Una espiral trágica

Javier M. Faya (spc)
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España sigue estando detrás de Bélgica en la luctuosa lista de países más golpeados por el coronavirus, si bien amortigua la cifra de decesos mientras la progresión en el país centroeuropeo parece incontrolable

Una espiral trágica - Foto: Fernando Bizerra

Conforme pasan los días, los españoles cruzamos los dedos con más fuerza para que el calor que se va acercando tímidamente contribuya a reducir el número de contagios de la COVID-19 y que la vacuna o al menos un medicamento aparezca. Mientras, hay que seguir expectantes a la lista negra que cada mediodía nos hace llegar el doctor Fernando Simón. Desde hace poco más de una semana, se bajó la barrera psicológica de los 200 muertos, con un ligero repunte el pasado jueves. Así, se espera con ansia que se baje del centenar y en unos meses se llegue al ansiado cero.   
De todos modos, aunque sea un triste consuelo, sobre todo para los que han sido tocados directa o indirectamente por esta tragedia, la curva, por fortuna, va bajando. Solo hay que estudiar la evolución de los países más castigados por la pandemia en el último mes y medio. 
España, que hace dos semanas fue desplazada por Bélgica como el Estado con más muertos por cada millón de habitantes, se sitúa en una tasa de 575,7. Lejos parecen los centroeuropeos (763,01), que no logran contener la pandemia. Un dato muy revelador:entre el 3 y el 14 de mayo, la trágica tasa creció en el territorio nacional 35,42 puntos mientras se disparó 93,02 en la nación regida por Sophie Wilmes, que lleva presumiendo de la «total y absoluta transparencia» en los recuentos, no exentos de polémica ya que incluyen muertes que se consideran relacionadas con el patógeno, aunque no se hayan realizados las pruebas pertinentes. Y es que se engloban decesos por otras patologías como la hipertensión, la diabetes o problemas de corazón.
En el caso de España, el Ministerio de Sanidad introduce en su recuento solo a los muertos que se ha confirmado que tenían coronavirus, aunque autonomías como Cataluña facilitan, además, el dato de fallecidos con síntomas compatibles con la COVID-19. 
No obstante, la referencia de España siempre ha sido Italia, donde se declaró la pandemia semanas antes. El 21 de febrero perdió la vida Adriano Trevisan en un hospital cerca de Padua, en el norte, que ha sido la región más azotada. Tirando de las frías estadísticas del Oxford Martin School, el 23 de febrero comenzó a escalar, implacable, la tasa de muertos por millón de habitantes: 0,003. En un mes pasó a 90,57 y en dos a 414,89. El pasado jueves se quedó clavada en 547,55.
Se le achaca al Gobierno español que pudo haber actuado con mayor presteza cuando el incendio que venía de China se declaró en un país con el que nos unen tantos lazos, sobre todo en lo que a comunicaciones se refiere. Muchos se preguntan cómo se permitió que aterrizaran miles de aficionados del Atalanta -cerca de la zona cero-, que jugó contra el Valencia el 10 de marzo la vuelta de octavos de la Champions League de fútbol. Y eso por no hablar de las manifestaciones del Día de la Mujer -8 de marzo- por todo el país o la asamblea general de Vox en Vistalegre de ese fin de semana.   
Oficialmente, una mujer de 99 años fue la primera víctima mortal en España. Fue el 3 de marzo, en Madrid. No obstante, al día siguiente, se tuvo constancia de que el 13 de febrero había fallecido en Valencia el primer español. Y europeo. Fernando D.R., de 69 años, que acababa de llegar del Nepal.      
El 5 de marzo, la estadística arrojó que la tasa de mortalidad por millón de habitantes era del 0,002. Un mes después, 251,18. Casi empatados con Italia (254,08), se apreció cómo la situación era mucho más grave de lo que se pensaba, y eran las residencias de mayores auténticas trampas mortales, como ya se veía en el país transalpino, que en cinco semanas subía 293,47 puntos por los 324,59 de España.  
Por detrás de Italia en tasa de mortalidad, se encuentra ahora el Reino Unido (488,85), que falló estrepitosamente con su estrategia de contagios controlados, adelantando a Francia (417,78). EEUU (254,18) parece lejos de la cabeza, pero la progresión resulta inquietante.