La España de las oportunidades

Ignacio Cosidó
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La España vacía alza la voz en Madrid. Algunos ven esa España despoblada como algo condenado a desaparecer. Son los que, desde las grandes ciudades, proponen eliminar pueblos y cerrar diputaciones con el argumento del ahorro. Hay también quien, con un falso progresismo puramente urbanita, se posiciona en contra de la caza, los toros o la propia ganadería, lo que daría la puntilla definitiva a nuestro mundo rural. Hay también algo de pesimismo histórico enraizado en la cultura rural que es necesario revertir si, realmente, queremos dar la batalla contra la despoblación. Pero frente a todos ellos hay muchos, en los pueblos y en las ciudades, que vemos la España vacía como una España llena de oportunidades que tenemos la obligación y la necesidad de aprovechar.

La primera gran oportunidad para el mundo rural es la denominada cuarta revolución industrial. El éxodo del campo comenzó, precisamente, con la primera ola de industrialización en nuestro país y ha continuado imparable hasta nuestros días. Por un lado, la mecanización del campo contribuyó a disminuir el número de trabajadores para labrar las tierras. Por otro, los nuevos focos industriales demandaban mano de obra de forma intensiva. El resultado fue un flujo constante de gente que desde la España interior, se desplazaba a las grandes ciudades en busca del progreso, de mejores rentas y de un futuro mejor para sus hijos.

Hoy las nuevas tecnologías ofrecen la posibilidad de deslocalizar el trabajo. Para poder ser productivo la gente sólo necesita estar conectada por redes seguras de alta velocidad. El trabajo en las grandes plantas industriales está cada vez más robotizado. Por el contrario, un diseñador de páginas web, un experto en ciberseguridad o un desarrollador de software no tiene que estar, necesariamente, enclaustrado en oficinas mastodónticas, sino que puede trabajar desde su casa o montar una pequeña empresa que no tiene por qué estar en una gran ciudad.

La clave para poder aprovechar esta oportunidad tecnológica es disponer de un acceso a redes de alta velocidad. El Plan 300x100 que puso en marcha el Gobierno del Partido Popular es la iniciativa más importante que se ha tomado en la lucha contra la despoblación en las últimas décadas. Por eso, el recorte y la paralización de este Plan por parte del nuevo Gobierno socialista es el mayor error estratégico que se ha podido cometer con nuestro mundo rural. Disponer de una conexión a internet es imprescindible para cualquier actividad económica. Al calor de las elecciones surgirán nuevas promesas de digitalización, pero lo cierto es que hemos perdido un tiempo precioso.

Una segunda oportunidad es el turismo de interior, cultural y rural. España es la segunda potencia turística del mundo con más de 80 millones de visitantes extranjeros. El turismo representa el 11,7 por ciento del PIB y da empleo a más de uno de cada diez trabajadores. Mantener esta posición de liderazgo exige potenciar nuevas formas. El gran patrimonio artístico, cultural y natural que atesora España es un enorme potencial. En una estrategia de futuro para el sector turístico en España es fundamental apostar por ese turismo de aventura, de naturaleza, cultural o gastronómico como un complemento imprescindible al sol y playa donde somos ya imbatibles. Es evidente que el turismo, por sí solo, no es la solución a la despoblación, pero puede contribuir en esta lucha.

Una tercera oportunidad la ofrece el sector agroalimentario. Agricultores y ganaderos siguen siendo la espina dorsal de la España rural y necesitan todo nuestro apoyo. Pero se ha demostrado que la PAC, siendo imprescindible, no es suficiente para contener la despoblación. Necesitamos emprendedores que atiendan la demanda de alimentos de calidad. Ganaderos que además de sus ovejas montan una pequeña quesería que da valor a su producción; bodegueros capaces de sacar sus vinos al mercado internacional; identificaciones de calidad para productos de la tierra y cooperativas que exportan a medio mundo. Estos y tantos otros ejemplos he podido conocer en nuestras visitas a esa España vacía, transformada en oportunidades.

La energía es otra clara oportunidad para revivir esta España que languidece. Parques eólicos, huertos solares, saltos hidráulicos, biomasa están necesariamente ubicados en un ámbito rural. La cuestión es como compensamos a quienes producen esta energía que luego se consume en las grandes ciudades. Siempre he defendido que al menos deberíamos eliminar los gastos de trasporte de esta energía en las proximidades de las plantas que la generan y que, quienes eliminan CO2 con masas forestales, deberían ser compensados aplicando un principio de que quien contamina paga y quien descontamina cobre.

Sólo son un puñado de ideas fruto de muchas horas de comparecencias en la Comisión de Demografía del Senado y de muchas visitas a esta España cada vez más despoblada y desconocida. Pero lo esencial es un cambio de mentalidad. Tenemos que valorar y reconocer y apoyar a quien se queda en el pueblo y es capaz de generar allí oportunidades. El conjunto de los españoles debemos entender que repoblar nuestro mundo rural es fundamental para el futuro de España. El desafío que tenemos por delante es pasar de la España que se vacía a la España de las oportunidades.