Una tragedia en la que no cabían fallos

SPC
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El protocolo forense para la identificación de las víctimas del 11-M supuso un trabajo «extraordinario» que dejó huella en el mundo

Una tragedia en la que no cabían fallos - Foto: Paolo Aguilar

La mañana del 11 de marzo de 2004, hace hoy 15 años, era la jefa de los forenses de Madrid y, al ver la magnitud de la tragedia, lo tuvo claro: lo fundamental era no cometer errores en la identificación. Y lo consiguió, creando un protocolo sobre la marcha que resultó «extraordinario» internacionalmente. Carmen Baladía lideraba el Anatómico madrileño el 11-M y sobre las ocho de la mañana supo por la radio que había varios muertos en diferentes explosiones de trenes en la capital.
Comenzó a recibir llamadas y tomó la primera decisión de las muchas que afrontó durante las 40 horas que estuvo trabajando sin parar: irse corriendo al Anatómico, en lugar de al juicio que tenía marcado, para dirigir las autopsias.
Gran parte de su equipo -ese día lideró a más de 60 forenses- se presentó allí de motu proprio mientras subía el número de fallecidos, y ahí participó en otra iniciativa relevante: con las necesidades que expusieron ella y el entonces jefe de Policía Científica, Carlos Corrales, las autoridades optaron por llevar los cadáveres al Ifema.
«Así empezó todo», recordó ayer, a punto de conmemorarse el aniversario de la tragedia: «Lo que más me preocupaba es que no hubiera errores en la identificación, que fuese indubitada al cien por cien, y que las familias recibieran los cuerpos de sus seres queridos con la mayor integridad posible».
A las 21,00 horas del mismo día 11, Baladía y su equipo empezaron a entregar cadáveres a varias familias, y el 12 de marzo tenían identificados 156 cuerpos de los 192 totales. El resto se reconoció por ADN debido a su estado y su trabajo acabó una semana después.
«Se hizo en tiempo y forma extraordinarios. Somos la envidia del resto del mundo en la gestión de este tipo de tragedias», explicó la responsable entonces del operativo forense, que reconoció que la labor de entonces valió para afrontar mejor desgracias posteriores como la de Spanair, en la que los cadáveres fueron directamente al Ifema y se organizaron de forma similar.