Una historia de desencuentros

Agencias
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Las decisiones de Grande-Marlaska desde que se hizo cargo de Interior han ido aumentando la tensión con la Guardia Civil hasta llegar al clímax de esta semana con el cese de De los Cobos

El titular de la cartera de Interior (i) presidió la jura de bandera de la promoción 125 del Instituto Armado el pasado año en Baza (Granada).

Llueve sobre mojado en las relaciones del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con la Guardia Civil, un matrimonio mal avenido en el que no han faltado broncas casi desde el inicio del mandato del jefe del departamento, quien en su día fuese uno de los hombres más aplaudidos en la Audiencia Nacional por su lucha contra ETA, en la que trabajó mano a mano con los agentes de la Benemérita. 
Esta semana una gota, quizá de las más grandes, ha colmado un vaso que, realmente, ya estaba a punto de derramarse. El cese el pasado lunes del jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, al que siguió, un día después, la renuncia del número dos del Cuerpo, el director adjunto operativo (DAO), Laurentino Ceña, ha soliviantado a mandos, agentes y asociaciones del Instituto Armado. Además, por si la polémica fuese poca con esos dos movimientos, el nombramiento a dedo del general de División Pablo Salas, que estaba al frente de la Jefatura de Información, como sustituto de Ceña acabó por rematar el malestar en la Benemérita, ya que ese cargo se consideraba despolitizado, puesto que lo asumía el teniente general al que le correspondía por trayectoria. En este caso, debería haber sido el jefe del Mando de Operaciones, Fernando Santafé, quien se quedase como número dos del Instituto Armado. Tras no acceder al puesto, Interior informó  que Santafé saldrá de la cúpula de mando.
«La palabra injerencia no la conjugaré nunca», apuntó, tajante, el ministro, aludiendo a su faceta profesional de juez, para negar que el Gobierno haya intentado condicionar el trabajo de la Benemérita. Unas palabras que, sin embargo, no han convencido. Una parte de la Guardia Civil -y de la sociedad- sigue pensando que Marlaska cesó a De los Cobos por un informe sobre el 8-M entregado al juzgado, donde se viene a decir que el Ejecutivo conocía que el riesgo de la COVID-19 era ya importante y que no debía haber permitido que se celebrasen las manifestaciones del Día de la Mujer. Una investigación «delicada para el Gobierno que debe conocer» los detalles de la misma, según le habría subrayado la directora del Cuerpo, María Gámez, al DAO cuando le comunicó su destitución después de que el coronel se hubiera negado a facilitar la información de un informe que solo debían conocer, según la ley, la Policía Judicial y la jueza encargada de la causa contra el delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco Pardo.

 

Dispositivo del 1-O

Aunque no estaba previsto, Marlaska compareció en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros para justificar el cese del que fuera coordinador del dispositivo policial en el referéndum ilegal del 1-0. En aquella fecha, De los Cobos estaba a las órdenes del ministro Juan Ignacio Zoido, del PP, y era el director del Gabinete de Coordinación y Estudios de la Secretaría de Estado de Seguridad, una pieza clave en el organigrama del Ministerio. Fue él quien organizó el engranaje para frenar -en lo posible- la votación independentista. Una operación de la que siempre se ha desligado Marlaska, aunque por aquel entonces gobernaba Mariano Rajoy. Así, el ministro socialista se encontró ya al coronel al mando de la Comandancia madrileña.
No empezó con buen pie Marlaska en el Instituto Armado, a cuyos mandos les molestó que el puesto de jefe del Gabinete de Coordinación y Estudios recayera en un policía, el comisario José Antonio Rodríguez, cuando en años anteriores ostentaba este puesto un miembro de la Benemérita. Fue una de las primeras gotas que cayeron en el vaso, que ya empezó a llenarse cuando el exjuez cesó al coronel jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, Manuel Sánchez Corbí, a quien unía una estrecha relación cuando ambos coincidieron en operaciones contra ETA.
El que era uno de los hombres fuertes del Instituto Armado envió un correo a sus subordinados en el que les explicaba que había que parar las operaciones vinculadas a la caja de fondos reservados de la UCO porque dicha partida se había congelado. El email se filtró a los medios de comunicación y Corbí fue destituido de su cargo de forma fulminante. Marlaska justificó la decisión por la «pérdida de confianza», el mismo motivo esgrimido para la purga a De los Cobos.

 

Inmiscuirse

No sentó bien este cese, que Corbí recurrió y en el que muchos vieron una política «novedosa» de los responsables de Interior de «inmiscuirse» en una estructura tan militar y jerarquizada como la de la Guardia Civil en la que los ascensos no son «políticos».
Alguna gota más ha caído en el vaso. Tampoco le gustó al ministro que no hubiera sido informado de la envergadura de la operación que la Guardia Civil llevó a cabo contra miembros de los Comités de Defensa de la República (CDR). Según se publicó en su día, los servicios de Información se llevaron un buena regañina del socialista, disgustado también por la intervención del jefe del cuerpo en Cataluña, Pedro Garrido, quien en un acto del Instituto Armado manifestó que combatiría «sin tregua ni pena» a los que «recorran el camino a la independencia siguiendo la senda del terror». Y es que Marlaska ha defendido a gala la buena coordinación y colaboración entre las fuerzas de seguridad del Estado y los Mossos d’Esquadra, incluso en las protestas contra la sentencia del procés, y no le ha sentado bien nadie pudiera empañarlas.
Mientras, mandos y agentes miran a la directora del Cuerpo, María Gámez, la primera mujer que ocupa el cargo tras el cese de Félix Azón, que permanece sorprendentemente callada.