Una despedida llena de ilusiones

M. Lumbreras
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El Festival Ávila Mágica cierra su última edición con una gala que abarrotó el auditorio de San Francisco, con un público entregado y deseoso de que la magia y las ilusiones vuelvan un año más a la capital abulense en forma de festival

Una despedida llena de ilusiones - Foto: Belén González

Las despedidas siempre son tristes. Por eso mismo, es de recibo que aquel que se marcha, el causante del adiós, haga algo grande para que el recuerdo permanezca en la memoria. Precisamente, el encargado de despedir el Festival  Ávila Mágica, con la Gala de cierre, fue el mago argentino Christian Miró, que presentaba ante los abulenses el espectáculo ‘Mafaldo’.
Debido a las condiciones climatológicas, la Gala, planeada en un principio para ser realizada en el Episcopio, tuvo que ser trasladada al auditorio de SanFrancisco, lo que motivó un retraso en su inicio para dar tiempo a la gente desubicada a encontrar el espectáculo.
Poco antes de las 13:30, Miró hizo aparición en la tablas de SanFrancisco, con un truco simple pero efectivo: el mago mostró al público un pañuelo amarillo, le dio mil vueltas para que los espectadores comprobaran que estaba vacío y, tras hacer unas cuantas virguerías con él, sacó de su interior una moneda. Tras meterla de nuevo en el trapo, de él salió un vaso de zumo, que Miró se bebió como si nada. ¿Magia o ilusión? Puede que un poco de ambas.
Sin embargo, es destacable el carisma que el mago aportó a su actuación. Desde el primer momento, Miró se metió al público en el bolsillo con sus trucos, sus chascarrillos y su labia trabajada. Y es que era un aspecto fundamental del show el tener contento al público, pues, desde el primer momento, el mago pidió la colaboración de los asistentes, sacando a adultos y niños al escenario constantemente a lo largo de su actuación.
Para el primero de los trucos con colaboración, el mago solicitó la ayuda de dos niños de los que estuvieran entre las butacas del auditorio. No tardó en encontrar la pareja que estaba buscando. Tras un breve diálogo con el público y los niños, Miró llegó a la conclusión de que solo se puede hacer magia si se cuenta con una varita mágica. Entonces, sacó una pelota, se la dio a uno de los niños, y sacó una varita, que, por arte de magia, se convirtió en varias que le dio al otro de los niños colaboradores. Con la varita y la pelota, Miró anunció al público que iba a hacer desaparecer la pelota. Sin embargo, lo que hizo fue duplicarla. Tras asegurarse de que las varitas estaban bien, volvió a la carga: en esta ocasión, en lugar de hacer desaparecer las dos pelotas, sacó cuatro.
Miró llevó a cabo una actuación en la que el público pudo disfrutar de varios tipos de trucos: con cartas, con globos, con cuerdas... Quizá destaque su explicación de cómo hacer un truco de cartas. Tras mostrar una carta con cuatro caras –una ilusión óptica que, aprovechándose de los conocimientos tácitos del cerebro, lo engañaba tapando símbolos–, el mago alucinó a todo el auditorio cambiándola ante los ojos de todos los asistentes por otras diferentes. Una despedida mágica.