80 años del fin de la barbarie

Leticia Ortíz (SPC)
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El 1 de abril de 1939 se dio por concluida de manera oficial la Guerra Civil, un conflicto armado que comenzó en 1936 con la sublevación de parte del Ejército contra el Gobierno de la Segunda República y dejó un país parcialmente destruido y sumido

80 años del fin de la barbarie

Como tantas veces durante los tres años precedentes, el 1 de abril de 1939, cuando el reloj marcaba puntualmente las 22,30 horas, Fernando Fernández de Córdoba, un actor reconvertido en locutor, se puso delante del micrófono de Radio Nacional de España, la emisora creada en 1937 por el general Millán Astray, fundador también de la Legión, dispuesto a leer el parte, la información diaria que se ofrecía por las ondas sobre el desarrollo de la Guerra Civil. Sin embargo, aquel documento no era como los anteriores; de hecho, fue el único firmado directamente por Franco. «En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La Guerra ha terminado. Burgos, primero de abril de 1939, año de la victoria. El generalísimo Franco», leyó Fernández de Córdoba, con la voz engolada, tan propia de la época, pero con visos de una emoción no contenida. La barbarie había acabado. 
Las consecuencias de aquel enfrentamiento entre hermanos perdurarían por muchos años, en un país parcialmente devastado, sumido en la miseria, con decenas de miles de muertos y exiliados, y familias rotas en cada rincón. Además, aún quedarían algunos focos de resistencia y continuarían las ejecuciones fruto de la represión posterior, pero oficialmente, el conflicto bélico se dio por concluido.
Aquella noticia se esperaba desde unos días antes. Exactamente desde el 28 de marzo, cuando las tropas sublevadas hicieron su entrada en Madrid, el último gran enclave en manos republicanas, que había resistido los ataques de los insurgentes, sobre todo en los primeros meses de la Guerra, gracias, principalmente, a la llegada de las primeras Brigadas Internacionales y a la recepción del armamento enviado desde la Unión soviética. De hecho, muchos historiadores señalan que si la capital hubiera caído en 1937, cuando se produjeron las Batallas del Jarama y de Guadalajara, en manos de los militares dirigidos por Francisco Franco, es posible que la barbarie hubiera acabado en ese momento. Así, con Madrid tomada ya por los nacionales, el reguero de ciudades rendidas al Ejército sublevado fue imparable: Cuenca, Albacete, Ciudad Real, Jaén, Almería y Murcia (29 de marzo); Valencia y Alicante (30 de marzo), y Cartagena (31 de marzo).