Gredos se protege con voluntariado y organización

M.E
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Una veintena de vecinos de varias localidades de la Sierra utilizan las sábadas donadas por los hoteles para confeccionar más de 2.300 mascarillas que luego se desinfectan y se reparten en la zona

Gredos se protege con voluntariado y organización

Gredos es un pequeño paraíso en el que casi todos se conocen y en el que en los últimos años han trabajado duro en el conocido como ‘modelo Gredos’, ese sistema de gestión empresarial basado en la colaboración y la organización para defender el futuro de su territorio con un proyecto común basado en el turismo. Ahora la crisis sanitaria por la expansión del coronavirus ha paralizado los planes y la actividad económica, pero en Gredos la colaboración no solo no se ha detenido, sino que ha encontrado una vertiente para seguir fluyendo, la de la solidaridad. 
Los protagonistas de esta historia son una veintena de residentes de varias localidades, la mayoría de ellos de Hoyos del Espino pero también de San Martín de la Vega del Alberche o Barajas, que en estas semanas se han puesto el ‘traje’ de voluntarios para confeccionar mascarillas con telas donadas de los hoteles de la zona con las que abastecer a los vecinos. Hasta la semana pasada llevaban realizadas la friolera de 2.300 mascarillas, todo ello en el marco de un protocolo bien engrasado y marcado por las medidas de seguridad que también incluye el suministro de la tela a las casas, la recogida de las mascarillas ya terminadas, la desinfección de las mismas y su posterior reparto.
Nos lo cuenta la presidenta de la Asociación de Empresarios del Norte de Gredos (Asenorg), Isabel Sánchez Tejado, quien sitúa el origen de este relato muy atrás en el tiempo, en los años 70 y 80 del siglo pasado. «Don Juan, un sacerdote, tuvo la habilidad de crear aquí en esos años un taller de costura para que muchas mujeres se pudieran ganar la vida y se quedaran aquí, se casaran y tuvieran sus hijos, y con eso se fijó población». Ese proyecto fue en su día un «caldo de cultivo muy bueno para que estos pueblos no se murieran» en una época en la que todavía la producción textil se hacía en España, destaca la presidenta de Asenorg, que con el inicio de esta emergencia, y ante la escasez de mascarillas, se acordó de este ‘batallón’ de costura y lo reactivó. «Llamé a una de estas señoras y, como conservaban las máquinas, se pusieron manos a la obra». Las telas las consiguieron de donaciones de hoteles como el Parador, el Hostal Almanzor, el Milano Real o el Puerta de Gredos, buscaron a gente que pudiera cortar las sábanas y, tras tener claro el modelo, empezó la producción.