya que detectaron que la mayor de los alumnos no desayunaban. «Realizamos con cierta frecuencia desayunos en el cole que consisten en fruta, leche y pan con aceite. La idea es hacer cosas sencillas para que sean ellos mismos los que se lo puedan preparar en casa», comenta María Ángeles Díaz Martín.
Fiestas multiculturales con las que los alumnos conozcan las distintas nacionalidades de sus compañeros, así como sus tradiciones, folclore o lengua, o la celebración en el colegio de los cumpleaños y del Ratoncito Pérez son otras actividades incluidas en este ambicioso proyecto que busca también la implicación de las familias con una Escuela de Padres. «El curso pasado se realizaron varias reuniones con Ceas, centros de salud, Cáritas, la Fundación Secretariado Gitano y varios centros del barrio para elegir algunas familias que pudieran cambiar sus hábitos alimenticios y ser referentes para el resto de la comunidad», explica la directora, que reconoce que este aspecto del programa se debe trabajar de forma «más exhaustiva».
Implicación de todos.

Díaz recuerda que el funcionamiento de este proyecto no sería efectivo sin la implicación de toda la comunidad educativa, tanto el profesorado como los alumnos. Todo el claustro está llevando a cabo un plan de formación en centros con una duración de dos años con el objetivo de mejorar aprendizajes y el desarrollo integral de todos los alumnos y poder reducir significativamente el fracaso escolar. De momento, y pese a que las medidas implantadas a través del Programa 2030 se encuentran prácticamente en su fase inicial, desde el centro reconocen que sí han visto cómo se ha reducido el absentismo.
También el consejero de Educación recalca que se lucha «mucho» contra el absentismo escolar, «pero si las familias lo toleran, se hace complicado». «Por eso tenemos que cambiar radicalmente y que sea una revolución la manera de enfocar el problema», destaca Rey, que insiste en que se ha trabajado también con las normas de admisión, se han cambiado para distribuir mejor a los alumnos pertenecientes a estas minorías. «Una escuela cuanto más mezclada esté, mucho mejor para todos», opina. Tanto desde el centro salmantino como desde la Administración regional reconocen que este programa está abierto a incorporar cambios pero «no hay marcha atrás» en su implantación.